Rosa Sanchidrián Pardo, Rectora de la Universidad Europea de Valencia

La educación da un salto hacia el futuro

Por Rosa Sanchidrián Pardo, Rectora de la Universidad Europea de Valencia

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En el último año hemos afrontado uno de los desafíos más grandes de nuestra historia reciente. La pandemia, y sus consecuencias sociales y económicas, han desafiado la sociedad que habíamos construido, exigiéndonos a todos una respuesta rápida ante una situación sin precedentes. Un reto con mayúsculas, que desde el sector de la educación superior hemos asumido desde la responsabilidad y el compromiso

En este contexto, estoy firmemente convencida de que la respuesta de las universidades, y del conjunto de la comunidad educativa, ha sido admirable.  El ámbito universitario ya había asumido el cambio de paradigma en el entorno educativo, que pasaba por repensar la forma de enseñar, sentando las bases de un proceso que ha transformado el modelo actual de forma profunda e irreversible.

Semejante esfuerzo solo puede entenderse desde la profunda vocación docente y humanística que nos une a todos los que tenemos el privilegio de ser educadores o investigadores, y que se ha manifestado a través del espíritu innovador de cada universidad. Como fuentes fundamentales de conocimiento e investigación, sobre nuestros hombros recae la responsabilidad de abanderar la innovación e impulsar a la sociedad hacia nuevas cotas de desarrollo y progreso. La naturaleza constructiva y transformadora de la educación superior es lo que nos ha permitido adaptarnos rápidamente al nuevo contexto, apoyándonos en dos palancas fundamentales: la tecnología y el talento de nuestros equipos.  

Uno de los grandes aprendizajes de este curso académico ha sido la constatación de que es absolutamente necesario, flexibilizar y dinamizar la educación para adaptarla a la realidad de nuestro tiempo. Las Universidades hemos constatado un cambio que venía gestándose de forma natural y progresiva, y que se ha visto acelerado notablemente debido a las circunstancias excepcionales que estamos viviendo. La digitalización de la pedagogía, de los recursos y de los procesos, ha llegado para quedarse, y nos ofrece una oportunidad única de reinventar nuevos códigos para la educación actual.

En el caso de la Universidad Europea la tecnología ya estaba en el centro de nuestro modelo académico, y en nuestras clases hacíamos un uso habitual de simuladores con la más alta tecnología, prácticas con realidad aumentada y virtual, y recursos tecnológicos de todo tipo, incluidos los robots, que facilitan la experimentación y el aprendizaje. Un camino ya transitado que ha sido clave para seguir dando impulso a un modelo de aprendizaje híbrido, presencial y virtual, que ofrece al estudiante una experiencia formativa diferencial. Un modelo académico que elimina los límites físicos de las aulas, creando un nuevo espacio de aprendizaje conectado con el mundo profesional.

No olvidemos que la tecnología que tenemos a nuestro alcance será lo que nos permita evolucionar de un modelo de educación tradicional que respondía a las necesidades de una sociedad y una economía industrial, a un modelo alineado con la nueva sociedad digital, que incorpora esa flexibilidad que ofrece la tecnología en todos los procesos. Una sociedad más prospera requiere de nuevas habilidades y valores, y una nueva forma de concebir y desarrollar el talento. Las nuevas generaciones requieren de instituciones más ágiles, la sociedad reclama nuevos perfiles profesionales y desde la Universidad debemos dar la respuesta precisa a cada momento.

Estamos convencidos de que a través de la innovación educativa podemos personalizar mucho más la experiencia en los campus, situando al estudiante en el centro, y ofreciendo una experiencia más individualizada, que atienda a su verdadero talento y su vocación de una forma más personal. En este sentido, la adopción de la Inteligencia Artificial, la robótica, o, por ejemplo, las posibles aplicaciones de la neurociencia en los próximos años, abrirán la puerta a un grado de personalización en la educación sin precedentes. Ya estamos viendo las posibilidades que existen a la hora de aplicar estas tecnologías para ofrecer una experiencia formativa flexible, que prepara al estudiante para ejercer su profesión desde el primer día. Todo ello marca un antes y un después, y las universidades estamos llamadas a liderar el cambio.

Sin embargo, es importante señalar que la creciente omnipresencia de la tecnología no eliminará ni sustituirá de forma alguna el factor humano. Al contrario, la figura del docente, y su relación con los estudiantes y otros investigadores, se verá potenciada por las nuevas posibilidades que se abren ante nosotros. Su nuevo rol será clave a la hora de implementar el uso de las nuevas tecnologías y adecuar los resultados de aprendizaje, y la cercanía con el estudiante resultará más sencilla y accesible gracias a los nuevos canales de comunicación a nuestro alcance.

De la misma forma, el impulso a un sistema híbrido no acabará tampoco con la presencialidad, un elemento fundamental de la vida universitaria y de la educación en valores que inspiran a través de la convivencia en el aula. La clave está en impulsar un modelo mixto y flexible que potencie la experiencia universitaria.

Las posibilidades que tenemos por delante son enormes y, también, la responsabilidad que asumimos. Las decisiones que tomemos en los próximos años marcarán la forma de enseñar, aprender y vivir en el futuro, y tendrán un importante impacto social. Por ello, es muy importante que todos, los docentes, quienes lideramos las instituciones, las autoridades competentes, el tejido empresarial y la sociedad civil, avancemos de la mano juntos, sin dejar a nadie atrás. En este sentido uno de los grandes retos a los que nos enfrentaremos en los próximos años será reducir la brecha digital que sigue existiendo en nuestra sociedad, y que priva a aquellos que no tienen acceso a las nuevas tecnologías de las oportunidades que ofrece el nuevo modelo educativo.  La educación y el progreso deben destruir barreras, no crear nuevas, o consolidar las ya existentes. El progreso no debe de ninguna forma ser excluyente. Sólo unidos podremos realmente avanzar hacia una educación mejor, y una sociedad más sostenible, igualitaria, y justa, de la mano de la innovación.

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