“El lenguaje es la primera tecnología que aprendemos a utilizar. Las canciones vienen después”. Tras llevar a nuevos territorios el pop-rock español en los 90 con ‘Piratas’, el músico Iván Ferreiro se ha labrado una carrera en solitario en la que hoy es capaz de tener el control de todos los elementos creativos que intervienen en el dibujo de su obra.

Para llegar a este punto de hardware y software revestido de partituras y lirismo, el gallego ha tenido que atravesar el puente que va de lo analógico a lo digital.  Primero vivió la Prehistoria del tocadiscos de sus padres, “una carraca que entonces me resolvió la vida”, de la doble pletina o el walkman. “Hoy todo cabe en el teléfono o en la nube, ¡aunque Spotify me pague una mierda!”, apuntaba socarrón Ferreiro en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, donde el pasado viernes participó en el ciclo de charlas organizado dentro de los ‘Passion Tech BMW Days’.

En su caso, la tecnología no siempre fue dar pasos hacia delante. “Tras darme cuenta de que la guitarra no era lo mío, de chaval empecé a dar clases de órgano en casa de la señora Maricarmen. Las clases estaban bien, pero en casa sólo podía practicar con un Casiotone”. Tiempo después, sus padres le regalaron ese mismo órgano –“la señora Maricarmen se compró uno mejor”- y entonces, embaucado por ‘Golpes Bajos’ (a quienes ha homenajeado recientemente en ‘Cena recalentada’), Ferreiro quiso un piano, que llegaría mucho más tarde. “Mi madre no veía la diferencia. El caso es que yo quería una tecnología anterior”.

El primer fogonazo de luz viene con la posibilidad de grabar canciones. “Formo parte de la primera generación de músicos que compone grabando”. Un periodo de aprendizaje en el que “primero todo era ruido”. El 4 pistas lo cambia todo –“el primer día Paco (Paco Serén, cofundador de Piratas) y yo sólo usamos tres pistas; el cerebro también tiene que acostumbrarse a cada avance. Nos lo prestó Pablo Vidal (músico y guitarrista de ‘Club Naval’); también una caja de ritmos con la que aprendí como funcionaban los patrones de la composición y a estructurar las canciones”.

Y, a base de grabar y grabar, llegan las nuevas ideas, y con ellas el 4 pistas se les quedó pequeño. En los primeros 90, Ferreiro y los demás ‘Piratas’ se presentan en un estudio “que nos cobraba una pasta por grabar una maqueta y donde no te atrevías a tocar ni un botón”. Además de pasarse “la mitad del tiempo rebobinando”, tardaban “una eternidad” en entregarles las mezclas. “Como no teníamos dinero, no podíamos volver para arreglar cosas que no nos convencían”.

La segunda conquista viene de la mano de la grabación en disco duro. “Me compré un 8 pistas por 210 mil pesetas que me costó mucho ahorrar. Cuando empezamos a usarlo no sabíamos si apagarlo por si acaso se borraba todo lo grabado”. 12 minutos de capacidad con los que hacían cálculos complejos para encajar las canciones, “pero vimos que era por ahí por donde irían las cosas”. Considera que desde entones, la vida del músico mejoró. “Yo no tendría la carrera que he tenido sin aquel cambio. Se acabó el mito de que lo analógico es por sistema mejor que lo digital”.

El siguiente capítulo provocó “la revolución”. Con Pro Tools “los desarrolladores de software se pusieron de parte de los músicos”. La versión más económica del programa se la compró “poco antes de ser padre” e hizo que el mundo mejorase “exponencialmente” para mí. Con el tiempo, la nueva herramienta pasó de ser sólo útil para grabar a rodearse de amplificares y todo tipo de instrumentos virtuales.

“Podíamos manipular el sonido como queríamos, hasta el punto de llegar al estudio y despedir a uno de aquellos ‘científicos’ que ya no sabían más que nosotros.  Los músicos tomamos el poder con la creatividad. Ahora tengo un estudio de grabación que costaba 40 millones de pesetas metido en mi portátil; e igual que yo, cantidad de chavales lo tienen a mano y están haciendo cosas maravillosas. Esta es la revolución”.

Fragmento de la interpretación de 'El pensamiento circular' (del álbum'Casa') el pasado viernes.

Hoy, Ferreiro ha convertido parte de su casa de Gondomar en un espacio en el que tienen cabida todos estos avances. La curiosidad, el punto de vista práctico o el afán por formar parte del proceso creativo desde la primera línea le han convertido en un sabio al que acuden en procesión cantidad de colegas de oficio para dejarse hacer por su metodología de trabajo intensa pero desprovista del estrés añadido de las grandes inversiones y de los muchos involucrados en el ‘parto’ de un disco hasta hace no tanto.

Llega el momento de que Iván Ferreiro hable de su piano digital, un SV-1, testigo mudo durante la charla del músico. “Es perfecto para un idiota como yo que no quiere programar; pero puedo hacerlo sonar como un piano de pared, un clavicordio o un órgano Hammond. Me hace el más feliz del universo”. Tras invitar al escenario a su hermano Amaro e interpretar algunas canciones de ‘Piratas’ (‘El equilibrio es imposible’, ‘M’) y de su etapa en solitario (‘Son preciosos nuestros besos (SPBN)’, ‘Turnedo’, ‘El pensamiento circular’), Ferreiro concluye recordando que, pese a todo, la mejor tecnología siempre será el cerebro humano, “verdadero artífice de lo demás”.

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