cambio climatico naturgy

Fundación Naturgy ha presentado el libro ‘Cambio Climático. Bases científicas y cuestiones a debate’, elaborado en colaboración con la Universidad Politécnica de Madrid. Coordinado por Julio Lumbreras, profesor de la misma y profesor visitante en la escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, y escrito por diez científicos internacionales, la publicación busca concienciar sobre la complejidad que entraña el reto del cambio climático.

En él, admiten la necesidad de seguir planteando soluciones, pero, según ellos, tienen que ser sistémicas. “Hay que considerar las ciudades en su conjunto, las cadenas de valor industriales, las economías agrícolas de forma regional, y los mercados de capital y sistemas financieros como problemas climáticos complejos”.

Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica y Reto Demográfico, ha participado en la presentación, donde ha declarado que es necesaria “una transformación transversal que abarca todo, empezando por el sector energía, pero no solo; hay que implicar al conjunto de la economía, a la producción industrial, a la ordenación del territorio, a la fiscalidad, a la capacidad que tenemos para construir ciudades mucho más sostenibles, a un sector financiero que tiene que pensar el riesgo y la oportunidad de otra manera, y disponer de instrumentos llave en mano que faciliten las decisiones individuales junto con la señales regulatorias que ofrezcan los gobiernos”. 

Asimismo, para Ribera es importante “la dimensión exterior del reto, puesto que los impactos del cambio climático fuera de nuestras fronteras acabarán también teniendo consecuencias dentro de las nuestras, a través de esos vectores de transmisión que compartimos: producción industrial en terceros países, hambrunas o problemas de fenómenos meteorológicos extremos en terceros países, o necesidad de cambio revolucionario en el ámbito industrial, que también afectará a nuestra producción nacional”.

“Hay soluciones –ha finalizado– que hoy ya están disponibles y otras que probablemente no, pero empezar a trabajar sobre ellas nos permitirá acelerar el ritmo de descarbonización y también, evidentemente, la capacidad de construir resiliencia frente a los impactos del cambio climático, viendo también cómo la naturaleza nos puede ayudar”.

“No sabemos cómo será el futuro”

El director del Centro para el Medio Ambiente de la Universidad de Harvard, Daniel P. Schrag, ha sido el encargo de dirigir la presentación de la publicación de Fundación Naturgy. La incertidumbre sobre el futuro ha sido su principal tema: “Sí sabemos que el cambio climático no es distante y nos afecta hoy. Aumenta el nivel del mar 3,5 mm al año. Enormes cambios en la capa de hielo y quedan todavía cambios que dan mucho miedo". 

“Esto nos lleva a otra parte del cambio, algo difícil". Para él, cualquier aspecto tiene que ver con escalas temporales muy largas. “Hablamos de siglos a milenios, el tiempo que tardan en fundirse las capas de hielos, epero puede ser en menos tiempo”. Un problema, ha incidido, colectivo, ya que ningún país, o ningún grupo de países, puede solucionar esto solo. Es un reto que nunca habíamos visto antes. Muchos de los países se han ayudado antes, y tenemos que volver a luchar contra un enemigo común, aunque no sea visible. Necesitamos también un cambio tecnológico para cambiar este cambio climático”.

“Hay mucha incertidumbre en este debate climático, pero no hay ninguna duda sobre si está sucediendo y tenemos que ver cómo son de graves. No sabemos cuánto va a aumentar el nivel del mar. No sabemos que intensidad tendrán las olas de calor en veinte años. No sabemos cómo cambiara el ciclo hidrológico, si podremos conseguir cosechas… no sabemos cómo la gente podrá adaptarse a estos cambios. ¿Flujos migratorios que traigan conflictos? ¿Nuevas tecnologías? No lo sabemos tampoco”, ha afirmado.

Por ello, Schrag “tenemos la obligación de narrar la historia, nuestro punto de vista, y lo que sabemos. Una y otra vez, una y otra vez. Tenemos que hacer que la gente entienda los riesgos y que sepan qué es lo que nos espera”.

Preguntas sin responder

Julio Lumbreras, coordinador de la publicación no sabía qué decir que fuera novedoso cuando Fundación Naturgy le propuso este reto. Había elementos esenciales, pero ¿cómo recogerlos? “De la misma manera no se puede solucionar sin otra participación de los ciudadanos, este libro no se podía escribir con una sola persona, por eso propuse que fuera colectivo”. 

Por ello, también pensó en algunas de las principales preguntas pendientes: ¿se está acentuando el cambio climático? ¿Lo estamos sufriendo ya? ¿Es el único problema? ¿Cuál es la contribución humana? ¿Cuáles son las principales incertidumbres? ¿Hay mitigación? ¿Podemos y debemos aceptar el cambio o seguimos intentando mitigarlo? ¿Cómo capturar el CO2 con tecnología? ¿Necesitamos un nuevo modelo socioeconómico, debemos transformar nuestro sistema? 

¿Posibles respuesta?

José Manuel Moreno, catedrático de Ecología en la Universidad de Castilla-La Mancha y antiguo Co-Chair WG2-IPCC, ha considerado quel cambio climático se está acelerando. "Si los organismos que habitan nuestro planeta pudieran gritar, el mundo sería un estruendo ensordecedor. Con esta metáfora, quiero decir que estamos cambiando el planeta por nuestra acción, y todo con evidencias científicas claras. No son fakes news. Que no nos intenten engañar con cantos de sirenas”. 

