vajilla palstico fundacion varazdin eduardo jimenez
Un trabajador manejando la vajilla de plástico reutilizable de la Fundación Varazdin.

Durante la guerra de los Balcanes, la ciudad croata de Varazdin (a unos 100 km de Zagreb) estableció un puente aéreo humanitario con Pamplona. Detrás de esta bocanada de oxígeno estaba Navarra Nuevo Futuro. La asociación ayudó a que numerosos menores dejaran atrás el conflicto. Fueron atendidos y formados en España. Vivieron una segunda oportunidad. Aquella fue la semilla de la Fundación Varazdin, puesta en marcha en el año 2000. Desde entonces, la organización ha facilitado la inserción socio-laboral de personas con diversidad funcional y que se encuentran en situación o riesgo de exclusión social. Lo ha hecho siguiendo un modelo asentado sobre pilares innovadores. “Estas personas adquieren competencias profesionales con un cliente real (instituciones públicas, ayuntamientos, mancomunidades o empresas). Tienen un contrato y el alta en la seguridad social. Vuelven poco a poco a la normalidad”, explica desde la capital Navarra Eduardo Jiménez, gerente de Fundación Varazdin.

En paralelo a la dotación de un puesto de trabajo, la fundación ofrece a sus beneficiarios formación extra para enriquecer un periodo que puede prolongarse durante tres años. ¿Y después? “La mayoría 'sobrevive' sin nosotros y se integra de nuevo. La salida se produce en las mejores condiciones posibles”, explica Jiménez. El punto de partida no es fácil. “Hablamos de personas que duermen en la calle o que viven en un coche; del mundo de la prostitución y de gente que lo ha perdido todo y que no trabaja desde hace años. Les tenemos que reiniciar y reciclar”.

Volver a la normalidad

Con la salud mental irremediablemente mermada, Jiménez añade que en su acompañamiento está implicada la administración pública. “Trabajamos con Atención Primaria, Servicios Sociales y Salud Mental. El objetivo es dotarles de dignidad”. El gerente de Fundación Varazdin vuelve a hablar de innovación. “No somos asesores laborales ni un organismo caritativo. Nos basamos en la confianza en ellos. En su esfuerzo y en la vigencia de la utilidad de su trabajo”.

Después de la crisis de 2008, creció en número de personas que tocaron las puertas de la Fundación Varazdin. Jiménez retrata el perfil que configuraron los tiempos difíciles que siguieron al estallido de la burbuja inmobiliaria. “Pensemos en gente en torno a los 60 años que se hundió con la caída de la construcción. Tenían casa y familia. Tras el paro agotaron la renta garantizada y pasaron años sin hacer nada. Nuestra labor es por revertir esa involución personal. Somos el paso previo para que den el salto a una empresa normalizada. Les preparamos. Si no, lo tendrían más complicado”.  

Proyectos innovadores

La bolsa de empleo que oferta la fundación es variada. Limpiezas, mudanzas, reformas, organización logística de eventos, actividades de verificación de calidad… “Son actividades físicas y manuales en su mayor parte. Seleccionamos a los posibles candidatos en cada caso y los elegidos finales los verifican los Servicios Sociales. El Gobierno de Navarra subvenciona una parte del salario”. En todo caso, Eduardo Jiménez aclara que, a día de hoy, Fundación Varazdin es autosuficiente al 90 por ciento. “Aun así, necesitamos ayuda. Hay que tener en cuenta que la productividad de estas personas es a veces baja o que el absentismo laboral se multiplica por cinco respecto a otros trabajadores”.

Eduardo Jiménez, gerente de la fundación.

Jiménez explica que el COVID-19 ha tenido un impacto importante en la Fundación Varazdin. “Con el confinamiento de marzo la industria se paralizó y con ello algunas de nuestras actividades principales. Entre ellas, quedó guardada la vajilla de plástico reutilizable, una de las joyas de la corona en la organización y ejemplo exitoso de economía circular.

“En un verano cualquiera, trabajadores de la fundación habrían llevado la vajilla por los grandes eventos de Navarra -San Fermín incluido-, San Sebastián o Vitoria, en numerosas fiestas populares o en El Sadar, estadio de Osasuna de Pamplona”. En Varazdin se encargan de su transporte, distribución, recogida y lavado. Hasta ahora han fregado más de 2 millones de vasos. Es la única empresa certificada en España por AENOR para prestar este servicio. “Muchas veces se cae en el error de pensar que las personas en exclusión no pueden trabajar con calidad. Es posible hacerlo y además innovar”.

En la otra cara de la moneda están las nuevas oportunidades que la emergencia les ha brindado. Colegios, empresas e instituciones han intensificado la limpieza de sus instalaciones. “Hemos podido reubicar a los trabajadores. Nuestra prioridad ahora es mantener el empleo. Da miedo pensar en la posibilidad de un nuevo confinamiento. Sería una ruina económica”, concluye Eduardo Jiménez.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here