El grupo Zero Waste Cádiz en plena acción.

Limpiar las playas de Cádiz ante la indiferencia o la atención de los bañistas. Plantar miles de árboles mientras algunos líderes políticos optan por talarlos. Ana Peralta e Irina Samy son las más jóvenes entre los nominados a los primeros premios que The Climate Reality Project celebra en España (el 7 de noviembre en Madrid). La iniciativa, creada con el fin de luchar contra el cambio climático por Al Gore, ex Vicepresidente de los Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz, anunció hace unos días el galardón a la Ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, en la categoría de Personalidad Pública. Empresa, proyecto de reducción de emisiones, ONG, medio o programa de comunicación, administración local, proyecto de investigación, startup y personalidad sub18 (donde competirán Peralta y Samy) completan las categorías de los Climate Reality Project Awards.

El pasado 21 de junio, Ana Peralta convocó a través de su perfil en Instagram a todo aquel que quisiera echar una mano y, de manera voluntaria, aliviar de basura algunas playas de Cádiz. Tres días después el primer grupo se puso manos a la obra. Así nacía el movimiento Zero Waste Cádiz, en un claro ejemplo sobre cómo las redes sociales pueden jugar a favor de estas corrientes. “Desde entonces Whtaspp, Facebook o Instagram han servido para que el grupo crezca y salimos a trabajar todos los fines de semana del verano, ahora la cosa está más tranquila”, explica Peralta nada más enterarse de la nominación a los premios.

Tras el aluvión turístico, el movimiento, que cuenta con unos 80 integrantes ‘fijos’, se encuentra en periodo de reflexión para diseñar nuevas actuaciones. “Nuestro objetivo principal es la concienciación, que la gente nos vea, porque para limpiar ya están los servicios municipales, aunque llegamos a zonas donde ellos no lo hacen”, explica Peralta, que añade que, hasta el momento, el Ayuntamiento de Cádiz no se ha pronunciado. “A nivel de administración nos gustaría que se organizaran unas jornadas para elevar la conciencia medioambiental y además proponerles actividades y campañas periódicas en las que pudieran contar con nosotros”.

Irina Samy siempre mantuvo una fuerte conexión con la naturaleza, un vínculo que se fue convirtiendo en desesperación a medida que crecía y “descubría el mal” que los humanos le estamos haciendo al planeta, “el único que tenemos”. Hoy cursa Global Studies en la UPF de Barcelona, una formación que encaja como un guante con su temprana vocación y con su compromiso como integrante de Plant-for-the-Planet, la iniciativa que impulsó en 2007 Félix Finkbeiner, un niño alemán de nueve años cuando presentó un trabajo escolar sobre el cambio climático. Finkbeiner propuso a sus compañeros de clase plantar un millón de árboles en todos los países del mundo inspirado por Wangari Maathai, una activista keniata que consiguió plantar 30 millones de árboles en África. Desde 2014 Plant-for-the-Planet trabaja en España y ya se han formado más de 2.000 niños y jóvenes en sus Academias.

Irina Samy.

“Empecé como Embajadora por la Justicia Climática” (un ‘cargo que Samy comparte con otros 70.000 integrantes de la organización en todo el mundo), lo que supone haber realizado una de las citadas Academias de formación y concienciación y formar parte de la red global de embajadores. “Me fui implicando cada vez más hasta que decidí empezar mis prácticas universitarias en la Fundación”, explica la joven que tiene entre sus tareas la de ocuparse de la relación entre los Embajadores/as y la Fundación “para que todas sus peticiones puedan ser realizadas”.

De lo aprendido en los últimos años, Irina Samy se queda con la certeza de “no estar sola en la lucha contra la Crisis Climática” y con el conocimiento sobre otras realidades, sobre todo del “Global South”, “donde las catástrofes naturales se suceden con más frecuencia que nunca debido a nuestros actos egoístas”. Le quitan el sueño la elección de Jair Bolsonaro como presidente de Brasil (y sus planes poco halagüeños para la Amazonía) o que en España no se valore en su justa medida la importancia de vivir “una vida ecológica”. En su opinión, el Estado no ayuda. “No proporciona las mismas facilidades que países como Alemania, donde vivir green tiene su recompensa económica (por ejemplo en el reciclado de vidrio y plástico), lo que sería favorable para concienciar a más gente”.

Pese a todo, y “poquito a poquito”, Samy cree que estamos avanzando. “Cada vez nos encontramos con más empresas que nos contactan porque sus equipos desean hacer voluntariados en la Fundación o quieren compensar sus emisiones de Co2 plantando árboles con nosotros, algo que creo que todas las grandes empresas deberían hacer”. Considera que la nominación a los Climate Reality Projects Awards es un reconocimiento al trabajo que hacen los jóvenes de Plant-for-the-Planet y confirma que tiene un impacto real y que avanzan. “Estoy muy ilusionada de poder asistir a la gala, sobre todo para poder conocer otros proyectos y personalidades que luchan por la misma causa que nosotros y mirar cómo podemos trabajar mutuamente para conseguir nuestro objetivo global”, concluye Irina Samy.

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