“Pues la célula es la unidad de vida, es de lo que estamos compuestos todos los seres vivos”. Ana Losada, jefa del Grupo de Dinámica Cromosómica del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), intenta responder así a su hija Paula, que luce un libro abierto en la cabeza a modo de sombrero. Y baila, como si jugara. Porque la ciencia también es juego.

Este diálogo madre-hija se puede ver en el vídeo realizado para la segunda edición del proyecto de divulgación y educación científica CNIO & The City. Participan también Maria A. Blasco, directora del Centro y jefa del Grupo de Telómeros y Telomerasa; Óscar Fernández Capetillo, vicedirector y jefe del Grupo de Inestabilidad Genómica; Diego Megías, jefe de la Unidad de Microscopía Confocal; Carmen Blanco, jefa de la Sección de Biología; y Luis Paz-Ares, jefe de la Unidad de Investigación Clínica de Cáncer de Pulmón H12O-CNIO.

Ellos responden a las preguntas de sus hijos Ariel, Emma, Paula, Bruno, Luna y Luis sobre qué es ser un investigador y por qué eligieron este camino, mientras los pequeños practican algunas de sus propias pasiones, como la música, el fútbol o la gimnasia. Fernández Capetillo, por ejemplo, lo compara con ser un explorador: “Investigar es ir a un sitio en el que nadie ha estado antes”.

El vídeo, que reúne así en un territorio común las pasiones de los niños con las de sus padres, ha sido realizado por Amparo Garrido, artista visual y coordinadora de Imagen Institucional y Actividades de Ciencia y Cultura del Centro.

Dirigido a futuros investigadores

“CNIO & The City forma parte de uno de nuestros pilares estratégicos, que es acercar el centro a la sociedad, en el que también se encuentran proyectos como Amigos del CNIO o CNIO Arte”, afirma Maria A. Blasco. “Este pilar es indispensable para consolidar el aprecio de la sociedad por la ciencia y abrir las puertas a la próxima generación de investigadores. Esperamos que la labor de CNIO & The City pueda seguir creciendo en próximas ediciones con el apoyo de la FECYT”.

En esta segunda edición, los dos pilares del proyecto, EDUCACNIO –dirigido a los estudiantes para fomentar la creatividad y las vocaciones científicas– y FORMACNIO –dirigido a proporcionar nuevas herramientas educativas a los docentes–, suman 112 estudiantes de secundaria y bachillerato, el 80 % de ellos mujeres, y 72 profesores, el 75 % de ellos mujeres. En total, han participado en el proyecto más de 1.200 estudiantes y profesores desde su creación.

“Existía una demanda para que la ciencia del centro estuviera en las aulas; que niñas y niños nos vieran desde su pupitre para crear conocimiento juntos”, declara Carolina Pola, responsable del proyecto. “Esta salida del laboratorio, de nuestra zona de confort, nos ha permitido llegar a un público mayor, entender sus necesidades, aprender de la sociedad lo que necesita nuestra comunidad educativa y ayudar a centros de enseñanza desfavorecidos que no podían venir a vernos”.

Además de estancias formativas en el Centro, charlas educativas en colegios y píldoras audiovisuales de divulgación científica, el proyecto ha llevado talleres científicos a las aulas por primera vez, muchos de ellos destinados a estudiantes de primaria, para empezar a impactar a las generaciones más jóvenes (entre los 6 y los 12 años) en sus vocaciones STEM.

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