A los 80 años, la bioquímica Margarita Salas falleció ayer en Madrid, poniendo fin así a una trayectoria profesional –seguía trabajando en su laboratorio– que la sitúa como una de las mayores científicas españolas del siglo XX.

Investigadora del CSIC en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, en Madrid, y doctora honoris causa por la Universitat Autònoma de Barcelona, Salas obtuvo el pasado mes de junio el Premio Inventor Europeo 2019, que concede la Oficina Europea de Patentes (OEP), en la categoría Logro de toda una vida, así como el galardón popular. 

Ella fue discípula de Severo Ochoa, quien despertó su interés por la bioquímica. Tras doctorarse en ciencias en la Universidad Complutense de Madrid, realizó su tesis sobre el estudio de la enzima glucosa-fosfato isomerasa de la levadura que interviene en el metabolismo de azúcares y, seguidamente, realizó una estancia postdoctoral en el laboratorio de Ochoa, en Estados Unidos. Más tarde regresó a España y fundó el primer grupo de investigación en genética molecular del país en 1967, en el CSIC.

Entre los principales logros de esta científica asturiana se encuentra el descubrimiento de la ADN polimerasa del virus bacteriófago phi29, que tiene una aplicación crucial en biotecnología: permite amplificar el ADN de manera sencilla, rápida y fiable. Por ello se usa en medicina forense, oncología y arqueología, entre otras áreas.

Esta tecnología ha sido además una de las patentes más rentables del CSIC. Entre 2003 y 2009 representó más de la mitad de los derechos de autor del organismo, devolviendo millones de euros en inversión a la investigación financiada con fondos públicos.

Su exitosa trayectoria profesional ha servido, sobre todo en los últimos años, para reivindicar la importancia de la mujer en la ciencia, un papel tantas veces silenciado. Salas fue una de las homenajeadas por el CSIC recientemente y, por otra parte, su rostro forma parte de los murales realizados por la UPV y Las Naves en Valencia para la visibilización de referentes femeninos.

“No concibo la vida sin investigación”, señaló Salas al recoger el pasado verano, en Viena, el ya mencionado Premio Inventor Europeo. Siempre reivindicó el valor de la búsqueda de conocimiento. “Lo importante es hacer investigación básica de calidad, y de esta pueden salir resultados aplicables que no son previsibles a primera vista. Y sin embargo salen y pueden ser rentables”.

A lo largo de su carrera, Margarita Salas recibió numerosos premios internacionales y nacionales, entre los que se encuentran la Medalla Mendel, el Premio Rey Jaime I, el Premio Nacional Ramón y Cajal, el Premio L’Oreal UNESCO y la Medalla Echegaray. Fue, además, miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y miembro de la Real Academia Española, donde ocupó el sillón i.

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