El peso relativo de la mujer ha aumentado considerablemente en todas las ocupaciones de la rama sanitaria durante las últimas dos décadas, en especial en carreras superiores como Medicina y Odontología y Veterinaria. Paralelamente, los hombres se repliegan en las carreras de titulación larga, como Medicina, Veterinaria y Farmacia.

De ahí que en “la feminización [de la Medicina] no se debe solo a la incorporación de más mujeres sino también al abandono de los hombres”, según el libro “La feminización de las profesiones sanitarias” (BBVA).

“La doble pregunta que se plantea en este sentido es cuál es la causa de la preferencia de las mujeres por estos estudios y por qué tienen éxito al acceder a los mismos, pese a los elevados requisitos académicos exigidos en la mayoría de ellos”, se plantean los autores la feminización de las profesiones sanitarias.

Una pregunta, la de esta publicación del BBVA, que en su segunda parte refleja descarada y descarnadamente que el sesgo respecto a las capacidades de las mujeres para ejercer determinadas profesiones “de hombres” sigue vigente: “Por qué tienen éxito [las mujeres] al acceder a estos estudios, pese a los elevados requisitos académicos en la mayoría de ellos”.

Una prueba de la necesidad de campañas para hacer cambiar esa idea que persiste en la sociedad, como sorprendentemente refleja esta publicación, y que luego arraiga firmemente en las niñas desde etapas muy tempranas.

Para Marta Macho Stadler, matemática, divulgadora científica y editora del blog “Mujeres con Ciencia“, de la Universidad del País Vasco”, la respuesta es muy clara: “Acceden más mujeres porque tienen mejores notas que sus compañeros. Es así de fácil. ¿Por qué? Seguramente porque trabajan más. En nuestra sociedad se valora muy poco el esfuerzo. No sé por qué buscan otra explicación. También es cierto que las disciplinas biomédicas interesan más a las mujeres, quizás por educación, porque están más relacionadas con los cuidados”.

Volviendo a los datos, el 65% las matrículas en Medicina en el curso 2014/2015 fueron aplicadas por mujeres. Aunque este porcentaje ha caído cuatro puntos en seis años, las mujeres siguen siendo mayoría, pero la distribución de los puestos que ocupan no sigue la misma tendencia. Y tal vez esa desafortunada pregunta da una pista de por qué.

Según el documento “Oferta y demanda de especialistas 2008-2025”, del Ministerio de Sanidad (2009), sólo el 45% de los especialistas del Sistema Sanitario son mujeres. Por grupos de especialidades las cifras son aún más desalentadoras. Las mujeres solo están en mayoría en la especialidad de diagnóstico y laboratorio, con un exiguo 2% (52,5%), mientras que sólo el 27% de los cirujanos son mujeres. Y en el resto de las especialidades médicas, las mujeres ni siquiera están en paridad con los hombres, y se quedan en el 48%. En especialidades como urología, la representación femenina es testimonial (7%).

Las listas de la última prueba MIR reflejan una ligera mejoría, respecto a los datos anteriores. En 2017, 51,6 % de las plazas han sido ocupadas por mujeres.

El efecto llamada de las series de televisión sobre médicos, con trato de igualdad entre sexos, que reflejan a personajes con una vidas atractivas para imitar, tiene un peso importante en este incremento.

Y qué consecuencias tiene esa progresiva feminización de la medicina, al menos en su base. Pues según el libro del BBVA citado anteriormente, “los relacionados con la estructura organizativa de las profesiones y los asociados a la forma de ejercer y entender el oficio”.

Y apunta cambios de tipo organizativo, dada la necesaria conciliación de la vida familiar y, en particular, de la maternidad, con la laboral, la feminización de las profesiones sanitarias “traerá consigo cambios tendentes a reducir la jornada laboral media. De hecho, el número medio de horas trabajadas por los profesionales sanitarios se ha reducido en los últimos diez años, coincidiendo con el avance la feminización, aunque para concluir la existencia de una relación de causalidad entre estos dos fenómenos, es preciso controlar también el efecto de otros factores”.

También traerá cambios en la forma de ejercer y entender la profesión. “Algunos expertos han señalado que la mujer tiende en mayor medida hacia una sanidad enfocada a la prevención y los cuidados, mientras que el perfil masculino se identifica más con la medicina centrada en la curación”.

Sin embargo, esos cambios llegarán con retraso a los puestos de responsabilidad en nuestra sanidad, porque a pesar de la presencia mayoritaria en el sector, la mujer está ocupada en profesiones de menor categoría.

Los motivos: pese a que los médicos de ambos sexos niegan que haya discriminación, sí hay falsos prejuicios circulando tanto dentro como fuera del sistema médico. Lo detalla un estudio publicado en “Cuadernos de Relaciones Laborales” que lleva por título “Mujeres en sanidad: entre la igualdad y la desigualdad

“Uno de los factores que explica las diferencias de género en el acceso a los puestos de responsabilidad es el rol que se le adjudica a la mujer dentro de la familia. Se repite bastante la hipótesis de la incompatibilidad entre la vida familiar y el éxito profesional. La exigencia en horas y compromiso que tienen las jefaturas de servicio, las direcciones médicas y otro tipo de cargos jerárquicos sería irreconciliable con las tareas relacionadas con el hogar y la familia. Una encuesta realizada a pacientes pone en evidencia que existe una percepción generalizada acerca del rol social que debe ocupar la mujer y su vida laboral. Una media del 70,5% de los entrevistados piensa que es más difícil para las mujeres ser médicas y atender las tareas domésticas. Este porcentaje aumenta entre aquellos que tienen más de 45 años (77,20%)”.

Además,  añade, se sigue asociando la excelencia profesional a los hombres y a las mujeres mayor capacidad para escuchar, empatía y humanidad.

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