Por su parte, Rafael Borge, director del Laboratorio de Modelización Ambiental en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid, ha opinado que es muy difícil hablar de incertidumbres, sobre todo por los tiempos. “Hablamos de años a milenios. Solo tenemos observaciones desde hace muy poco, y cuando hablamos del futuro, la única ventana que tenemos para entender el futuro climático es el uso de modelos”. 

Según él, es imposible eliminar incertidumbres. Tenemos que vivir con ello. “Lo que hacemos nosotros es combinar la evidencia y los acuerdos. Cuando hablamos de observaciones es imposible fijarnos solo en la temperatura y ver el estado de las cosas, porque afecta a todo el cambio climático. Cuando el parámetro está relacionado con el aumento del nivel del mar, o del efecto invernadero, confirma que vamos hacia esa dirección. El problema radica en que estos cambios pueden reducir grandes diferencias entre los resultados. Y lo que hagamos ahora será crucial para el futuro”. 

Adaptarse al cambio climático

Para Asunción Lera St-Claire, miembro del EC Mission Board on Climate Change Adaptation, hay que adaptarse. Sin más. “Pensamos que la adaptación es un proceso de cambio, nos tenemos que centrar ahí. Esto supone que la adaptación es difícil de conectar de otros aspectos socioculturales. Y esto no significa que nos tengamos que distraer de la mitigación, necesitamos integrarlo”. 

La adaptación más importante, para Lera St-Claire, es cambiar cómo percibimos los riesgos, cómo consumimos, en vez de continuar como si no pasara nada. “Lo que han demostrado muchos estudios es que la adaptación puede tener repercusiones negativas una vez se apliquen en distintos sectores. Tenemos que asegurarnos de que estos procesos de cambio son equitativos y debemos prestar atención a lo humano. La adaptación se articuló en cuanto al lenguaje del cambio y de la gestión”. 

Esto es importante, porque permite ver otros riesgos. "Esto ha llevado a reducir el problema a de la adaptación a una cuestión muy limitada. El papel que las personas llevan en los procesos, la parte social. Esto nos llevará a buscar soluciones en aspectos distintos, factores culturales en la adopción de valores, cómo consumimos, cómo abordamos el problema. Antes se ha mencionado y quiero incidir en ello: necesitamos que se vean claramente los ganadores y los perdedores en cada situación. Necesitamos una adaptación sinergética y transformadora. Un cambio que no sea lineal. Pero que sea rápido”. 

"Amenaza constante” de las ideas clásicas y neoliberales

Kirsten Dunlop, CEO de Climate-KIC, ha incidido en la idea de la necesidad de buscar soluciones innovadoras para paliar el cambio climático. “En primer lugar, los instrumentos que utilizamos, los enfoques, tratamos de utilizar algo que es el problema más sistemático que hemos enfrentando como especie. No somos conscientes del problema, del ámbito del conocimiento, pero no tenemos un conjunto de prácticas establecidas y formas de lidiar con esta naturaleza". 

Para Dunlop, se ha abordado el cambio climático con herramientas diseñadas en el mundo del pensamiento mecanicista, lineal e instrumentalizado donde la eficiencia lo es todo. “Hay un desequilibrio entre la naturaleza del problema y de las herramientas que queremos desarrollar. Hemos desarrollado diferentes herramientas que explican que las soluciones nacen. Tenemos que adaptar esto para nuestro cometido, tenemos que pensar en la naturaleza del problema, la complejidad y la escala. Quisiera señalar el diseño de la innovación, que debería permitir prepararnos para la incertidumbre, como algo esencial para abordarlo”.

Además, también ha señalado la "amenaza constante” de las ideas clásicas y neoliberales y que, estemos donde estemos, “siguen siendo intrínsecas a la hora de abordar el problema. Hay que sacarlo a la superficie para saber por qué pasa esto y ver todos los factores económicos que inciden en ello. Tenemos que ver cómo se institucionaliza la esperanza y el cuidado”.

Soluciones innovadoras

Howard Herzog, ingeniero senior de investigación en el MIT Energy Initiative, cree que la gente piensa que, al descarbonizar todo, se llegará al nivel cero. “Pero las emisiones son muy difíciles de mitigar, y la innovación será clave. La capital y neutralización del CO2 es algo muy difícil. Esta captura, unas 30 toneladas al año, es solo un comienzo, pero es importante. La piedra caliza, vital para el cemento, es bastante responsable de las emisiones. Hay ciertas emisiones difíciles de quitar como agricultura y aviación. Se puede seguir emitiendo, pero equilibrando, como con CSS o con captura directa de aire. Pero, ¿qué hacer con lo almacenado?

Ahí es donde ha entrado Rubén Juanes, profesor del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y director del Henry L. Pierce Laboratory for Infrastructure, Science and Engineering, que ha considerado que se puede pensar en entornos geológicos y se podría inyectar el dióxido de carbono de la atmósfera en yacimientos de petróleo y compensar los costes. “Otra opción es la inyección en acuíferos salinos profundos, en el océano. Y, como demuestra la evidencia, supone una de las ofertas mñas prometedoras para esto. Ofrece una gran capacidad de almacenamiento. Podemos volver a las cifras anteriores al efecto humano. Se necesitarían 40 millones de barriles. Esa será la escala necesaria para esto, lo que es un reto hercúleo. Es importante tenerlo en cuenta". 

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here