La Neurociencia, puente entre culturas frente a conflictos políticos

Construir un mundo mejor a través de la ciencia como puente para hermanar culturas por encima de los conflictos políticos, es el objetivo de la iniciativa “The Science Bridge” (El puente de la ciencia”), a la que ya se han unido 82 centros de investigación de 22 países de todo el mundo, entre ellos el Instituto de Neurociencias de Alicante. Una treintena de premios Nobel apoyan esta causa.

Los firmantes de esta iniciativa, entre ellos Isabel Pérez-Otaño y Carlos Belmonte, del Instituto de Neurociencias de Alicante, están convencidos de que “la ciencia puede ser un mediador potente en los tiempos actuales para facilitar la construcción de la paz y la reconciliación”. Y en concreto la Neurociencia, ya que esta disciplina es posiblemente el área más fascinante y la que supone un mayor reto para biología moderna y para la sociedad.

El cerebro nos dota de nuestras identidades individuales, gobierna todas nuestras acciones, cambia continuamente debido a las experiencias novedosas, se adapta a las nuevas condiciones ambientales y nos permite reaccionar adecuadamente y comprender nuestras acciones conscientemente, destacan en la web de esta iniciativa.

Además, la investigación del cerebro es multidisciplinaria, altamente colaborativa y requiere la participación de científicos con diferente experiencia. El empeño por entender el cerebro toca la naturaleza misma de quiénes somos como individuos y como especie. Por eso los integrantes de esta iniciativa consideran que la neurociencia es una disciplina óptima para reconectar naciones occidentales y de Medio Oriente (incluidos Pakistán, Bangladesh, Irán, Turquía, Afganistán y el norte de África).

The Science Bridge busca facilitar un compromiso fructífero y duradero entre las naciones occidentales y del Medio Oriente, en un momento en el que la tensión entre Occidente y Medio Oriente está aumentando, para que estas culturas puedan construir mejores relaciones entre ellas y trabajar juntas por un futuro pacífico, como ocurría hace siglos, cuando la colaboración científica entre personas de diversos orígenes culturales fue intensa y fructífera.

Este empeño vivió un momento culminante durante la llamada “Edad de oro” de las culturas árabes y persas, durante los siglos VII al XII, gracias a los esfuerzos llevados a cabo entonces para unir las ciencias orientales y occidentales. “Textos griegos, romanos, chinos o indios, escritos por eminentes eruditos, fueron traducidos al árabe y luego a otros idiomas como el hebreo y el latín. En una región que abarcaba desde Bagdad, en el Este, hasta Andalucía en el sur de España, este período estuvo marcado por una adopción sin precedentes del liberalismo, la libertad religiosa y la libertad de expresión”, explican en la revista Neuron los 122 científicos que apoyan la iniciativa liderada por el neurocientífico  Mazahir T. Hasan, del centro Achúcarro de Neurociencia.

La ciencia, resaltan, permite a los científicos “comunicarse en un espacio desprovisto de factores como el fundamentalismo o el nacionalismo que bloquean el libre intercambio de ideas. Además, los resultados del esfuerzo científico son siempre beneficiosos para la sociedad, como lo demuestra el enorme éxito de la ciencia y la tecnología para prolongar y mejorar las vidas de las personas en las naciones industrializadas”

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