Imagen de una de las ecoaldeas estudiadas en el trabajo de investigación de UN Colombia
Imagen de una de las ecoaldeas estudiadas en el trabajo de investigación de UN Colombia

Al contrario de los impactos que provocan la mayoría de las fincas de recreo, el modelo de las ecoaldeas favorece tanto la cantidad, como la calidad, diversidad y extensión de los corredores ecológicos.

Esta es una de las conclusiones de la investigación realizada por Mariana Pinzón como tesis de grado de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional (UN) de Colombia. Su trabajo se ha centrado en tres comunidades de los municipios de Granada, San Francisco y Silvania (Cundinamarca).

El estudio, realizado mediante entrevistas en profundidad y registros fotográficos satelitales, concluye que, tras la llegada de los ecoaldeanos en estos tres casos, se ha favorecido el tránsito de fauna silvestre, en la medida en que uno de sus objetivos incluye la restauración o conservación de corredores naturales que permitan preservar la biodiversidad de la región.

Las ecoaldeas están impulsadas por migrantes de la ciudad al campo, muchos de los cuales son profesionales motivados por el deseo de aprender las labores agrarias, y otros pocos tienen conocimientos empíricos respecto a las faenas agrícolas y pecuarias, señalan desde la universidad colombiana.

La apuesta de estos espacios radica en buscar estilos de vida más comunitarios y sostenibles por medio de prácticas como el manejo agroecológico de cultivos, aprovechamiento de materiales locales, uso eficiente de aguas, reciclaje y compostaje de residuos, liderazgo en procesos de educación ambiental y prácticas organizativas comunitarias.

En algunos casos se implementan técnicas de cultivo en los que los productos se siembran según la técnica de ‘mínima labranza’ y sin utilizar agroquímicos, además de desarrollar técnicas innovadoras para producir abono a partir de baños secos.

TRES MODELOS DE ECOALDEA

En Silvania se creó una finca agroecológica abierta a aprendices y voluntarios en la que se hace énfasis en la producción de hortalizas propias de la región. Allí se hace el tratamiento de basuras y se promueve el ecoturismo, además de trabajar de la mano con 10 familias vecinas, con quienes se han establecido vínculos de cooperación. Uno de los cultivos estrella es el del yacón. Con él se elabora un tipo de miel medicinal que ya tiene un mercado en Bogotá dentro del circuito de este tipo de productos especializados.

En Granada, una comunidad de practicantes de Bhakti Yoga, conocida como Hare Krisna, ha desarrollado una economía autosostenible exitosa, gracias a que la organización permite establecer una serie de tareas específicas en su huerta agroecológica, donde también se realizan procesos educativos.

“Ha sido tal la influencia, que muchos de los campesinos que antes se dedicaban al monocultivo y usaban productos químicos hoy se han pasado a un esquema de producción orgánico que resulta rentable y tiene menos impacto sobre el medioambiente”, destaca Mariana Pinzón.

Contar con un invernadero también les ha permitido diversificarse y suplir los requerimientos de la comunidad hasta en un 60 por ciento, junto con una importante producción de excedentes que les posibilita adquirir otros productos.

A diferencia de las dos primeras, la ecoaldea de San Francisco está conformada en especial por profesionales que decidieron asociarse para comprar una finca en la que ya había cultivos de café, plátano y cítricos, principalmente. Hoy se centran en desarrollar proyectos ecoturísticos y educativos.

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