A las jóvenes españolas la informática les atrae poco. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística, de junio de este año, las mujeres son mayoría en los estudios universitarios. Representan el 53% frente al 47% de los hombres. Sin embargo, sólo el 0,6 por ciento de esas mujeres que van a la Universidad elige como carrera la informática. Es decir, que hay que reunir a 200 universitarias para encontrar una que estudie informática.

El motivo lo refleja la Cátedra Unesco Mujer, Ciencia y Tecnología. Las mujeres confían menos que los varones en sus capacidades para las carreras técnicas en general, y para la informática en particular. Una falsa creencia que, desafortunadamente, es universal, pese a que los números reflejan otra cosa.

Basta recurrir a los resultados de los exámenes de acceso a la Universidad de este curso. Lo han contado casi todos los medios de comunicación: las chicas han logrado la mejor nota en la selectividad en 14 de las 17 comunidades autónomas españolas. Además, tienen mejor expediente académico que los chicos.

Pese a la evidencia objetiva de los números en contra, esa falsa creencia sobre una menor capacidad se sigue manteniendo entre las mujeres. Sin embargo, mujeres y hombres utilizan las tecnologías de la información en la misma proporción. Y lo hacen con igual destreza desde la infancia, hasta el punto de que se habla de las últimas generaciones como nativos digitales.

Entre los motivos del escaso interés de las mujeres por la informática, a diferencia de lo que ocurre con otras profesiones como la medicina, altamente feminizada, destacan la falta de referentes y la visión sesgada que de los profesionales de la informática se ofrece en las series de televisión.

Series como “Urgencias”, “House”, “Anatomía de Grey” o, aquí en España, Hospital Central, ayudaron a disparar las matriculaciones en medicina. Con más o menos licencias y más o menos ajustadas a la realidad, todas coincidían en “vender” una visión glamurosa de sus protagonistas, hombres y mujeres por igual.

Algo que no ocurre con las series sobre científicos, como la famosa Big Bang Theory, donde los protagonistas, estudiantes de carreras científicas, son predominantemente masculinos y bastante “frikis”. Con esa imagen, ¿quién va a querer imitarlos en la vida real? 

La falta de referentes “atractivos”  para los jóvenes en general y las mujeres en particular y el desconocimiento del papel notable de las mujeres en el desarrollo de la informática, tienen bastante que ver en el hecho de que esta carrera sea el farolillo rojo en la preferencia de las universitarias.

Y eso pese a que la que se ha denominado “Cuarta Revolución Industrial“ conlleva la integración de las tecnologías de la información en cualquier empleo. Y, auguran los expertos, tendrá incluso más importancia que la aparición en internet.

Según el seminario “Mujeres y Tecnologías de la Información (TIC)”, organizado por el Instituto de la Mujer, se espera que en 2020 haya 50.000 millones de dispositivos conectados a internet en todo el mundo. Para hacernos una idea, basta recordar que 2003 la cifra era de 500 millones. En 17 años se multiplica por 100.

Según estima la Unión Europea, las empresas demandan que 1 de cada 5 empleados tengan conocimientos avanzados en TIC y que el 90% tenga habilidades básicas en este ámbito. De esta forma, se espera que en 2020 sean necesarios 16 millones de trabajadores con altos conocimientos del sector TIC.

Y las mujeres serán necesarias, porque, igual que ocurre con otras disciplinas científicas, aportan una visión particular a las profesiones que desempeñan. Baste recordar que la primera programadora de la historia fue una mujer, Ada Byron, también conocida como Lady Lovelace.

Nacida en Londres, el 10 de diciembre de 1815, fue hija del famoso poeta romántico Lord Byron y de la matemática Annabella Milbanke. Sus padres se separaron cuando ella tenía un año y su madre se hizo cargo de su educación. Las matemáticas eran un asignatura obligada en su educación.

SusApuntes sobre la Máquina analítica inventada por Charles Babbage”, considerado el padre de la computación, contienen un algoritmo codificado para que una máquina lo procese, o lo que es lo mismo, el primer programa de ordenador que se conoce. Por eso se la considera la primera programadora de ordenadores.

Firmaba como LAL (lady Ada Lovelace), porque entonces no estaba bien visto que una mujer se dedicase a algo “tan poco femenino” como las matemáticas. Una creencia que, desafortunadamente, parece haber viajado en el tiempo hasta nuestros días.

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