De izquierda a derecha, Jesús de la Corte y Fernando Lallana, en la Feria del Libro de Madrid.

Contra todas las predicciones que auguran un mal futuro para los amigos que deciden trabajar juntos, Jesús de la Corte (Huelva, 1972) y Juan Fernando Lallana (Madrid, 1969) llevan 12 años colaborando. “Por ahora no ha sido difícil... como vivimos lejos”, dice uno. “Es que no dormimos juntos”, responde el otro entre risas. Además de haber creado algunas empresas, han llevado a cabo iniciativas de fomento de cultura emprendedora. Una de ellas fue “Sorbos de emprendimiento”, un programa de radio de divulgación sobre proyectos empresariales, que plasmaron en un libro con el mismo nombre, publicado recientemente en España.

Una obra en la que cada capítulo es una reflexión. “Huimos siempre de las recetas”, asegura Lallana. A partir de sus experiencias tanto en España como en países de América Latina (o de Asia) destacan cinco grandes rasgos de los emprendedores: la pasión, la visión, la convicción, la resiliencia y la integridad. Dimensiones que una persona emprendedora debe desarrollar por igual. “Si eliminas la visión a lo mejor estás entrando en un emprendimiento no por vocación sino por necesidad”, precisa De la Corte.

Estos amigos conocen de cerca varios países de Latinoamérica. De la Corte, doctor en Derecho y experto en ecosistemas de emprendimiento, estudió en el Instituto Tecnológico de Monterrey (ITESM), en México, y en la Universidad de Buenos Aires (UBA), en Argentina. Hace unos años trabajó para Naciones Unidas en el diseño de modelos de desarrollo en Panamá, y ha asesorado tanto al gobierno de este país, como al de Chile y México. Lallana, licenciado en ciencias empresariales y derecho por la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y máster en Relaciones Públicas por el la Escuela de Diseño de Milán, ha viajado sobre todo a Chile, donde ha llevado a cabo distintos proyectos de fomento de cultura emprendedora.

A lo largo de su trayectoria, uno de los aspectos que más les ha sorprendido de los emprendedores que han conocido es la pasión. “Hay mucha gente tratando de levantar sus proyectos en un entorno mucho más hostil que el que pueda haber, por ejemplo, en España o en Europa”, destaca De la Corte. “Cuando te vas fuera ves cómo las personas luchan contra todas las inclemencias y las dificultades”, añade.

Un entorno hostil caracterizado por un débil marco regulatorio y la falta de un sistema judicial garantista, explican, matizando que cada país tiene reglas muy diferentes. Mientras que en Chile existe un mayor grado de seguridad jurídica y un mayor marco regulatorio, en estados mexicanos como Tamaulipas, Michoacán o Chiapas, la situación es opuesta.

Otro aspecto que señalan de su experiencia en la región es la poca aversión al fracaso. “El fracaso es un trampolín que te lleva a intentarlo otra vez y que te sirve de experiencia para aprender de errores”, asegura Lallana. Ambos han participado como consultores en las Fuckup Nights, una iniciativa surgida en México en 2012 que se ha extendido por muchos países, en la que los participantes comparten historias de fracaso en los negocios. “Es una iniciativa que aquí choca mucho porque no todos están dispuestas a contar y desvelar dónde se ha equivocado”, afirma De la Corte.

También aseguran haber conocido a más emprendedoras durante estos años por Latinoamérica. “Las mujeres en Latam son personas con los pies en la tierra, muy buenas gestoras, no se dejan deslumbrar, tienen una resistencia al estrés, son tremendamente sacrificadas”, cuenta De la Corte.

Como conocedores de la región, saben que el tema de la informalidad es uno de los grandes problemas. Aunque son partidarios de que cualquier emprendimiento que quiera crecer, atraer inversión y generar empleo tiene que incorporarse a la formalidad, no están de acuerdo en que se apliquen políticas de “talla única” y de manera indiscriminada. Consideran necesario que se hagan políticas mucho más “selectivas”, que existan ayudas para el “proceso de tránsito hacia la formalidad”. “No se puede hacer de golpe el tránsito a la formalidad”, asegura categórico Lallana.

La corrupción institucional y la judicial son las formas más nocivas, según ellos. Mientras que países como Chile y Costa Rica tienen sistemas que funcionan mejor, en México la corrupción “de baja intensidad” forma parte de la cultura. “México es uno de los países con un mayor marco regulatorio, sin embargo, carece de una unidad de inspección para ver si se está cumpliendo la ley”, comenta De La Corte.

Como españoles, asesorar en el extranjero no siempre les ha resultado fácil. Han visto cómo, en algunos casos, al rechazo de unos de suma la prepotencia de otros. Hay quien habla de una “segunda colonización”, afirman. Con la crisis, muchas empresas españolas decidieron apostar por Latinoamérica. Pero a ellos les gusta hablar más de colaboración, de una encrucijada de culturas. “La humildad en casa ajena es importante en todos los niveles”, destaca Lallana.

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