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El "giro copernicano" de las empresas y por qué las políticas de RSC son fundamentales para el futuro de la ciencia

La Fundación General CSIC y la Fundación CEOE hacen visible la necesidad de potenciar la colaboración público-privada para acelerar la llegada de la I+D+i a las empresas y al conjunto de la sociedad
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Ramón Torrecillas (derecha), presidente de Fundación General CSIC, y Pedro Mier, presidente de AMETIC y de la Comisión de I+D+i en la CEOE.

“La investigación es muy necesaria, pero no es suficiente. Debe llegar al mercado y al ciudadano y no quedarse en las estanterías de las instituciones públicas”. Ramón Torrecillas, director general de la Fundación General CSIC (FGCSIC), explicaba ayer de manera gráfica las necesidades de un mayor entendimiento entre la ciencia pública y la empresa privada. Lo hacía durante un encuentro celebrado en el Real Jardín Botánico de Madrid, donde la FGCSIC y la Fundación CEOE, han mostrado, con el ejemplo de su propia alianza, que volcar políticas de RSC empresarial en investigación es beneficioso para que la innovación recorra antes el camino que va del laboratorio hasta la vida de todos los ciudadanos.

En un cambio de rol de las empresas más allá del de generadoras de riqueza, la cita ha servido para profundizar en un nuevo compromiso con la sociedad que trasciende la llegada de productos y servicios al mercado. El combustible privado es necesario para que el motor de la ciencia carbure. Fátima Báñez, presidenta de la Fundación CEOE lo argumentaba con datos. Si España hubiera destinado un 2 % del PIB a la I+D+i (porcentaje mínimo aceptable considerado por los expertos) desde los años 60, hoy disfrutaríamos de un 15 % más de bienestar. “El binomio ciencia-empresa es ganador para la sociedad española y para sus empresas y autónomos” -añadía Báñez- “y la colaboración público-privada es el puente hacia la excelencia para lograrlo”.

De perfil multifacético, Ramón Torrecillas aseguraba que nació emprendedor para después hacerse científico. “De ahí que, a lo largo de toda mi vida profesional, siempre haya sentido la necesidad de llevar al mercado la investigación”. El director de la FGCSIC situaba la I+D+i en un marco nuevo que obliga a cambiar mentalidades y estrategias. “Las empresas ya no compiten entre sí, lo hacen los modelos científico-tecnológicos. Los que mejor funcionan son los que cuentan con un ecosistema bien engrasado a su alrededor. Llegan antes al mercado”.

Según Torrecillas, España no es la más rápida en esta carrera. Bien posicionado en la clasificación científica, la pujanza del país cae cuando hablamos de protección y explotación industrial. Los países líderes son más equilibrados a lo largo de toda la cadena. “Sin embargo -señalaba Torrecillas- la innovación que aporta mayor valor a las empresas es la más disruptiva, aquella que tienen unas profundas raíces en la ciencia. Es la más protegida y la más competitiva. Por tanto, la ciencia básica es fundamental para los grandes avances”.

Bajo esta premisa, Ramón Torrecillas entiende que la RSC puede ser “un instrumento perfecto desde el minuto cero” para potenciar esa parte de la ciencia básica orientada a una futura explotación por parte de las empresas. “No hablamos de ciencia de peor calidad, sino de un cambio de mentalidad: la ciencia básica debe llegar más rápido al mercado”.

El responsable de FGCSIC invitaba a las empresas –“cuantas más, mejor”- a beneficiarse de las ventajas que supone trabajar con FGCSIC. Además de los aspectos fiscales –“donde somos mejores que otras fundaciones”- Torrecillas se detenía en las capacidades de la fundación para hacer un “traje a medida” de cada empresa y convertir sus ideas más osadas en algo tangible. “Nos podemos permitir ir adelante con planteamientos que sería muy arriesgado que la empresa acometiera sola”.

En cada uno de estos acuerdos, la FGCSIC busca las personas adecuadas dentro y fuera del país y del CSIC (que ayer nombraba a Eloísa Pino nueva presidenta). “Atraemos talento, formamos un equipo y hacemos una propuesta a la empresa. No prometemos la Luna, pero hacemos las cosas de otra manera”. Ramón Torrecillas confía en que esta faceta de la RSC ligada a la ciencia genere un efecto llamada. “Si hay volumen y masa crítica, el resultado va a ser inmediato”.

Hace unos años, la FGCSIC puso en marcha una iniciativa, a otra escala, de lo que ahora pretenden: los Open Labs, espacios privado-públicos donde investigadores de ambos mundos trabajaban en proyectos comunes. Del tira y afloja y de la variedad de perspectivas no nació un conflicto. Ambas partes salieron beneficiadas y nutridas de aquel intercambio. El Programa ComFuturo de apoyo a jóvenes investigadores es otra muestra exitosa de colaboración público-privada entre FGCSIC y varias compañías.   

Para Pedro Mier, presidente de AMETIC y de la Comisión de I+D+i de la CEOE, las empresas han dado “un giro copernicano” a sus prioridades. “La RSC y sus evoluciones marcan la ruta. Es consecuencia de la propia sensibilidad social, incrementada en las nuevas generaciones y en lo que las mueve”. Con el propósito sobre la mesa, Mier recordaba que los jóvenes quieren formar parte de proyectos que merezcan la pena. “Las empresas que no sean capaces de sugerir un fin atractivo, lo tendrán más complicado para llamar la atención de los nuevos talentos. El apoyo a la ciencia está bien considerado”.

Pedro Mier coincidía con Torrecillas al lamentar que España esté bien situada en los rankings de ciencia, pero “muy mal” en los de innovación. Un “gravísimo problema” que, a su juicio, acarrea importantes consecuencias. “La ciencia es global por naturaleza y la innovación es territorial. Lo cierto es que la riqueza y el empleo vienen de la innovación, y ésta la realizan las empresas. Si no rompemos esa paradoja estamos perdidos. Las dos fundaciones compartimos un entendimiento parecido en este sentido ya que, en España, el principal problema es cultural”.

El presidente de AMETIC apuntaba otros prejuicios infundados. “La ciencia es buena, la empresa es mala. Es un error extraordinario. Igual que cuando se critica al científico desde la empresa alegando que siempre ‘está en su nube’. Debemos romper con esto. Nos lo jugamos todo; el futuro y el bienestar de las próximas generaciones. Es mejor no hablar de buenos ni de malos, solo de un objetivo común que atacar conjuntamente”.

En cuanto a la cuantía de la inversión privada desde la RSC en ciencia, Pedro Mier argumentaba que, si bien los recursos siempre son mejorables, lo importante es tener claro qué objetivo se persigue. “La nueva Ley de Ciencia tiene el compromiso de mantener un 1,25 % del PIB en I+D+i. Está muy bien, pero, ¿cómo lo vamos a invertir?, ¿cómo lograremos la implicación de la parte privada para incrementar ese porcentaje? Debemos evolucionar el concepto de transferencia, que no tenga que pasar por tanta validación. La parte pública y la privada han de trabajar a la vez y desde el principio para ir más rápido. Si no, perdemos competitividad”, concluía.

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