¿Cómo afectan los hábitos de consumo al impacto ambiental de las ciudades?

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El impacto ambiental de grandes ciudades como Madrid es mucho mayor al que reflejan sus índices de emisiones de gases de efecto invernadero. Así lo refleja un estudio que han realizado investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), en el que han aplicado una nueva metodología para medir el cómputo de emisiones que también tiene en cuenta todo el ciclo de vida de los bienes y servicios.

Se trata de un nuevo sistema más preciso ya que no sólo integra no solo las emisiones asociadas a la producción de los bienes y productos, sino también su consumo. Por el momento, esta metodología se ha aplicado a la ciudad de Madrid y los resultados han demostrado cómo las emisiones per cápita resultarían ser casi el doble que los datos que se manejan actualmente basados en el inventario tradicional.

En esta investigación se han analizado los retos a los que se enfrenta la ciudad de Madrid a la hora de implementar una metodología de cómputo basada en consumo, es decir, que estime también las emisiones asociadas a las cadenas de suministro y, con ello, obtener el impacto asociado al consumo final de esos bienes y productos. Para ello han tomado como ejemplo a Londres, ya que es una de las pocas grandes ciudades que ha desarrollado un procedimiento para implementar este tipo de mediciones.

CIUDADES MÁS SOSTENIBLES

Según ha explicado el investigador Javier Pérez, “es necesario ir más allá, se han de generar y aplicar sistemas de contabilidad que integren producción y consumo”. En este sentido, ha recordado que conseguir ciudades más sostenibles es hoy día uno de los retos más importantes, sobre todo teniendo en cuenta que, según datos del Banco Mundial, la población residente en las ciudades representaba el 54,3% en el año 2016.

Además, la cifra va en aumento. Y eso, han señalado los investigadores, conlleva la necesidad de satisfacer la creciente demanda de productos y servicios de estos ciudadanos. Es decir, un incremento de su actividad productiva, pero también del transporte y distribución de los productos que se generan en cualquier otra parte del mundo y son consumidos en una determinada ciudad. Por ello, han resaltado que hoy día una evaluación de la huella de carbono de las ciudades no puede limitarse al cómputo de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a las actividades productivas que tienen lugar dentro de sus límites geográficos.

“Si conseguimos que las ciudades adopten estas metodologías de cálculo”, han concluido los investigadores autores de este trabajo, “los ciudadanos seremos plenamente conscientes de nuestro impacto real y podremos tomar las medidas necesarias para ponerle freno”.

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