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El investigador del CiQUS y docente de la USC José Martinez Costas. (Imagen: CiQUS)

Mientras España se confinaba, los considerados como trabajadores esenciales peleaban para curar a los enfermos, llenarnos la nevera o preservar la seguridad. Otros han ejercido esa labor primordial desde el laboratorio, en la búsqueda de nuevas soluciones encaminadas a derrotar al SARS-CoV-2 con la vacuna como objetivo global. Es el caso del grupo de virología molecular que dirige el doctor José Martínez-Costas en el Centro Singular de Investigación en Química Biológica y Materiales Moleculares (CiQUS) de la Universidad de Santiago de Compostela (USC).

“En la universidad nos han dado total flexibilidad para trabajar durante estas semanas. Hemos tenido el privilegio de poder pasar en el laboratorio todo el tiempo que hemos necesitado, que es mucho”, explica Martínez-Costas, profesor de Bioquímica y Biología en la USC. Las razones para haber gozado de estos ‘privilegios’ están más que justificadas. Martínez-Costas, en colaboración con el grupo de Javier Ortego (CISA-INIA), avanza con paso firme en el desarrollo de una vacuna contra el COVID-19.

El grupo del CiQUS detrás del desarrollo de la vacuna. (Imagen: CiQUS).

Hace solo unos días recibieron una buena noticia. La Comisión Europea ha concedido al proyecto financiación específica para la realización de pruebas preclínicas muy completas en animales de experimentación que permitirán, si los resultados son satisfactorios, “llegar hasta la fase clínica de ensayos en humanos”, sostiene Martínez-Costas. El CiQUS empezó este camino a comienzos de abril, con el apoyo del Instituto de Salud Carlos III. La ayuda financiera de la European Vaccine Initiative (EVI) se suma a la ya obtenida desde Banco Santander y la asociación CRUE Universidades españolas.

Tecnología válida también en vacunas

Martínez-Costas cree que esta confianza tiene que ver con que la tecnología que han desarrollado en el CiQUS, patentada por la USC, es “totalmente diferente". "Muchos de los más 100 proyectos de vacuna activos en el mundo en este momento son muy similares entre sí”. Su origen está en la investigación básica, en una metodología seguida por el grupo tiempo atrás encaminada a producir microesferas macizas cargadas con las proteínas que interesen en cada caso.

“El avance es válido para muchas cosas, entre ellas las vacunas. La producción de microesferas es muy económica. No necesitamos ni reactivos ni aparataje especiales”, detalla Martínez-Costas. “En nuestra propuesta, las propias microesferas tienen capacidad adyuvante intrínseca -y por tanto están libre de químicos- para estimular al sistema inmune. Lo hacen incluso en personas mayores, donde el andamiaje inmunológico está más debilitado. Sería una vacuna totalmente inocua, sin genoma ni virus atenuado; solo proteína inyectada o inhalada”.

Eficacia probada

El investigador señala que esta solución ya ha funcionado con otros virus en animales, como el Legua Azul o la Peste Equina Africana. Martínez-Costas opina que es probable que, “por fortuna”, sean varias las vacunas contra el COVID-19 que lleguen a la meta simultáneamente (destacan los progresos de la Universidad de Oxford y la empresa Moderna). Con el futuro de su propuesta es optimista. “Hemos progresado lo suficiente como para tratar de demostrar que nuestra candidata puede funcionar y que merece la pena llevarla a la fase clínica con humanos”.

En la iniciativa participa el grupo de Javier Ortego en el CISA-INIA.

Antes de esa etapa final, el ensayo en animales se llevará a cabo en el Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA) de Valdeolmos (INIA, Madrid) y HZI (Alemania). “Mientras se desarrollen estos ensayos iremos haciendo pruebas alternativas en los laboratorios del CISA-INIA y preparando otras posibles versiones del preparado vacunal”, afirma Martínez-Costas.

Con la nueva normalidad recién estrenada, el investigador llama a la población a seguir extremando todas las precauciones ahora que tenemos que convivir cara a cara con el virus. “Hay que tener mucho cuidado, ya empezamos a asistir a rebrotes que, aunque pequeños, son importantes. Ahora estamos mejor preparados, pero sorprende caminar por la calle y comprobar cómo para mucha gente aquí no ha pasado nada”, concluye

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