El acoso sexual en el ámbito universitario, la influencia de los estereotipos a la hora de tomar decisiones educativas, el análisis de los clichés de la música emitida por la emisora Los 40 en 2016, junto con el examen de la construcción de personajes en la serie Girls de HBO, la construcción de estereotipos desde la moda infantil o las críticas hacia los temas formados alrededor de las meigas son los argumentos de los proyectos premiados en los IV Premios Egeria a la inclusión de la perspectiva de género en los proyectos de fin de grado y máster de la Universidad de Vigo.

Este año se presentaron un total de 33 textos, seis más que en la última edición, el 90% de mujeres. Anabel G. Penín, directora de la Unidad de Igualdad y miembro del jurado, destacaba la calidad general de los trabajos, que “tiende a ser muy buena, porque ya obtuvo una calificación de un mínimo de un ocho en la valoración de los tribunales”. Reconoce que, “especialmente este año”, notaron que “los TFM tratan temas muy actuales y muy completos, con una investigación profunda y buenas conclusiones”. En cuanto a los participantes, G. Penín asegura que la participación del alumno masculino en los Premios Egeria no ha cambiado significativamente durante los últimos años y se mantiene en un porcentaje ubicado en torno al 10%.

Maestros sin estereotipos ni violencia sexual

Rosana Martínez, graduada en el Máster en Intervención Multidisciplinaria en Diversidad en Contextos Educativos, identificó diferentes situaciones de acoso sexual que sufren los estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Educación por cuestiones de sexo. Para su análisis, entrevistó a 134 estudiantes universitarias con un rango de edad entre los 19 y 47 años. 106 mujeres declararon haber sufrido acoso sexual en función del sexo y 8 agresión sexual. Además, 13 estudiantes no se identificaron como víctimas de acoso sexual y/o en función del sexo pero posteriormente sí relataron comportamientos tipificados como acoso sexual. La causa de este comportamiento se debe, según Rosana Martínez, a que éste es un fenómeno “socialmente normalizado e invisibilizado, lo que repercute en que la víctima no se identifique como tal, o que la sociedad llegue a culpabilizar a la víctima como provocadora de este tipo de situaciones. Se justifican las conductas y actitudes de los acosadores”.

La joven explica que el tipo de acoso sexual que más han denunciado las estudiantes universitarias – 96 chicas- ha sido el acoso sexual no verbal como “silbidos, miradas, gestos con connotaciones sexuales o circunstancias similares”, seguido del acoso sexual verbal, del que más de tres cuartas partes de las universitarias han sido objeto en forma de comentarios o insinuaciones sexuales “e incluso comentarios inapropiados u ofensivos sobre su cuerpo”. La tendencia se mantiene al observar que, más de la mitad de las víctimas han sufrido insultos debido a su orientación sexual y comentarios sexistas. “Además, se evidencia que la mitad de ellas (58 participantes) han sido cuestionadas sobre su vida personal o sexual e incluso han recibido “chistes” de índole sexual. Y en relación al acoso sexual a nivel físico, la mayoría de las universitarias víctimas (82 víctimas) han sufrido apretones, pellizcos o situaciones similares. Más de la mitad (49 víctimas) expresan haber vivido tocamientos en alguna parte íntima de su cuerpo”.

Los obtenidos resultados permiten a Martínez destacar que las mujeres y los grupos LGTBI son los colectivos que más sufren acoso sexual y en función del sexo en todos los contextos de su vida diaria. En relación al perfil del agresor, el estudio no destaca un perfil definido, “ya que las víctimas corroboran que fueron acosadas tanto por hombres conocidos como por sus parejas y exparejas, amigos, compañeros de clase, profesores, compañeros de trabajo y/o jefes; como por  personas desconocidas”.

Otra de las conclusiones extraídas de la investigación se refiere a que el origen del acoso sexual se debe en parte a la existencia de estructuras de poder, a la presencia de hostilidad hacia las víctimas, a la naturalización y la tolerancia de la violencia o a la presencia de estereotipos sexistas “en una sociedad todavía heteropatriarcal.”

Para erradicar lo que Martínez define como “opresión sociocultural”, la investigadora considera que la educación con perspectiva de género juega un papel “importantísimo”. “El contexto educativo tiene que ser un lugar donde se impartan una enseñanza coeducativa con la finalidad de que las futuras generaciones estén sensibilizadas y sepan actuar ante este tipo de situaciones de violencia sexual”. Y ensalza el papel del educador social para “concienciar y sensibilizar a toda la sociedad ante este fenómeno y ser conscientes de cuáles son las formas de perpetuación de acoso sexual con la finalidad de erradicarlo en todas sus posibles manifestaciones. Por consiguiente, todas y todos, víctimas y espectadores tenemos que despertar e involucrarnos con las víctimas, visibilizar y apoyar a todas y cada una de las personas que denuncian sus situaciones de violencia; compartir y escuchar sus historias, y exigir como sociedad que los/as agresores/as sean sancionados, y así de esta forma contribuiríamos a la creación de una sociedad de tolerancia cero hacia la violencia, de igualdad y de respeto”.

