La sociedad actual no puede prescindir de una administración pública capaz de gestionarla de forma eficaz y transparente. El continuo cambio que experimentamos hace que se espere cada vez más de las instituciones que nos gobiernan. Los ciudadanos están acostumbrados a vivir y a hacer uso de las tecnologías a diario, y demandan que el sector público esté también a la orden del día en su aplicación, transformándose en una administración digital y moderna. Es por ello que se debe afrontar la necesidad de modernización de sus estructuras, procesos y servicios mediante las nuevas tecnologías.

Una administración pública innovadora, ágil y eficiente es fundamental para lograr un estado de bienestar y una sociedad en la que los ciudadanos tengan mejor calidad de vida posible. Para lograrlo, es necesario innovar a través de los servicios, aplicando ideas y prácticas nuevas en la gestión e incrementando el gasto en I+D en tecnologías que permitan generar mayor valor. Es decir, la administración pública tiene que hacer uso de las tecnologías disruptivas para proporcionar mejores servicios que impacten positivamente en la sociedad y además impulsen su utilización por la ciudadanía y las empresas.

La inteligencia artificial, la tecnología que más está avanzando en este ámbito, liderará esta importante transformación con el apoyo de las capacidades analíticas que nos proporciona el big data, las oportunidades que brinda la realidad digital, la necesaria e imprescindible ciberseguridad o el prometedor blockchain. La administración pública no puede permitirse quedarse atrás y debe aprovechar las oportunidades que estas tecnologías le brindan para prestar mejores servicios

La inteligencia artificial abre las puertas a un nuevo mundo de automatización conforme las máquinas equiparan o incluso llegan a superar ciertas aptitudes humanas. Estamos viviendo una nueva era en la que los robots y las computadoras no sólo realizan actividades rutinarias de trabajo mejor que algunos seres humanos y a menor coste, sino que cada vez poseen mejores capacidades para realizar labores que requieren competencias cognitivas, emocionales o de comprensión. 

Desde el punto de vista económico, este aspecto resulta muy atractivo ya que, bien programada, una solución de inteligencia artificial eficaz puede pensar más rápido y procesar más información que cualquier cerebro humano. Como ha ido sucediendo con las diversas transformaciones industriales o tecnológicas a lo largo de la historia, la IA también contribuye a aumentar la productividad y lograr mayores beneficios, tanto a nivel de procesos y negocios, como a nivel de economías completas. Hoy en día, las empresas más tecnológicas la utilizan para impulsar la eficiencia de sus operaciones, incrementar sus ventas, mejorar los procesos de fidelización de sus clientes y generar inteligencia de negocio.

Esto implica una revolución general en la sociedad que afecta claramente también a la administración pública. Aunque pensemos que el sector público es más conservador que otros, poco a poco se está viviendo una transformación digital al comprender los beneficios que este tipo de tecnologías pueden llegar a tener en la calidad de vida de la ciudadanía, las empresas y los empleados públicos. 

La inteligencia artificial complementará el trabajo de los empleados públicos y ayudará a prestar servicios de mayor valor añadido. Ello será posible, por ejemplo, gracias a los chatbots, que permiten dar respuesta, de forma inmediata y en cualquier momento, a demandas de información del ciudadano que, de otra forma, podrían exigir múltiples contactos con la administración. También es muy relevante la creciente contribución de los sistemas de reconocimiento automático y lectura inteligente de documentos para incrementar el valor añadido de los empleados públicos, apartándoles de tareas rutinarias y reduciendo los tiempos de resolución de los trámites.

Por su parte, la visión artificial puede facilitar y agilizar el mantenimiento del transporte público o la recogida de residuos o potenciar la capacidad de las cámaras urbanas para detectar el mal estado de una calzada. Al dotar de inteligencia artificial a las cámaras urbanas se puede detectar el mal estado de una calzada, optimizar el alumbrado público en vías de poco tránsito o gestionar el tráfico monitorizando el tiempo de los semáforos. Todo ello repercute en una mejor calidad de vida, permitiendo la reordenación inteligente del espacio, a la vez que la reducción de costes optimizando los servicios públicos al máximo, y contribuyendo a la disminución del consumo energético

Los drones se benefician también de esta tecnología para la prevención o mitigación de incendios o el mantenimiento más seguro y económico de infraestructuras. Por ejemplo, con un dron sobrevolando un incendio se puede recoger información muy relevante, como la dirección del incendio, la cercanía a centros poblados o la localización de personas que estén en peligro a causa de la presencia de las llamas. Esto se traduce en una mayor velocidad y capacidad de reacción de los profesionales encargados de la lucha contra incendios.

En el ámbito del big data, los nuevos modelos y métodos algorítmicos, como la analítica predictiva y prescriptiva, permitirán crear escenarios para la definición de las mejores políticas públicas en ámbitos como la sanidad, la justicia, la educación o la lucha contra el fraude. 

En este sentido, la analítica predictiva ayuda a anticipar lo que puede suceder en el futuro, como identificar patrones de consumo para predecir la demanda y ahorrar agua o detectar posibles amenazas en la salud con poca antelación. Por su parte, la analítica prescriptiva es capaz de optimizar y recomendar el mejor camino para cualquier consecuencia preestablecida, lo que permite, en la práctica, adecuar las políticas de atención a la dependencia o encauzar las ayudas públicas.

La realidad digital, término que engloba a la realidad aumentada, virtual y mixta, contribuye a impulsar el turismo de calidad atrayendo a los visitantes a espacios físicos y haciéndoles partícipes de experiencias satisfactorias. Es el caso de la reconstrucción de espacios históricos, apps que ayudan a conocer los puntos de interés turístico y mejorar la movilidad urbana o programas de incentivación del comercio local.

La interactividad, uno de los principales atractivos de esta tecnología, la convierten también en una potente herramienta para captar la atención de los estudiantes o mejorar los tratamientos de rehabilitación. Otras importantes aportaciones son la reducción de costes de materiales y eliminación de riegos en la Formación Profesional y en el entrenamiento de profesionales como policías o bomberos.

La ciberseguridad es otro de los retos a los que se enfrentan las administraciones públicas en su proceso de innovación, ya que requieren de soluciones de seguridad integral que protejan los datos en un mundo hiperconectado en el que el cibercrimen tiene un impacto global de cerca del 1% del PIB mundial. En este ámbito, la biometría está llamada a convertirse en el método de identificación más usado en el futuro, ya que puede asociarse a un individuo concreto y es cómoda al no tener que recordar contraseñas o certificados, así como altamente resistente al fraude. Permite, entre otras cosas, agilizar y hacer más seguro el control de fronteras o garantizar que una misma persona no pueda estar cobrando la misma ayuda pública más de una vez. 

La adopción de tecnologías blockchain, a pesar de que en el momento actual pueda parecer aún complicada para la administración pública, va a marcar un punto de inflexión en la transformación digital de los servicios y aportará grandes beneficios, como dotar a los distintos organismos de mayor transparencia y seguridad e impulsar una participación más activa de la ciudadanía en los órganos de gobierno. Su aplicación en la digitalización de los registros de información y su administración dentro de una infraestructura segura permitirá al ciudadano detectar cambios no autorizados en sus registros y le convertirá en el único dueño de sus datos. 

Nos encontramos en un momento de intenso cambio de la economía y la sociedad, en el que se ha pasado de un entorno en el que prima lo físico a uno en el que prima lo digital, y en el que las administraciones públicas deben dar una respuesta integral a los retos y oportunidades que se le presentan en un contexto de cambio acelerado y situando al ciudadano como núcleo del cambio.

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