“Con 11 años, camino a casa en el coche, nos detuvimos ante un semáforo que se encontraba justo delante de la sede de uno de los bancos más importantes de España. Le dije a mi madre, “algún día trabajaré ahí”, y así fue años después”. Sin embargo, el éxito acabó por volverse amargo y por empujar a Marian Alonso por otras rutas. 12 años en dirección y liderazgo de equipos en banca, marketing y entornos digitales “con el estrés y el agotamiento como fieles compañeros de viaje” llevaron a esta madrileña de nacimiento y barcelonesa de adopción (vive en la ciudad condal desde los 9 años) a desterrar a la superwoman que no se sentía identificada con los referentes de liderazgo que la rodeaban.

“Llego un momento en que me convertí en una máquina de cumplir objetivos. Ser mujer y profesional era un reto diario. Amplié horizontes e hice una profunda introspección a través de la que logré un estilo propio de liderazgo”, explica Alonso que, certificada como Coach Wingwave, se ha convertido en una experta de referencia en liderazgo femenino en entornos profesionales de alta competitividad con un método que se aleja de lo inflexible del modelo clásico (más info en soymarianalonso.com).

Pronto plasmará parte de su ideario en un libro, colabora como formadora en instituciones como Barcelona Activa, donde enseña a negociar en contextos difíciles, y forma parte del comité ejecutivo del Círculo de Mujeres de Negocios. Su metodología se diferencia de otras opciones porque es “eminentemente práctica desde el principio”. Alonso crea un mapa de acción con un recorrido que lleva a sus clientes a trabajar tres grandes áreas: talento, habilidades y ejecución. A partir de ahí, desarrolla un plan formativo dividido en 12 módulos, que se centran en explotar esas características únicas. “Se trata además de mejorar su capacitación en management directivo, siempre desde una óptica femenina”.

Todo en un contexto en el que hay mucho que trillar. En 2018, el porcentaje de mujeres CEO en la lista Fortune 500 no llegaba al 6%. En España solo hay tres mujeres con esa responsabilidad entre las empresas del Ibex-35. Bajo la máxima “el movimiento se demuestra andando”, Marian Alonso no cree que se trate de legislar para imponer por la fuerza una mayor representación femenina en los consejos de dirección. “Emergería el agravio comparativo; las mujeres nos tendríamos que enfrentar a la duda permanente sobre nuestra verdadera valía al ocupar determinados puestos”.

Con unos dirigentes sobre los que sospecha que “nunca han estado en las trincheras”, donde cada paso en falso “te puede llevar a retroceder tres”, cree que la principal medida está en el primer eslabón, el educativo. “Más allá de los buenos resultados académicos, tenemos que formar a verdaderos líderes, sensibles a los cambios sociales y capaces de trasladar tanto al ámbito institucional, como al empresarial, una representación igualitaria entre hombres y mujeres”, apunta Alonso.

Pese a todo, admite que el feminismo en los puestos de alta dirección está ganando terreno. Para entender el calado y la confluencia actual de distintos movimientos, Alonso echa la vista atrás, a como el capitalismo de consumo aterrizado a principios de los 60 en España, trajo de la mano una importante transformación social en el que la mujer comenzó a salir del ‘encierro doméstico’. Una transición que no se llevó a cabo de forma plena, con vicios aún vigentes. “El cambio de mentalidad no se tradujo de manera simultánea al sistema laboral y no favoreció a la mujer en la medida en que habría sido esperable. La mujer llega al mercado laboral remunerado pero el hombre no asume de manera equivalente parte de su tradicional rol como madre y esposa, algo que sigue ocurriendo hoy”. Para encarar esta multiplicación de funciones, Alonso apunta que la mujer cuanta con capacidades innatas para enfrentarse a las adversidades de cualquier contexto “con decisión, coraje y creatividad; lo que nos confiere una serie de ventajas que, en un entorno saturado e incierto, representa un gran activo empresarial”.

La experta advierte también de los peligros de ciertos mensajes, más ligados a estrategias de marketing que a un afán verdadero por pelear en llevar a buen puerto el cambio. “A veces percibo que el empoderamiento femenino ha quedado relegado a un uso meramente comercial”, dice Alonso, que ve con escepticismo cómo algunas empresas crean programas de apoyo a las mujeres para después, a nivel interno, poner trabas para el ascenso de sus empleadas. “Si pretendemos seguir avanzando, debemos recuperar el espíritu real de la Conferencia Mundial de las Mujeres del 95 (celebrada en Pekín, y artífice del término empoderamiento femenino) y en eso es en lo que debería centrarse cualquier movimiento que realmente pretenda hacer algo más allá de una simple moda. Ahora, lo femenino vende, porque hemos alzado la voz, y esa voz está siendo muy poderosa, pero no podemos esperar que el oportunismo de unos cuantos nos dé el lugar que realmente nos hemos ganado con creces”.

Por su experiencia, destaca que las emprendedoras españolas son excelentes relaciones públicas, creativas, innovadoras, prudentes ante el riesgo, autárquicas o ‘multitasking’. Entre los ‘debe’, Alonso detecta que les cuesta “ponerse la gorra de líderes y abandonar la idea del auto-empleo hacia una visión más business”. En lo que afecta de forma más específica a las directivas, considera que la mujer tiene dos ventajas principales: su capacidad de ser más integradora con los equipos y más empática frente a determinadas situaciones, que sus homólogos masculinos. En el lado opuesto, cree que tienen que mejorar en la adquisición de nuevas herramientas para impulsar su talento, en aumentar su relevancia e impacto, en dejar de pensar que su talón de Aquiles es la confianza en sí mismas o en posicionarse como referentes en su especialidad.

“La clave para conseguir todo esto, será la de invertir en su formación para seguir adquiriendo las habilidades necesarias que logren posicionarlas allí dónde realmente quieran estar, superando los infranqueables techos de cristal con los que se encuentran cuando llegan a determinados puestos y dejando de pedir permiso para ello”, concluye la experta.

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