Robotlución, BID

Gustavo Beliz – Esta columna fue publicada originalmente en el blog Más allá de las fronteras (@BIDcomercio) del BID.

No es ciencia ficción. En las últimas semanas, el gigante Embraer de Brasil firmó un convenio con Uber para explorar la fabricación de taxis voladores de aquí a 2020. Y uno de los más grandes expertos mundiales en inteligencia, Howard Gardner, sostuvo: “Una vez que cedan las decisiones de alto nivel a las criaturas digitales, o esas entidades de inteligencia artificial cesen de seguir las instrucciones programadas, nuestra especie ya no será dominante en el planeta”.

En este contexto vertiginoso, América Latina no puede escaparle a la pregunta clave: ¿Podrá un robot hacer nuestro trabajo de forma más eficiente? El pronóstico más sombrío, a partir de un estudio especialmente preparado para el BID, indica que en Argentina y Uruguay el 64.1% y el 66.4%, respectivamente, de las actuales ocupaciones corren el riesgo de ser automatizadas. Otras estimaciones indican que al menos un 30% de las tareas parciales del 60% de los trabajos del mundo, corren el riesgo de ser reemplazados por robots. ¿Cómo enfrentar el desafío de máquinas inteligentes cada vez más baratas y versátiles?

El Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe -INTAL, del sector de Integración y Comercio del Banco Interamericano de Desarrollo -BID, reunió a más de 40 expertos mundiales en “Robotlución, el futuro del trabajo en la integración 4.0”, para analizar las oportunidades y desafíos que ofrecen las nuevas tecnologías y construir así una agenda que permita atravesar con éxito la transición hacia una economía digital. El informe se puede descargar gratuitamente aquí.

UN CONTRATO SOCIAL TECNOLOGICO

Los cambios se producen a la velocidad de la luz. Las disrupciones permiten crear nuevos mercados donde antes no había nada y vuelven obsoletos bienes y profesiones que son reemplazados por una nueva vanguardia de instrumentos, donde la oferta de servicios se multiplica con un costo marginal cercano a cero.

En 2017 funcionan más de 1,3 millón de robots industriales instalados en fábricas de todo el mundo, liderados por los sectores automotriz, electrónico y metalúrgico. El 75% se concentra en apenas cinco países desarrollados. Corea, Alemania, Suecia, Singapur y Japón son los que presentan mayor densidad de robot por obrero industria (más de 2 por cada 100 obreros). Del total, solo 27.700 se encuentran en América Latina y el Caribe, liderando México y Brasil la robotización.

¿Qué hacer para mitigar los efectos negativos y potenciar las oportunidades que se abren? América Latina requiere construir un Contrato Social Tecnológico, que ofrezca respuestas inteligentes a este fenómeno.

Algunos de los aspectos analizados por los expertos convocados por el BID-INTAL son los siguientes:

