La nueva era de los modelos de innovación ágiles

Por Ángel Alba, CEO de Innolandia.es

Ángel Alba Innolandia.es

Cualquier organización puede innovar. Sólo depende de dos cosas: actitud y metodología.

La actitud está en las personas.

Por muy pesados que nos pongamos, por muchas herramientas sofisticadas que utilicemos, por mucho consultor que contratemos, el corazón de la innovación son las personas.

Y ellas no quieren, no tenemos nada que hacer.

De hecho, es el liderazgo el máximo responsable de esa actitud. Si el liderazgo no impulsa la innovación, mejor dejarlo por imposible.

No vale con un correo electrónico o un mensaje a la organización o una placa en la puerta. Necesita involucrarse, arremangarse y demostrar con el ejemplo.

Es a partir de ese ejemplo, y de determinados comportamientos que permitan el error en la organización,

Pero aunque el liderazgo esté convencido y las personas ilusionadas y con ganas necesitamos de unos procesos y herramientas que nos permitan convertir en algo tangible las ideas que las personas han ido proponiendo.

En los resultados del primer Índice de la Cultura Innovadora (ICI) desarrollado por la Asociación Española de la Calidad, quizás una de las primeras conclusiones es que, en media, las empresas cuentan con personas dispuestas a innovar, sumamente creativas. Pero fallan en los procesos.

En cómo transformar esas ideas en nuevos productos o procesos.

En este sentido, no existe un metodología única de cómo debe ser un sistema de innovación. En España existe la norma UNE 166002, desarrollada por AENOR y que en su versión 2014 ha sido ampliamente reformada.

Sin embargo, conozco empresas que, aún estando certificados por la norma, no están consiguiendo los resultados que se esperaban. No están generando una cultura innovadora ¿Por qué? Porque falta la otra variable de la ecuación: la actitud de las personas.

Construir una cultura innovadora no es nada sencillo. Y lleva su tiempo.

Sin embargo, como refleja el estudio de la AEC, necesitamos contar con un sistema de innovación.

Podemos definir un sistema de innovación como el conjunto de procesos, herramientas y recursos que una organización utiliza para gestionar la innovación.

En mi modesta opinión, contar con procesos de innovación para gestionar algo tan complejo y sobre todo, incierto como es la innovación, es casi un juego de malabaristas.

Porque la innovación es, ante todo, incertidumbre. No es como un proceso industrial u operativo, en el que podemos ir ganando en eficiencia, porque es repetitivo y conocido. La innovación es cambio, explorar nuevos caminos para obtener resultados diferentes.

Por eso los sistemas y procesos rígidos no son válidos. Una ISO no será válida, porque cada organización es diferente.

Lo que necesitan las empresas son marcos de actuación, suficientemente flexibles para adaptarse a su situación, pero que también puedan ser reaplicables en el tiempo para aumentar la probabilidad de éxito.

Los modelos de innovación son esos marcos de actuación que necesitan las empresas y que permiten tres cosas:

1) Comunicar conceptos complejos a otras personas

2) Definir la forma de hacer las cosas, para que todas las personas de la organización sepan qué hacer. Cuando generan una idea o a la hora de buscar un proveedor tecnológico.

3) Mejorar la forma de hacer las cosas, para seguir avanzando y ganando en eficiencia.

Necesitamos modelos ágiles y sostenibles.

Sin embargo, no todos los modelos funcionan. La velocidad a la que cambia el entorno se ha disparado en los últimos años. Cada vez hay más empresas innovando y sacando productos de forma más rápida. Cada vez hay una mayor presión de costes, sobre todo en el negocio B2B, entre empresas.

Pero sobre todo, Internet está propiciando la aparición de nuevos modelos de negocio estén poniendo patas arriba sectores tradicionales, como el taxi (Uber), la distribución mayorista (alibaba.com) o la agricultura (elportaldelafruta.com)

Esto está haciendo que sectores, tan potentes en innovación como el farmacéutico, se están planteando qué hacer para acelerar los tiempos de desarrollo e innovación.

Necesitamos modelos ágiles, que no caigan en burocracias, que aprendan del error y que lleven lo antes posible las ideas al mercado, el único capaz de determinar si son adecuadas o no.

Para mí, estas son las características que debe contar un sistema de innovación ágil:

  • Sencillo. Fácil de explicar de entender. Las personas que lo aplican necesitan saber qué tienen que hacer en cada momento
  • Rápido. Nada de aplicar análisis sesudos. Se trata de aplicar herramientas de emprendimiento ágil (Lean Start-up, Design Thinking…), para llegar lo antes posible al mercado
  • Experimental. Prueba y error. Definir hipótesis sobre lo que va a funcionar y lo que no, hacer pruebas con el mercado desde el minuto cero.
  • Abierto. Como dice The Economist, España tiene un problema por el tamaño de sus empresas. Y a nivel de innovación ese hándicap puede resolverse aplicando la innovación abierta, bien para captar ideas y desarrollarlas o bien para comercializar la tecnología
  • Sostenible. Tener un objetivo hacia el que innovar y una cartera de proyectos. Asignar recursos, que pueden proporcionales al tamaño de la organización, pero son imprescindibles.

Sólo con un modelo ágil, las organizaciones podrán acelerar sus resultados de innovación. Agile Innovation.

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