Villa Ocampo, el pueblo argentino que floreció gracias a una cooperativa de mujeres

Villa Ocampo floricultura INTA

Estudios del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina determinaron que la zona era apta para cultivar flores de corte (como lilium, gerbera, lisianthus, gypsophila, astromelia, aster y crisantemo), plantines florales, plantas ornamentales, etc. Esto y el carácter emprendedor de seis mujeres han cambiado la realidad de un municipio santafesino llamado Villa Ocampo.

“Me críe sin saber que esta zona era floricultora”, asegura Vilma Broll, de 57 años, una de las productoras  que, junto con cinco mujeres, descubrió esta particularidad del pueblo en 2005. Hasta entonces, la localidad se camuflaba con el paisaje productivo de la región: ganadería, caña y algodón. Pero, cinco años después, la comunidad colmó sus calles con la primera celebración popular propia: la Fiesta de la Flor del Norte Santafesino.

Las mujeres iniciaron un proceso de aprendizaje y puesta en acción en la producción florícola en la zona. Hoy, organizadas en un grupo Cambio Rural y con un local de venta en el centro del pueblo gestionado por la cooperativa formada en 2015, producen 1.200 flores de corte por quincena en invierno y sostienen una oferta grupal de 200 ornamentales en verano.

Sin embargo, no les alcanza para cubrir la demanda. “Nuestro proyecto es colocar una cámara de frío para conservar las flores por más tiempo y salir a vender a otras ciudades como Reconquista y Resistencia”, señala Broll. Con esta iniciativa, avanzarían en la consolidación de un pequeño mercado concentrador, único en la región.

“El trabajo trasciende la comunidad y es una apuesta de desarrollo local a partir de una actividad innovadora para la zona, donde el empeño de estas mujeres para capacitarse y crecer, el apoyo en red de las instituciones y la perseverancia en el tiempo hacen que se vean los resultados”, afirma Ana Deambrosi, jefa de la Agencia de Extensión del INTA Las Toscas.

A partir de esta experiencia, han surgido emprendimientos florícolas en localidades vecinas y algunas escuelas agrotécnicas incorporaron la actividad como área de estudio. “Que surjan más emprendedores fortalece la zona, ya que permite bajar costos y responder a una demanda insatisfecha”, argumenta Deambrosi.

En un proceso de ida y vuelta, no sólo las productoras cambiaron la historia del pueblo, sino también la del INTA. “Apareció la necesidad de crear un área de investigación en floricultura en la Estación Experimental de Reconquista”, añade la técnico del Instituto.

En cuanto a la financiación, las floriculturas se iniciaron con créditos de la Asociación para el Desarrollo y, debido al nivel de solvencia, les ofrecieron otros como Impulso Argentino (otorgado a través de Cambio Rural). Además, recibieron aportes no reintegrables del Proyecto del Fondo de Adaptación al Cambio Climático para pequeños productores, gestionados mediante un convenio entre el INTA y las Naciones Unidas.

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