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La investigadora Estefanía Custodio. (Imagen: ISCIII).

Estefanía Custodio: actividad científica para mejorar la alimentación de los más vulnerables

La investigadora del Centro de Medicina Tropical del Instituto de Salud Carlos III aboga por intensificar el uso de herramientas tecnológicas en la lucha contra el hambre
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En octubre del pasado año, el Centro de Medicina Tropical (CNMT) del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) abría una nueva línea de investigación como parte de su programa de Salud Global, denominada ‘Nutrición, resiliencia y salud global’ y liderada por la investigadora Estefanía Custodio. El objetivo principal de la iniciativa es, según la investigadora, “mejorar la salud y el estado nutricional de los más vulnerables, con un foco especial en poblaciones de renta baja y media”.

Relacionada con esta iniciativa del ISCIII se produce la reciente colaboración de Estefanía Custodio con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La investigadora ha participado en la elaboración de una nueva guía en torno al indicador de Diversidad Alimentaria Mínima para Mujeres (MDD-W por sus siglas en inglés).

El indicador valora la calidad de la dieta en función del aporte de diversos micronutrientes esenciales. Las mujeres en edad reproductiva ven como el aumento de sus necesidades nutricionales como consecuencia del embarazo o la lactancia no son siempre satisfechas. Lanzado en 2015, el MDD-W ha sido actualizado gracias a las investigaciones desarrolladas en Camboya, Etiopía y Zambia en los últimos años. Un trabajo que ha permitido optimizar y refinar los métodos de recogida de datos y su análisis para el indicador.

Una herramienta valiosa para una mejor alimentación

“La guía actualizada aumenta la robustez del indicador”, apunta Estefanía Custodio. “Además de proporcionar herramientas para recopilar información y generar conocimiento dietético de calidad, la publicación promueve el diálogo y la aplicación adecuada de los datos. La incorporación de recomendaciones para el uso del indicador es un apoyo ante posibles acciones nutricionales”.

La investigadora recuerda que el MDD-W es el único indicador de dieta a nivel poblacional validado para mujeres en edad reproductiva. “Es también uno de los pocos indicadores de dieta poblacionales fáciles de recoger, analizar e interpretar”. Una ventaja que, para Custodio, ha llevado a que la FAO, la UE y otros organismos internacionales aboguen por que sea incluido entre los indicadores de desarrollo sostenible en la próxima revisión que tendrá lugar en 2025 ya que, actualmente, no cuentan con ningún indicador de dieta.

Estrategia alineada

Al frente de ‘Nutrición, resiliencia y salud global’, Estefanía Custodio trabaja en proyectos con metodologías y objetivos cercanos a los aplicados en su contribución a esta guía. De este modo, junto a UNICEF y el Centro de Investigación Conjunta de la Comisión Europea, trabaja en una iniciativa que valora las diferencias encontradas al utilizar diferentes indicadores de malnutrición aguda. El proyecto analiza el impacto que esto tiene en el análisis de la situación nutricional de una población.

Sacyr

El Centro de Medicina Tropical, dentro de la iniciativa FoodLand (un proyecto ‘Horizonte 2020’), trabaja con recomendaciones nutricionales para poblaciones en seis países africanos. También financiado por la Comisión Europea, el proyecto CRESCER idea y desarrolla acciones capaces de disminuir la desnutrición crónica de los menores de 5 años en Angola.   

Tecnología contra el hambre creciente

Para Estefanía Custodio, uno de los retos actuales “es la coexistencia de la malnutrición en todas sus formas, desde la desnutrición al sobrepeso y la obesidad, en una misma población, hogar o individuo”. La investigadora considera que los factores externos que impactan la seguridad alimentaria -climáticos, de conflicto o salud- han empeorado en los últimos años. Aumenta por tanto la población que pasa hambre en el mundo.

"Para enfrentarnos a estos retos es importante la identificación de indicadores válidos, reproducibles y robustos. También la creación de modelos que integren distintas dimensiones, para poder beneficiarnos de oportunidades como las que ofrece el big data y proponer intervenciones más efectivas y sostenibles", concluye la investigadora del CNMT.

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