Mayo de 1981, muere un niño de 8 años por un cuadro de insuficiencia respiratoria aguda, en Torrejón de Ardoz. Aparecen nuevos casos en Madrid, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Orense y Cantabria. Veinte mil personas en total se vieron afectadas por lo que en principio se denominó “neumonía atípica”, causada por “un bichito que si se cae se mata”, en expresión -bastante torpe por ciento- del entonces ministro de Sanidad. Un bichito que después demostró no ser otro que la codicia humana.

Una codicia que llevó a la muerte a 1.800 de los afectados y dejó secuelas en el resto para toda la vida. La extraña enfermedad creó la alarma en una España que daba pasos indecisos hacia una democracia consolidada. ¿Era contagioso? ¿Qué lo causaba? Un gran desafío para las autoridades sanitarias del país y una catástrofe nacional. La misteriosa enfermedad se cebaba, además, con las clases más desfavorecidas.

Finalmente, el 10 de junio de 1981 se demostró que la misteriosa epidemia estaba relacionada con la ingestión de aceite de colza desnaturalizado con anilina para uso industrial y posteriormente refinado de forma fraudulentamente para introducirlo en la cadena alimentaria.

En 1989 se condena a los industriales responsables de la distribución y comercialización de este aceite desnaturalizado para uso industrial que fue desviado conscientemente y por “un desmedido afán de lucro”, al consumo humano.

Los que tenemos edad suficiente para recurrir a la “memoria histórica” recordamos estos detalles, que causaron un fuerte impacto en la sociedad de la época por la magnitud de la intoxicación y sus consecuencias.

Sin embargo, es probable que ni siquiera aquellos dotados con memorias dignas de elogio sepan que detrás de la resolución de este caso hay una figura oculta femenina. Gertrudis de la Fuente Sánchez (Madrid, 1921-2017).

Fue la primera mujer bioquímica española, especialidad de enzimología. Doctora en farmacia y profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, fue la encargada de coordinar la comisión creada por el Gobierno para la resolución del síndrome tóxico.

Su legado fue recogido en un cortometraje estrenado en la primavera de 2016 bajo el título Gertrudis (la mujer que no enterró sus talentos): “Mi madre tenía poca salud. Yo nací prematura, raquítica y con pocas posibilidades de salir adelante”, explicaba en el documental. La cuidó su hermana, de 9 años “que disfrutaba mucho de tener una muñequita tan chiquitita como yo”.

A los cinco años, Gertrudis decidió que iba a estudiar y a ser “una sabionda oficial”. Y lo consiguió. No sin esfuerzo. Cursó primaria en una zona rural en la que las expectativas de instrucción para las niñas no tenían más recorrido. ​ Tuvo que esperar a la jubilación de su padre, para proseguir sus estudios en Madrid, donde se trasladaron y había un poco más de voluntad de dar “cancha” a las mujeres. Así que en 1935 comenzó el bachillerato.

Si recurrimos a la memoria recopilada en la Wiki, nos enteramos de que en 1936 la Guerra Civil se cruza en su camino y tiene que posponer sus estudios . En 1942 finalizó el bachillerato, con aproximadamente siete años de retraso respecto a sus compañeros. Al terminar el bachillerato, estudió Ciencias Químicas en la Universidad Complutense de Madrid, donde se licenció en 1948. A la vez que realizaba sus estudios universitarios de química atendía, sin estar matriculada, a clases pertenecientes a la carrera de Ciencias Físicas, debido a su buena relación con los profesores que impartían las clases.
Su empeño era tal que trabajó gratis para Santos Ruiz, el único catedrático de Bioquímica que entonces estaba en España. Pero como había que comer, dio clases de ciencias, esta vez remuneradas, en un colegio de enseñanza primaria.

En 1950 consiguió una beca para realizar su tesis doctoral, que leyó en 1954. Antes de finalizarla conoció a Alberto Sols con el que realizó numerosas investigaciones y con el que escribió artículos, entre otras, para la prestigiosa revista Nature.

En 1956 consiguió por oposición el puesto de colaboradora en el CSIC; en 1960 la plaza de investigadora y en 1962 la de profesora de investigación. Posteriormente, fue nombrada catedrática ad honorem en la facultad de Medicina de la recién creada Universidad Autónoma de Madrid
Además de ser pionera en la investigación bioquímica en España, fue también impulsora de que esta disciplina se integrara dentro de los planes de estudios de medicina, ya que numerosas investigaciones (muchas realizadas por ella) concluían que la enzimas tenían un papel determinante para el diagnóstico de ciertas patologías.

Falleció a principios de este año 2017. Así lo contaba La Vanguardia: “La pionera de la bioquímica Gertrudis de la Fuente ha muerto la tarde de este lunes a los 95 años de edad de una afección pulmonar que se ha ido complicando tras una semana ingresada en el Hospital Universitario de la Princesa en Madrid, según ha informado la familia. Le ofrecieron ponerle un respirador artificial pero no quiso que le alargaran la vida artificialmente porque, según dijo, había tenido “una vida muy buena”. Pudo despedirse de todo familiares y amigos, a quiénes consoló diciendo que sólo se iba en la forma que tenía ahora “pero que todos somos materia y energía” y que, de alguna manera, seguiría aquí, entre ellos.”

 

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