Crudo Pimento son Raúl Frutos e Inma Gómez
Raúl Frutos e Inma Gómez son Crudo Pimento. (Imagen: José Carlos Nievas).

En la ‘cocina’ murciana de Villa Jarocho, base de operaciones de Crudo Pimento, siempre encontraremos en el fogón algún proceso de creación artística. La música experimental es sólo una de las patas del trabajo de Raúl Frutos e Inma Gómez en varias disciplinas que también incluyen la fotografía o la pintura. “A veces, además, guisamos arroces con marisco, calderos y hasta gazpachos manchegos. Nos apasiona la gastronomía”, explica Frutos. También la tecnología, concebida de un modo muy particular, con un pie en la tradición y otro en la tendencia.

Raúl Frutos trabajó muchos años como mecánico industrial y electrónico, “inventando y fabricando ingenios para la industria alimentaria”.  Esto hizo que siempre tuvieran a mano todo tipo de materiales y herramientas que Crudo Pimento ha llevado a su terreno para construir instrumentos propios y dar en el clavo con sonoridades nuevas y antiguas. “Algunos de los discos se han grabado en parte en el taller. Son sonidos industriales nacidos en la huerta del Segura”.

En marzo lanzaron Pantame (Everlasting Records), su cuarto disco tras Crudo Pimento, Fania Helvete y Teleiste Mouska. Grabado en Nueva York, es un crisol de géneros -flamenco, reggae, pop o jazz- en un arco amplio de lo experimental a lo popular, que gana peso en este trabajo. Por primera vez han colaborado con un productor externo, Marco Buccelli. “Es un genio, viene de la escena del free jazz, del hardcore en Boston, y se entronca directamente del folclore italiano”, explicaba Frutos recientemente.

De vuelta a Murcia, y al margen de quemaduras y cortes, Raúl Frutos define el trabajo en el taller como “pura diversión”. La mayor parte de las veces parten de la improvisación, “por ejemplo, de ciertas características tímbricas de pequeños artefactos de acero que van tomando la forma de algo parecido a esculturas para derivar en afinaciones muy particulares que nunca fueron premeditadas”.

En otras ocasiones tratan de reelaborar instrumentos tradicionales presentes en el  folklore de distintas regiones del mundo y que hoy es imposible comprar en una tienda. “No queda otra que construirlos”. Es el caso de la marímbula, un instrumento afro caribeño rudimentario, “de graves generosos y cálidos”, que en Jamaica conocen como Rumba Box y en México como marímbol. “Nosotros hemos creado nuestra particular versión partiendo de latas de pimentón de la tierra, con electrónica y partes mecánicas propias”.

Para innovar toman como base lo ancestral. “Hay una frase un tanto estúpida que siempre repetimos: ‘A la vanguardia, por la retaguardia’. Creemos a ciegas en la música como instrumento de comunicación en el medio social y entre culturas”. También confían en la infalible autenticidad del lenguaje infantil, y trasladan estas estructuras a sus composiciones. “Dejamos demasiado pronto de ser niños. En el momento en que te defines a ti mismo con el término ‘artista’, o, por decirlo de otro modo, te lo tomas demasiado en serio, la chispa de la creación y su pulsión incontrolada e inmediata, se pierden. Es fascinante la nebulosa creativa en la que viven los niños y las niñas sin reparar en postulados ni afirmaciones artísticas; entendemos que es la única forma de poder crear algo sincero y puro”. 

En los últimos años, Murcia ha sido la cuna de una interesante camada de nuevos talentos musicales –Second, Neuman, Varry Brava-  que han revitalizado los escenarios españoles con propuestas de nivel. “El aire de la zona acumula unos niveles de contaminación alarmantes; también tenemos un río con patos mutantes y la lluvia no existe. Es un caldo insano de cultivo pero, paradójicamente, muy fértil para el desarrollo de ideas y creatividades muy dispares entre sí”.

En tiempos de reggeton, han demostrado que hay cabida para el cruce de estilos, ritmos y sonoridades, o que el surrealismo mantiene la frescura como vía autorizada de expresión artística. Un viaje en el que han terminado por hacer alucinar al Nueva York más ‘in’ que asistió a su concierto en una sala de Brooklyn meses atrás. Por el camino, “años de trabajo diario” en los que se han dejado llevar por el proceso creativo. “Lo importante ha sido no tener más expectativas que seguir creando y dar forma a ideas que se van amontonando”. 

No parecen preocupados porque las ventas de discos en formato físico hayan descendido a niveles “casi anecdóticos”. “La industria ha mutado y ha sabido adaptarse al medio digital. El volumen de negocio es el mismo e incluso mayor, sigue siendo billonario; simplemente ahora se empaqueta de manera distinta para hacérselo llegar al oyente que, por otro lado, cada vez fagocita a mayor velocidad los productos musicales”.

Un ritmo ante el que el contacto directo con el público ejerce como buen antídoto. “Siempre nos quedará el directo para disfrutar y paladear la música de una forma más pausada, activa y alejada de esa vorágine tan efímera que propone el nuevo modelo de comercialización del arte”.

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