  • Co-botización. Ingresamos a una era donde la opción no será entre trabajadores de cuello azul (industriales) o de cuello (blanco), sino que asistirá a la irrupción de trabajadores de cuello gris. Es decir, un híbrido de competencias profesionales duras y blandas, para competir en una economía también híbrida (digital y física) con empatía, inteligencia emocional y nociones de programación frente a los robots.  La convivencia de robots y trabajadores en los espacios físicos o virtuales del futuro -no sujetos necesariamente a actividades rutinarias como en la clásica revolución industrial-, será clave para los incrementos de productividad. Lo primero y más importante para hacer una diferencia que tenga sentido socialmente, no son las máquinas sino los seres humanos. Y para esto, como lo señala Daniel Susskind, experto de la Universidad de Oxford convocado para el informe, se requiere adaptar el sistema educativo en una revolución que no se piense sólo a través de los clásicos trayectos de formación profesional actual.
  • Re-localización. Los salarios bajos ya no serán elementos excluyentes para competir en las cadenas globales de valor. La desindustrialización prematura significa que la automatización proporciona un sustituto más barato de los trabajadores. En el caso de medición de impacto de las impresoras 3D en los procesos productivos, un 72% de los empresarios entrevistados consideró que dicha innovación significará algún grado de relocalización de la mano de obra. Lo anterior plantea la necesidad de ser imaginativos en las instancias institucionales de negociación, promoviendo por ejemplo paritarias con cláusulas de innovación entre empresarios y trabajadores. Contemplar el fenómeno de las plataformas que permiten el trabajo free-lance y on-line (fenómeno que hoy abarca a 50 millones de personas en todo el mundo) y de los servicios globales, será otro desafío de primer orden, debiéndoselo conjugar con modos distintos de financiar la seguridad social.
  • Big data + Gobiernos de precisión. Apenas 18 países del mundo tienen un producto bruto interno más alto que el valor de mercado de las grandes compañías tecnológicas, que impulsan instancias estratégicas de asociación entre industrias y compañías de datos, como lo demuestran los casos de Google y Ford para producir autos autónomos, o entre Caterpillar y Airware para crear tecnología de drones para minería. Las regulaciones, normas y recursos involucrados en la negociación con los gigantes del cambio exponencial, requieren por parte de los países una diplomacia especializada en innovación, al tiempo que generar un servicio civil alfabetizado en el manejo, análisis y aprovechamiento de grandes bases de datos. Los acuerdos comerciales de nueva generación (como los suscriptos por Canadá y la Unión Europea o Uruguay y Chile), refuerzan la idea de que herramientas de integración inteligente público-privadas pueden ser un motor para distribuir de manera más apropiada los dividendos digitales.
  • Economías colaborativas. Sólo en lo que va de 2017, más de 100 millones de personas encontraron alojamiento por períodos breves a través de la plataforma Airbnb u otras similares. Esta cifra supera en cien veces las habitaciones disponibles por la cadena hotelera más grande del mundo, que tiene 1 millón de habitaciones. La plataforma de viajes compartidos BlaBla-Car, que ofrece viajes interurbanos, cuenta con 35 millones de miembros en 22 países y opera a una escala diaria comparable con la de una red nacional de transporte. Más de la mitad de las operaciones del gigante de comercio electrónico Alibaba son transacciones móviles. En Robotlución, Arun Sundararajan, experto en economía colaborativa de New York University, describe la necesidad de reformular el contrato social para consensuar leyes y regulaciones que den cuenta de las nuevas modalidades de intercambio y empleo.
  • Made in China 2025: La nueva normalidad de la economía china estará fundada en innovación y tecnología de punta. El gigante asiático ya fabrica 1 de cada 5 robots que se construyen en el mundo. La tasa de crecimiento anual de las ventas de robots promedia 12% y se estima que a fin de año alcanzarán las 130.000 unidades vendidas anuales. El gobierno chino lanzó dos planes oficiales para liderar la industria del futuro. El Plan Made in China 2025, con énfasis en la nueva industria manufacturera y la Guía sobre Inteligencia Artificial, para construir un mercado de US$ 150.000 millones en IA en 2030. Incluso existen planes a nivel regional, como el Plan 555 en la provincia de Zhejiang que estableció que cada año, durante los siguientes cinco años, se invertirán 500.000 millones de yuanes para implementar 5.000 proyectos de robotización. Otros gobiernos tendrán que crear sus propias estrategias para no perder el tren del desarrollo y no ceder competitividad.
  • Etica inclusiva: América Latina fue la región que tuvo el crecimiento más bajo de la productividad del trabajo, con un promedio anual de apenas 0,4% en el último medio siglo. Casi 1 de cada 5 jóvenes no estudia ni trabaja, la pobreza alcanza el 30% y la informalidad del trabajo el 47%. Con indicadores de GINI en torno a 0,48 (donde 1 es desigualdad absoluta en la distribución del ingreso y 0 es plena igualdad), la automatización del empleo renueva los debates sobre las políticas públicas más adecuadas para la inclusión social. El menú de nuevas opciones incluye desde los impuestos a los robots hasta la renta básica universal, que según las primeras estimaciones tendría un costo cercano al 17% del PIB. Es un tema central que debe formar parte de la agenda pública y que no está desligado de cuestiones éticas, como muestra el informe European Civil Law Rules in Robotics, del Parlamento Europeo, que establece los marcos valóricos para desarrollar la industria 4.0 en el continente, advirtiendo sobre la disolución de los lazos sociales al tiempo que promueve un acceso igualitario a los progresos en robótica.

Los especialistas que contribuyeron al informe “Robotlución” invitan a estar preparados para una transición que no será sencilla. Pero si actuamos con creatividad y decisión, entre el tecno-utopismo y el tecno-escepticismo hay un espacio para la inserción inteligente de nuestra región en el cambio tecnológico exponencial.

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