Dos generaciones de ingenieros agrónomos (y agricultores) la preceden. Desde la adolescencia, Mercedes Iborra trabaja en la empresa familiar –dedicada a la producción y exportación de cítricos y otras frutas desde Valencia- lo que marca su futura formación (ingeniería agrónoma en la UPV) y su trayectoria profesional.

“Me crié entre cooperativas, cultivos, productores…”, recuerda Iborra, que tras formar parte de distintas empresas del sector como técnico funda junto a su hermana Lucía una primera compañía, Norma Agrícola (aún vigente), experta en certificación alimentaria y gracias a la cual conocieron de cerca la realidad de miles de empresas agroalimentarias de todo el país en su funcionamiento cotidiano así como en lo que afectaba a la seguridad o a la calidad del producto.

“En 2013 percibimos que en toda la locura tecnológica que empezaba a extenderse había una oportunidad en base a nuestro know how. Este es un sector en el que se busca el céntimo en la rentabilidad y la conversión inteligente de datos ‘crudos’ podía contribuir a mejorar la eficiencia y los rendimientos de las explotaciones”. Nacía asi visualNAcert, con una primera prueba de concepto basada en las ventajas de la geolocalización de los terrenos agrícolas y con la confianza de un primer ramillete de clientes. Lo positivo fue que esta aplicación tecnológica inicial ya mostraba a las claras que la propuesta de Iborra y su equipo suponía ventajas tangibles desde el minuto uno, e incitaba al uso adecuado y sostenible de los recursos naturales de la explotación en cuestión, especialmente del agua.

Con la confianza de saber que lo que tenían entre manos era susceptible de crecer a lo grande y convertirse en escalable, acuden a Wayra, y la aceleradora de Telefónica OpenFuture_ lo vio tan claro que visualNACert se convirtió en la primera compañía de las hoy denominadas agrotech a la que prestaron su apoyo. Era 2014, y en 2015 un family office del sector agroalimentario invierte un millón de euros en la empresa. Un hito importante “ya que supimos aprovechar bien la inyección, emplear el dinero de manera eficiente y crecer”, recuerda Iborra.

A día de hoy, el 12% (2,5 millones de hectáreas) de la superficie cultivada española está registrada en visualNACert y la fidelidad de sus clientes es altísima. En este periodo que ha transcurrido hasta la consolidación de la compañía, Iborra admite que han crecido en paralelo a la mayor concienciación de parte de los agricultores en torno a la necesidad de digitalizarse y avanzar en nuevos caminos para asegurar su supervivencia. “Hace 4-5 años íbamos por España evangelizando, y hoy nuestra labor es más informativa. Siempre hay cooperativas que llevan la delantera en materia tecnológica, que son más permeables a entrar en nuevas propuestas. Son ellos los que nos han servido para mostrar casos de éxito”.

Otra variable que ha jugado a su favor tienen que ver con que el campo se hereda, y las nuevas generaciones de agricultores ya no ven este traspaso de responsabilidades como un lastre que enturbia un futuro profesional más atractivo, sino como una fuente próspera a la que dedicarse. “Es una satisfacción ver cómo el campo vive una nueva etapa gracias al interés de los más jóvenes en aplicar la tecnología a la agricultura; ellos entienden rápido cómo funciona todo y que tienen un gran reto por delante”, apunta Iborra. El propio auge de startups agrotech es una muestra de cómo lo primario se ha quitado de encima demonizaciones que lo ligaban a una manera rudimentaria por necesidad de entender y vivir la vida.

¿Cómo funciona?

Si nos ponemos del lado del agricultor que quiere incorporar innovación a sus terrenos, una primera toma de contacto con visualNACert servirá para que la compañía tecnológica pueda elaborar una propuesta a medida en base a necesidades concretas. “Recomendamos empezar poco a poco”, señala Iborra en alusión a una primera fase en la que explican al agricultor cómo funciona la aplicación móvil de visualNACert o porqué el mero hecho de geolocalizar sus terrenos puede reportarle una gran cantidad de información útil. “Un simple botón dentro de nuestra app muestra imágenes por satélite de la explotación y envía datos actualizados sobre la evolución de la plantación; si hay alguna zona desmejorada, plagas, fertilización mal aplicada, información de ‘estrés’ hídrico… Cada quince días esta información es renovada, lo que contribuye a la construcción de un histórico”.

La compañía ofrece también asesoramiento sanitario para utilizar sólo productos y fertilizantes autorizados de una base de datos oficial que la aplicación resetea constantemente. “Esto redunda en la seguridad alimentaria de los productos cultivados”, añade Iborra antes de mencionar cómo la maquinaria agrícola también juega su papel en la ecuación que propone visualNACert. Recientemente cerraron un acuerdo con John Deere para el desarrollo de Visual Green que posibilita que el agricultor y maquina estén conectados y que ésta remita información sobre cómo, cuándo y dónde ha trabajado, qué productos ha empleado, etc.

Si además el agricultor es proactivo e incorpora datos adicionales a la plataforma, el control sobre la explotación es total y es posible calcular el coste de cada operación. “En resumen fomentamos una mejor gestión de los cultivos y facilitamos la transparencia en la trazabilidad de los productos de cara a un cliente. Siempre digo que, al menos, conviene utilizar la tecnología disponible. Y si en un segundo paso quieres actuar, hazlo, sin olvidar que lo más importante son las personas” dice Iborra.

Planes

El siguiente paso es aprovechar tecnologías como el IoT. Tras dos años de trabajo han lanzado un sensor “económico y de muy sencilla instalación” capaz de medir la humedad y la temperatura del terreno y del ambiente para saber con más precisión si se está regando de manera eficiente y optimizar recursos. Una vez instalados, los Visual Sensor se geolocalizan y al cabo de una hora la app empieza a recibir los primeros datos.

Profundizar en la IA es otro de los retos que tenemos por delante, también mejorar en Big Data. Aunque tenemos varios algoritmos desarrollados para extraer más valor de los datos, es ahora cuando hemos acumulado la cantidad de información suficiente como para ir aún más lejos. También queremos entrar en el mundo del Blockchain”, explica Mercedes Iborra.

Lucía (izquierda) y Mercedes Iborra.

Aunque el 80% de su mercado es español, su presencia en América Latina tiende a incrementarse. Esta expansión requiere de un esfuerzo adicional importante. “Mi hermana Lucía ha vivido en Chile desde donde ha viajado a otros países como Perú y Argentina para conocer de cerca las particularidades de cada lugar. Con productores receptivos que luego se han convertido en clientes hemos podido desarrollar las primeras pruebas de concepto. El contacto directo con ellos es fundamental. Gracias al interés de Telefónica en el desarrollo de estas tecnologías en la región vamos a seguir creciendo allí, primero volcados sobre todo en Argentina”.

En cuanto a la necesaria relación con las distintas administraciones, Iborra está satisfecha con al agenda del Ministerio de Agricultura para acometer la digitalización del campo, con las consiguientes ayudas y subvenciones en una corriente positiva para los intereses de visualNAcert y otras empresas afines. “Han apostado y van a apostar muy fuerte por ello”, concluye Iborra.

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