Jordi García Brustenga, director de operaciones de ENISA
Jordi García Brustenga, director de operaciones de ENISA

En el mundo hay más de 2 millones de ciudades, pero sólo 10.000 han firmado el Pacto de Alcaldes por el Clima y la Energía. Son datos ofrecidos hoy en la Cumbre del Clima por Alejandro Carbonell, fundador y CEO de Green Urban Data, startup que trabaja en la implicación de las urbes en un momento en el que “el cambio climático ha llegado para quedarse”.

“De esas 10.000 ciudades, sólo el 12 % ha redactado un plan de adaptación y apenas el 5 % ha monitorizado estas actuaciones”. La empresa de Carbonell es un ejemplo de cómo la innovación abierta y la colaboración de todos los actores públicos y privados, grandes y pequeños, es necesaria en el avance hacia un nuevo paradigma.

Alejandro Carbonell, fundador y CEO de Green Urban Data.

Green Urban Data ofrece una solución TIC que determina los indicadores que marcan el estado medioambiental de cada ciudad. Su software analiza, recomienda acciones y establece objetivos. Además han desarrollado una app para que los ciudadanos tomen en sus desplazamientos diarios “no la ruta más rápida, sino la menos contaminada”.

La innovación y la colaboración han marcado hasta ahora la agenda de Kunak. “El cambio climático ya no es algo exclusivo de los especialistas”, opinaba Miguel Escribano, responsable de desarrollo de negocio de la empresa. “Muchas ciudades ni siquiera pueden permitirse tecnologías tradicionales para medir la contaminación, los datos oficiales disponibles son difíciles de entender y hay un elevado número de sensores fuera de control, muchos de ellos ya ni funcionan”.

Miguel Escribano, responsable de desarrollo de negocio de Kunak.

Para paliar estos déficits, Kunak desarrolla soluciones complejas, pero de despliegue sencillo y cuyo mantenimiento sea asequible. “Ahí esta la verdadera disrupción”, apuntaba Escribano. Hoy, su tecnología está en todo el mundo y ayuda a controlar la deficiente calidad del aire de Adís Abeba (Etiopía), a que mejore la eficiencia de la Autoridad Portuaria de Baleares o a que los atletas de élite conozcan en qué condiciones medioambientales entrenan y compiten. En esta línea, hace unos días la empresa (en colaboración con Labaqua) fue capaz de medir la evolución ambiental a lo largo de toda la maratón de Valencia.

Desde la gran empresa, Agustín Torres, jefe de producto de Suez, señalaba que corporaciones de su rango están obligadas a colaborar con startups. La inmediatez de los plazos marcado por el ritmo exponencial al que avanza la tecnología les lleva a tener que ser más ágiles que nunca. “Además”, añadía, “éste es el fin del capitalismo tal y como lo entendemos. El beneficio ahora debe ser también social y ambiental”.

Agustín Torres (Suez).

Y para impulsar a todos, Jordi García Brustenga, director de operaciones de Enisa, ha recordado cómo en los últimos 20 años la Empresa Nacional de Innovación ha apoyado con casi mil millones de euros en préstamos participativos a la pyme innovadora española (Glovo, Cabify, Wallapop, Ecoalf o Florette están entre sus ‘clientes’). “Tenemos que cubrir fallos de mercado, ayudar a las empresas a nacer o a crecer, pero el Estado también tiene que poner dirección al crecimiento y al cambio hacia un nuevo paradigma de vida”.

En esa ruta dirigida a “un futuro más sostenible y justo”, Brustenga ha concretado que harán una política pública que fomente una tipología de empresas comprometidas. “Daremos prioridad a su impacto”, ha dicho el representante de Enisa, que con los ODS como punto de partida, trabajará en 5 verticales concretas, “que no son sectores, sino ámbitos de acción”: vivienda sostenible, movilidad, zonas rurales, cuidarse y ser cuidado.

Con estas misiones, Enisa quiere “generar nuevos productos que, a su vez, originen nuevos consumos, en definitiva, cocrearemos con el sector privado. España creará negocio y empleo, pero además impactará”. Brustenga iba más allá al asegurar que es Europa la que tiene ante sí una nueva oportunidad ahora que el epicentro de la innovación tecnológica no está en el viejo continente. “Es la ocasión de ser más competitivos aprovechando la visión histórica del bien público. Tenemos la urgencia de pisar el acelerador”.

Agustín Torres, de Suez, compartía este punto de vista. “Parecía que el acuerdo de París era un cambio de paradigma y no fue así. Tampoco están aquí los grandes países que no contaminan. Europa debe tomar la iniciativa y ser tractora del cambio”.

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