Con el Master en Educación Secundaria y Bachillerato, Formación Profesional e Idiomas recién terminado, Montserrat Vilariño consiguió otro de los premios con un trabajo que aborda la influencia de los estereotipos en la toma de decisiones académicas. Vilariñofrío concluye de que la mayoría de los estudiantes de estos niveles de formación “reproduce los estereotipos de género, siendo los chicos los que menos los transgreden, asimilando a la vez estos clichés como conceptos naturales y no como una construcción de la propia sociedad “. Para que esta situación cambie, el sector educativo debería, en su opinión, involucrarse de tal forma que la perspectiva de género se incluya como conocimiento transversal que todos los docentes trabajen en sus aulas.

Otra de las premiadas, Estela Rivas, decidió hacer su TFM sobre la serie de HBO Girls. “Lo hice porque quería trabajar sobre el empoderamiento y la cosificación para aclarar mis propias ideas y, al mismo tiempo, llamar la atención sobre los problemas que pueden traer el feminismo cuando va de la mano de los privilegios de clase, raza, sexualidad y de la ideología neoliberal.” Según Rivas, premiada por segundo año consecutivo, la serie recibió buenas críticas y fue calificada como innovadora por ser protagonizada por cuatro mujeres, pero “la verdad es que no se trata a estos personajes desde una correcta perspectiva de género” . Por esta razón,  cree que “los medios deben tener cuidado cuando hablan sobre ciertos productos audiovisuales y no tomarlos como feministas cuando realmente no lo son”.

La cultura de masas, a examen

Para Lorena Costas Caride , licenciada en Educación Social, la música “es una de las herramientas de comunicación con mayor influencia en actitudes y valores”. Precisamente por esta razón, en su Proyecto Final ha examinado la relación entre ésta y el comportamiento sexista en base a la elección de las canciones que sonaban en Los 40 durante el año 2016. Tras el análisis, la conclusión de que los temas de reggaeton sonido, electrónica y pop los que recopilan más clichés. Un tipo de música que, pese a todo, cala entre chicos y chicas.

“Es un estilo musical que tiene un trabajo de marketing muy atrayente”, explica Costas. “El reggetón parece ir acompañado de una forma de vida que resulta atractiva, especialmente en la adolescencia. La mayoría de los videoclips de las canciones más populares de reggetón van acompañadas del sexo, el alcohol, la noche, las drogas, un baile frenético, etc. Por lo tanto, en mi opinión no solo es la música (ya de por si pegadiza), sino todo lo que representa, y lo que es más importante, cómo lo representan. La luz, los cantantes y las cantantes, los actores y las actrices, el ambiente, la idealización de las drogas, la desconexión, etc. Todo está pensado para que nos atraiga. Todo influye”.

En cuanto al éxito de estas canciones entre el público femenino, la investigadora reafirma el dato aludiendo a estudios que concluyen que las chicas escuchan más reggetón que los chicos. Para Costas, esto tiene que ver “con los estereotipos en los que nos educamos. La sociedad parece tener muy claro cómo debe ser un hombre y una mujer (binomios excluyentes), y por tanto, qué deben estudiar, en qué sector deben trabajar y, en este caso, qué música deben escuchar. Es un tipo de influencia social que se filtra en nuestra personalidad día tras día”.

Le pedimos un ejemplo de especial evidencia en la exposición de sus tesis. Costas elige “Despacito” porque, “además de reflejar muchas de las características anteriormente comentadas , se advierte un comentario directo al sexo con “quiero ver cuánto amor a ti te cabe”, refiriéndose a la penetración sexual de un hombre hacia una mujer como agente pasivo de la acción:

Si te pido un beso ven dámelo
Yo sé que estás pensándolo
Llevo tiempo intentándolo
Mami, esto es dando y dándolo
Sabes que tu corazón conmigo te hace bom, bom
Sabes que esa beba está buscando de mi bom, bom
Ven prueba de mi boca para ver cómo te sabe
Quiero, quiero, quiero ver cuánto amor a ti te cabe
Yo no tengo prisa, yo me quiero dar el viaje
Empecemos lento, después salvaje

En su opinión, paliar estas situaciones es complejo. “Lo ideal sería educar desde la igualdad a través de la teoría Queer, fomentando en todo momento la actitud y la reflexión críticas del alumnado. Considero imprescindible la figura del educador/a social en los centros educativos, con el objetivo de trabajar y dar respuesta a estas necesidades. En este sentido, Costas aporta una línea de acción que cristalizaría en la realización de talleres en colegios e institutos, dirigidos a alumnos de entre 12 y 18 años (la franja de edad puede variar según las necesidades), mostrándoles la realidad musical que les rodea.

Lucía García, licenciada en lenguas extranjeras, ha desarrollado su TFG en base al estereotipo de las meigas, “cuentos y leyendas relacionados desde hace mucho tiempo con la figura de la mujer feminista”. Sin embargo, García dice que a través de esta figuración “las características negativas derivadas del pensamiento patriarcal que siempre se atribuye a las brujas ahora aparecen en las pantallas y presentan ideales bajo el título del feminismo, sin embargo, son contrarios a éste.”

Los mensajes impresos en moda infantil es el argumento del TFG de María González, licenciada en Traducción e Interpretación. “Me di cuenta de que vivimos en una sociedad que tiene los estereotipos tan arraigados que no se da cuenta de que existe el sexismo en las camisetas de las niñas y los niños”.

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