El mayor desafío actual para una empresa es el cambio tecnológico. Una idea frecuente en muchos foros y debates alrededor del mundo empresarial es aquella de: “No estamos viviendo una época de cambio, sino un cambio de época”. No se trata solo de una buena frase que funciona en presentaciones y titulares, sino también de una verdad aplastante que representa el momento actual que vivimos y que alcanza a todos los sectores. Superarlo depende de la capacidad de una compañía de adelantarse a los cambios de mercado y de sus clientes, y de su velocidad al hacerlo.

Si hace unos años esta tendencia contaba con muchos defensores y unos pocos escépticos, hoy es totalmente necesario integrar la innovación en la agenda de las organizaciones que quieren asegurarse un lugar en el futuro: de ella depende la transformación del paisaje competitivo. Atraviesa todo tipo de sectores, desde la industria tecnológica más puntera hasta los sectores más tradicionales.

La innovación tecnológica es uno de los pilares fundamentales en la estrategia de la empresa: busca conocer y entender el contexto para poder satisfacer las necesidades de hoy y de mañana del usuario final; a través del mejor camino para conseguirlo. Esto se debe, en parte, al rápido cambio de los hábitos del consumidor. Su nuevo comportamiento, provocado por la adopción de las nuevas tecnologías y la mejora de la conectividad, evoluciona rápidamente y obliga a las empresas a repensar su estrategia para no perder ninguna oportunidad en este entorno cada vez más incierto e impredecible. Si la creatividad es el combustible que alimenta la compañía de nuevas ideas, la innovación es el motor que convierte estas ideas en algo aplicable de forma continua para la empresa.

Para innovar y satisfacer al usuario es necesario conocerlo en profundidad. Realizar un análisis de sus características, entender quién es esa persona, sus deseos, necesidades y retos. No es posible innovar si solo entendemos al usuario como un número o estadística dentro de un informe, solo comprendiendo el “quién” de verdad podemos desarrollar el “cómo” para que el producto/servicio encaje a la perfección con el usuario. Conocer al completo al cliente es posible a través de los datos y las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías de la información, y por ello es importante apostar dentro de la empresa por un equipo multidisciplinar y una cultura innovadora.

¿Cómo es posible afrontar estos cambios? Invirtiendo en la creación de una cultura innovadora que alcance todas las áreas de empresa, atreviéndose a fallar, dedicando el tiempo y los recursos necesarios para lograr nuevos resultados —que por norma general no llegan en el corto plazo—. Hacer una apuesta por la continuidad entendiendo que no se trata de una carrera corta, más bien de un maratón donde los que más entrenan la innovación en su día a día son los que alcanzarán la meta de tener la innovación en el ADN de la empresa. Siempre con talento y un equipo capaz de crear productos y servicios que puedan adaptarse a la nueva situación.

Hay que fomentar las capacidades transversales, la creatividad, el trabajo en equipo y entender la tecnología como el elemento que facilitará esa transformación. También es importante comprender que la principal fuente de innovación son el mercado y los clientes: deben adelantarse a la demanda y posicionarse como un habilitador del negocio, no sólo considerarse como un elemento para ahorrar costes y ser más eficientes.

A pesar de que algunas empresas y equipos son resistentes al cambio, la innovación es y seguirá siendo uno de los principales elementos para asegurar la supervivencia de una compañía.

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