LuisIgnacioVicente_PONSIP

Estamos evaluando los efectos de la primera ola y nos preparamos para la siguiente. El impacto de la pandemia en España está siendo enorme en lo social, por el número de afectados, y en lo económico, por el peso de sectores como el turismo o la hostelería. Volvemos a anhelar tener un sistema productivo en el que la gestión de la propiedad industrial nos ayude a transformar el conocimiento en alto valor añadido.

Nos acordamos de la “ciencia y la tecnología” cuando truena. Hay consenso en que son momentos de potenciar la innovación. Aunque el concepto de I+D+I ha tenido bastante éxito, la I+D y la innovación son ámbitos distintos, nunca sinónimos. La I+D es creación de conocimiento y necesita grandes dosis de financiación y talento, así como bastante paciencia para obtener resultados.

Por su parte, la innovación, que puede ser tecnológica, comercial u organizativa, es la utilización de ese conocimiento en el lanzamiento de nuevos productos y procesos. Hay mucha I+D que lamentablemente nunca se transformará en innovaciones e innovaciones que no se basan en I+D. No obstante, la experiencia me ha demostrado que una adecuada gestión de la tecnología suele estar presente en las innovaciones más interesantes.

Para ello, cada uno de estos dos ámbitos necesita una gestión de la propiedad industrial adecuada. En el caso de la I+D, podemos utilizar la información de patentes para orientar los proyectos y proteger adecuadamente los resultados. Cuando hablamos de innovación, la gestión de la propiedad industrial facilita la transferencia de esos resultados y la obtención del beneficio que complementa el circulo virtuoso de la I+D+I.

Recientemente veíamos que nuestro país ha bajado del puesto 29 al 30 en el reconocido Global Innovation Index que publica la Organización Mundial de Propiedad Intelectual. No es casual que esa precisamente este organismo de Naciones Unidas quien elabore unos de los índices más relevantes sobre innovación. Si analizamos con más detalle, es en el capítulo asociado a la “economía del conocimiento” en donde España tiene una posición más baja, el puesto 37.

Es el momento de identificar los ámbitos de mejora y crecer a partir de lo que ya estamos haciendo bien. Vemos con esperanza como desde abril meses se ha incrementado en más de un 78% el número de registros de patentes nacionales en Oficina España de Patentes y Marcas (OEPM)

También recibimos con agradable sorpresa los datos del CDTI sobre participación española en el programa Horizon 2020, la gran iniciativa europea de promoción de la I+D+I en colaboración. España es el cuarto país por subvenciones recibidas y el primer por proyectos liderados. Esto demuestra que estamos en donde se financia la I+D y tenemos éxito. Ahora nos falta hacer más. Nuestra I+D empresarial supone el 0,71% del PIB, lo que supone la mitad de la media europea. También tenemos que mejorar la transformación de los resultados de esta I+D en innovaciones.

Asimismo, hemos visto como se han acelerado algunos procesos, como los encaminados hacia la digitalización de las empresas, los colegios y la propia Administración. En cuanto a las decisiones políticas, será una buena noticia que haya acuerdos sobre un Pacto de Estado en temas que I+D y de innovación que contribuya a una eficiente distribución de los fondos que recibamos de la Unión Europea, como se viene demandando desde tribunas como la del oro de Empresas Innovadoras.

Tenemos empresas que demuestran día a día que desde España podemos competir en las grandes ligas tecnológicas. Son tiempos de actuar y de impulsar, otra vez, que España no pierda el tren del progreso. Para ello nos tenemos que basar en lo que ya estamos haciendo bien y en herramientas como la gestión de la propiedad industrial, que nos ayudará a transformar en progreso económico y social el conocimiento científico y tecnológico que ya estamos generando

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