El INAH recupera en Acapulco restos de porcelana china de hace más de 400 años

Fragmentos de tazones de arroz, tazas, platos y platones traídos por la Nao de China. Foto Melitón Tapia INAH.
Fragmentos de tazones de arroz, tazas, platos y platones traídos por la Nao de China. Foto Melitón Tapia INAH.

A un metro y medio bajo tierra, en el suelo de Acapulco (México), rebosan testimonios del trajín del que fuera el puerto mercantil más importante y cosmopolita del imperio español en este lado del océano. Así lo revelan miles de fragmentos de porcelana china recuperados ahora por un equipo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Se trata de vajillas que viajaron a bordo del Galeón de Manila, pero que nunca llegaron a su destino (las vitrinas y mesas de las familias novohispanas), quizás porque se estropearon durante el largo viaje o en su arribo al puerto. Para el doctor Roberto Junco, investigador de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH, las anteriores afirmaciones son hipótesis.

Sin embargo, tiene certezas: los fragmentos de porcelana china hallados dentro de la excavación pertenecieron a los cargamentos que llegaron hacia fines del siglo XVI y las primeras décadas del XVII, cuando en Acapulco atracaron los primeros galeones de Manila, en algunas ocasiones amenazados por piratas holandeses.

El arqueólogo detalla que esos tazones de arroz, tazas, platos y platones que terminaron en añicos fueron elaborados en tiempos de Wanli, decimotercer emperador de la dinastía Ming, quien mantuvo el dominio de China durante casi 50 años, de 1572 a 1620.

Junco es capaz de especificar más con sólo observar los diseños que decoran los restos de la cerámica, en los que sobresalen representaciones de pequeños pájaros silvestres, coleópteros, cisnes sobre espejos de agua, aves fénix y venados. Detalla que los fragmentos de vajillas provienen de Zhangzhou, capital de la provincia de Fujian, en el centro-sur de China, y también de Jingdezhen, provincia de Jiangxi, nombrada “Capital de la porcelana” por tener una tradición de más de mil 700 años en la elaboración de ésta.

A estos fragmentos de porcelana de distintas calidades se suman trozos de una cerámica más burda, que pertenecían a contenedores fabricados en el sureste asiático para transportar provisiones, como especias y líquidos, en los viajes marítimos; comúnmente llamados martabanes.

Este rescate arqueológico, que se realizó en las inmediaciones de la catedral del puerto, al que se suma la inspección de zanjas que se han abierto en otras partes del centro de Acapulco, ha sido una afortunada coincidencia para el equipo del Proyecto de Arqueología Marítima del Puerto de Acapulco (PAMPA) que desde la primera semana de octubre realiza su primera excavación formal en los parapetos del Fuerte de San Diego.

El doctor Roberto Junco y Víctor Hugo Jasso, director del Museo Histórico de Acapulco “Fuerte de San Diego”, coinciden en que es un momento idóneo para que este recinto del INAH se convierta en sede de un proyecto de investigación cuyo objetivo principal es recuperar el pasado del puerto, un lugar que fue sumamente importante en el canje de ideas y mercancías, en la migración de personas y de modos de vida, venidos de los cuatro continentes.

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