Farmaindustria innovacion biomedica

Para sacar un nuevo medicamento se necesitan, de media, más de 10 años de trabajo, 2.400 millones de euros en inversión y grandes dosis de riesgo, ya que sólo una de cada 10.000 moléculas iniciales llega a comercializarse. Estas cifras podrían llevar a pensar que estas dificultades han lastrado el sistema de I+D en el ámbito médico, pero ha sido al contrario. En las últimas décadas, el desarrollo de medicamentos innovadores, junto con el diagnóstico precoz, la evolución del conocimiento médico o la creciente participación de los pacientes en el cuidado de su propia salud, han llevado al hallazgo de soluciones a patologías antes incurables como la hepatitis C, han hecho del SIDA una enfermedad crónica y también han mejorado la calidad de vida y el índice de supervivencia de los pacientes con cáncer, entre otros ejemplos de éxito.

Todos estos datos se han puesto de manifiesto en la jornada ‘Innovación biomédica: una revolución en marcha’, organizada por Farmaindustria dentro de la iniciativa europea #WeWontRest. Así, se ha puesto en valor el éxito de la actual innovación biomédica, que es “abierta, colaborativa e internacional; en ella la industria farmacéutica juega un papel impulsor trabajando con hospitales y centros de investigación en todo el mundo, lo que la convierte en el gran dinamizador del tejido investigador biomédico a nivel global”, ha afirmado Jesús Acebillo, presidente de Farmaindustria.

No obstante, y a pesar de los logros alcanzados, Acebillo ha instado al sector a no relajarse y seguir mejorando en eficiencia y resultados bajo la premisa de que “vivimos un momento histórico; estamos en medio de una revolución en biotecnología que está reimaginando la medicina a través de las nuevas terapias moleculares, genéticas y celulares, que están trasformando la evolución de las enfermedades y la vida de los pacientes”.

En opinión del presidente de Farmaindustria, los “grandes logros” de las últimas décadas descansan sobre una gran apuesta del sector por la I+D. Sólo en Europa, cada año la inversión asciende a 35.000 millones de euros y dedica el 17% de su plantilla. “En el caso de España, donde la industria emplea a casi 5.000 investigadores, dedicamos la mitad de la inversión a proyectos en colaboración con hospitales y centros de investigación”.

Estos hechos, según Acebillo, refuerzan el carácter abierto y colaborativo de la I+D biomédica y la necesidad de seguir impulsando la colaboración público-privada. “Es un modelo de éxito”, pero “sin duda mejorable” y de hecho, ha explicado, ya existen soluciones para que el sistema sanitario siga siendo sostenible al tiempo que puede acceder a las últimas innovaciones, gracias a la adopción de “fórmulas inteligentes y flexibles de financiación”.

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Para lograrlo, la clave estaría en seguir avanzando en una mejor medición y procesamiento de ingentes cantidades de datos, cada vez mayores, de tal forma que se determine con mayor exactitud la eficacia de las nuevas terapias. Tal y como ha destacado Acebillo, “el big data está aquí y va a transformar de forma radical los procesos de gestión y de decisión y, por tanto, la eficiencia del sistema sanitario en todo el mundo”.

APOSTAR POR LA INNOVACIÓN

La salida a esta encrucijada de retos y oportunidades que plantea la medicina de precisión, ha concluido Acebillo, pasa por la innovación ya que, “cuando responde a criterios de eficiencia, no es un gasto, sino una inversión” y será la solución “para asegurar la sostenibilidad del sistema, y no el problema, como algunos piensan”. Y ante este escenario ha mostrado su deseo de que “España apueste definitivamente y con convicción por un modelo de crecimiento generador de riqueza para todos, de la mano de la innovación, y compatible con la transformación sostenible de nuestra economía, un modelo que además garantice el acceso de todos los ciudadanos a las mejores prestaciones, incluidas las terapias más eficaces e innovadoras”.

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