El Auditorio de la Diputación de Alicante acogió la semana pasada la XVII edición del congreso bienal de la Sociedad Española de Neurociencias (SENC). Más de 600 investigadores abordaron los temas más relevantes sobre el estudio del cerebro y del sistema nervioso central.

La conferencia inaugural, patrocinada por la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, fue impartida por Carmen Sandi, presidenta electa de la Federación Europea de Sociedades de Neurociencia. Psicóloga de formación, Sandi dirige el Laboratorio de Genética del Comportamiento, del Instituto Mente Cerebro de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza.

“Durante los últimos años, hemos trabajado en el desarrollo de una visión integradora de cómo el estrés afecta al aprendizaje y la memoria. También hemos identificado los mecanismos clave que conectan el estrés y la psicopatología, así como el papel modulador del rasgo de ansiedad”, explica Carmen Sandi.

Los psicólogos hablan de ansiedad en dos formas: “estado”, que se refiere a la ansiedad que surge de una situación particular; y como “rasgo”, que se refiere a la ansiedad como parte de la personalidad general de una persona.

La ansiedad alta como rasgo puede dificultar seriamente la capacidad de una persona para competir en un contexto social, poniendo a las personas “altamente ansiosos” en un círculo de desventaja social y más ansiedad.

En su laboratorio Carmen Sandi y su equipo han demostrado que dosis bajas de fármacos ansiolíticos, como el diazepam (Valium), pueden mejorar este efecto aumentando la actividad de las mitocondrias en las neuronas del sistema de recompensa cerebral.

“En la actualidad, nuestro laboratorio se centra esfuerzos en la comprensión de cómo el estrés afecta el cerebro social. También estamos interesados ​​en identificar los mecanismos que conducen desde la exposición de la vida temprana al estrés traumático al desarrollo de comportamientos violentos, incluyendo cambios en las trayectorias del neurodesarrollo y los mecanismos epigenéticos [ambientales] involucrados.

El laboratorio de Carmen Sandi en EPFL, que tiene una larga historia de investigación en la ansiedad de rasgo, ahora muestra que las dosis bajas de diazepam ayuda a las ratas de alta ansiedad superar su desventaja de la competencia social. Los científicos también encontraron que ayudó a las ratas medio-ansiosas aumentar su capacidad de competir socialmente. Por otro lado, la dosis baja de diazepam no ayudó a las ratas con poco ansiedad aumentar su competitividad social ya mayor.

En concreto, el laboratorio de Sandi se ha centrado en dos regiones del cerebro: En primer lugar, el área tegmental ventral (VTA), donde se produce la dopamina, un neurotransmisor involucrado en la motivación y el movimiento. Esta es una de las regiones del cerebro donde actúa el diazepam.

La otra región es el núcleo accumbens, el corazón del sistema de recompensa del cerebro. Esta región del cerebro está conectada con el área tegmental ventral. El núcleo accumbens esta muy involucrado en la ansiedad de rasgo y la competitividad social. Ambas regiones participan en el procesamiento de la motivación y la recompensa.

“En nuestro laboratorio hemos visto que el diazepam aumenta la liberación del neurotransmisor dopamina de las neuronas que llegan desde el área tegmental ventral al núcleo accumbens. Esto desencadenan una cascada bioquímica que aumenta la actividad y la producción de energía de las mitocondrias de las neuronas, que son las centrales energéticas de la célula”, explica Carmen Sandi.

Específicamente, las mitocondrias aumentan su “respiración”, que es el conjunto de reacciones metabólicas que descomponen la glucosa y la convierten en ATP, la molécula energética de la célula. El diazepam actuaría aumentando el ATP en las neuronas del núcleo accumbens, y esto en última instancia, “aumenta la capacidad del individuo para competir socialmente”.

Las investigaciones de Carmen Sandi demuestran que la función mitocondrial es un objetivo prometedor para el tratamiento farmacológico de las disfunciones sociales relacionadas con la ansiedad.

“Usando un enfoque farmacológico, podríamos revelar aquí mecanismos neuronales clave por medio de los cuales las personas pueden experimentar rápida y transitoriamente cambios en su confianza en sí mismas y en sus capacidades competitivas”, explica Carmen Sandi.

Sin embargo, los ansiolíticos no son la panacea. Puede conseguirse lo mismo con abordajes psicológicos, que tienen un efecto más duradero. “Cambios similares en la función mitocondrial también podrían lograrse mediante programas de entrenamiento conductual o intervenciones nutricionales”.

Y es que  han descubierto que “administrando una forma de vitamina B3 hemos visto que la capacidad competitiva de los animales, aumenta. Esta vitamina está contenida en alimentos como las cacahuetes. Los trabajos que hemos hecho con este y otros nutrientes indican que la alimentación puede cambiar la salud de las mitocondrias  y con ello el nivel de ansiedad”.

Con su grupo, Sandi está investigando intervenciones eficaces, no farmacológicas, dirigidas a las disfunciones conductuales relacionadas con la ansiedad como rasgo permanente de la personalidad.

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