Las próximas crisis económicas serán más profundas según el IESE

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La economía española sigue creciendo a buen ritmo y, de hecho, podría hacerlo un 3,2% en 2018, sin embargo, y aunque no se atisbe una caída a corto plazo, las crisis futuras podrían ser peores que la vivida recientemente debido al efecto contagio propio de la globalización y las tecnologías. Así lo ha asegurado el IESE durante la presentación del informe ‘Evolución del tejido empresarial español de 2006 a 2014’, en el que destaca el aumento de la productividad de los empleados españoles en los últimos años.

El profesor del IESE Miguel Ángel Ariño, autor de este estudio, ha señalado que las posibilidades de sufrir una crisis económica en el plazo inmediato, a seis meses vista, es “pequeña”. Pero advierte de que en los próximos 10 años el riesgo es “muy grande” y de que “las crisis económicas futuras serán mucho más profundas” debido a que, en una economía globalizada como la actual, los efectos negativos se trasladan mucho más rápidamente de un país a otro. De esta forma, ha explicado, en la siguiente crisis, podrían caer tanto Occidente como Asia, que sí se salvó en la caída de 2008. Al factor de la globalización, se une el de las nuevas tecnologías, que “interconectan todo mucho más” y juntos “convierten al mundo en un polvorín”.

En cuanto a cifras y previsiones, el profesor del IESE ha adelantado que, a falta de concretarse el último trimestre del año, el crecimiento de la economía española en 2017 será del 3,2%, cifra idéntica a la que ofrece para 2018. Unos datos que no hacen llevan a pensar en futuras crisis. Sin embargo, según Ariño, la mejor herramienta de las empresas contra las turbulencias económicas futuras es la contención, “saber frenarse en el momento adecuado” para no crecer desmesuradamente. “Las señales se ven con mucha anterioridad” ha indicado, pero hay que querer identificarlas.

En opinión de Ariño, “las empresas bien dirigidas son aquellas que cuando la economía va bien, van bien y que cuando la economía va mal, también van bien”. Por eso ha abogado por un crecimiento sostenible y, en este contexto, ha valorado la innovación como un elemento necesario “para estar al día con respecto a los competidores”, si bien ha matizado que “eso no te salva de caer” si la gestión no es buena.

Mayor productividad de los empleados

Por otro lado, el informe que analiza la evolución del tejido empresarial español entre los años 2006 y 2014 ha destacado cómo la productividad media de cada empleado subió un 14%, debido a que la destrucción del 21% de los puestos de trabajo fue mucho mayor que lo que las empresas dejaron de facturar (10%). Por sectores, Miguel Ángel Ariño ha resaltado que “el gran perdedor” ha sido la construcción, que se dejó por el camino un 42% de empresas, el 64% de sus empleados y el 65% de su facturación. En el lado contrario, “el gran ganador ha sido la agricultura pero con muy poco peso en la economía española”, con una facturación total que, a pesar de crecer en casi medio punto, sólo alcanzaba el 1,4% del total en 2014.

El ámbito laboral ha sido decisivo en la evolución del tejido empresarial español a lo largo de estos años. Si bien, el gran batacazo se lo ha dado el sector de la construcción, las cifras globales no son mucho mejores: la destrucción de empleo fue del 21%, lo que supone una pérdida neta de cerca de 1.900.000 puestos de trabajo.

Y por comunidades autónomas, Cataluña y Madrid son las que salen mejor paradas, si bien la primera ha sufrido más los efectos de la crisis. Así, a pesar de que Cataluña sigue teniendo un mayor número de empresas, también ha visto cómo eran más (20.637) las que echaban el cierre y también era mayor el número de empleos perdidos. Lo mismo sucede con la facturación, que sigue siendo más alta en Cataluña, aunque con una tendencia a la baja que, en el caso de la Comunidad de Madrid, es creciente.

Para elaborar este estudio, el IESE ha utilizado la base de datos SABI (Sistema de Análisis de Balances Ibéricos) que elabora Informa D&B y en la que no se contempla el sector financiero ni el asegurador. Tampoco incluye los datos del sector público, del trabajo de los autónomos ni del conjunto de micropymes, que en España suponen cerca de medio millón, con un promedio de dos empleados.

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