Enrique Gracián como construir el mundo
Enrique Gracián. (Imagen: Fundación Telefónica).

“Para construir cualquier cosa hay que saber de qué piezas dispones y cómo las vas a unir. Todo ello en un contexto condicionado por el escenario del juego”. Pese a la aparente simpleza de este punto de partida, Enrique Gracián, matemático, escritor y divulgador científico, asegura que terminó exhausto la escritura de ‘Construir el mundo’ (Arpa Editores). Hace unos días, el autor conversaba con el también divulgador y físico José Luis Crespo dentro de una nueva edición del Foro Telos, celebrado en el espacio Fundación Telefónica en Madrid.

En la obra, Gracián va de lo pequeño a lo grande en su intento por desgranar los mecanismos esenciales del universo. “Pese a los muchos elementos que lo conforman, como base nos bastarían los más elementales: quarks, electrones, quizá los neutrinos…” Al final del viaje, el autor corrobora el confort de nuestro mundo comparado con lo que nos espera ahí fuera.

“El universo es inalcanzable e incomprensible… hablo de planetas que no han llegado a ser soles y existen en la oscuridad más absoluta; de la propia materia oscura, tan amenazadora, o de las caóticas explosiones de las supernovas. Es inhóspito por definición. La mitología griega, con el poder de sus dioses, es un cómic para niños si nos atenemos a lo que realmente sucede”, apuntaba Enrique Gracián.

Pandemias, tecnología y la irreversibilidad de los procesos

El libro deja claro que la mayoría de los procesos del universo son irreversibles. José Luis Crespo llevaba este hecho al tablero de juego de la pandemia. ¿Volveremos al punto de partida del mundo preCOVID-19 una vez pase la emergencia? “Nuestra civilización es básicamente tecnológica. Nos dirigimos a alguna parte, pero aún no sabemos dónde. El caso es que no podemos parar, no digamos ya retroceder”, explicaba Enrique Gracián.

Esta sociedad, “altamente depredadora”, aplica dinámicas que no admiten parones. “Sin embargo, la pandemia nos ha obligado a parar, al menos de momento. Después de tanto tiempo yendo solo hacia adelante, el paréntesis hará que nuestro mundo se resienta. Con todo, si prestamos atención, en los últimos meses no hemos intentado adaptarnos, sino prever cómo seguiremos avanzando”.

José Luis Crespo. (Imagen: Fundación Telefónica).

Para Gracián, uno de los problemas pasa por hacer las preguntas equivocadas. “Sólo nos cuestionamos cuándo regresará la normalidad a la parte más lúdica de nuestras vidas, sin tener en cuenta si dispondremos de aquello que la hacía posible. No sé que pasará, tendría que ser chamán o adivino, pero la vuelta hacia atrás es muy complicada. Asistiremos a muchas novedades puesto que los acontecimientos que tocan en profundidad el sistema (y la pandemia lo es) desembocan en cambios en la mentalidad y en la percepción del mundo”.

Un mundo de botones

Buena parte de ese acelerón enloquecido en que vivimos parte de la necesidad, casi siempre infundada, de desarrollar dispositivos que, a su vez, obligan a diseñar otros nuevos en un círculo vicioso imparable. En esta cadena, el botón es un símbolo importante para Enrique Gracián.

“De las calculadoras hemos pasado a máquinas cuyo funcionamiento desconocemos. Lo negativo en una sociedad tan ‘botonera’ como la nuestra es que haya personas que acaben adoptando el rol de botón si su única función es pulsarlos. Es peligroso. Unos pocos diseñarán los algoritmos y los entenderán; otros solo los ejecutarán. En teoría, las máquinas hacen el trabajo sucio para que podamos dedicarnos a otras cosas pero, cuando un Deep Blue gana al campeón de ajedrez, ¿también está haciendo un trabajo sucio?”.

Divulgación

Para bajar a la tierra toda esta complejidad, la divulgación ayuda. Una tarea en la que hay que establecer la diferencia entre conocimiento y cultura científica. “Las teorías de Newton, por ejemplo, son claramente conocimiento. Se trata de enseñanzas que los alumnos van a aplicar en su día a día. Sin embargo, la cuántica es compleja de entender y de explicar, además de un infierno para la divulgación. Por eso, el modelo planetario tiene tantas virtudes a nivel divulgativo. Cuando lo explicas descubres además lo vacío que está todo, las enormes distancias del universo”, añadía Gracián.

El matemático, para quien un profesor es un divulgador, invitaba a ser concisos en un mundo repleto de información. “Hay que tener cuidado con el rigor científico. Todo depende de la audiencia. No pasa nada por bajar el nivel en favor de una mayor compresión. Lo importante es situar las enseñanzas en su contexto histórico y dotarlas de cierta emoción, ya sea una derivada o una sinfonía musical. Lo decía Baltasar Gracián: “Qué importa que el entendimiento se adelante si el corazón se queda”.

Creatividad mal entendida

Una de las herramientas en teoría más potentes para diferenciarnos de las máquinas es la creatividad. Enrique Gracián la moldea para alejarla de acepciones equivocadas hoy muy presentes. “No sé si la creatividad se puede enseñar porque desconozco en qué consiste realmente. Lo interesante además de posible sería enseñar con mayor ahínco a relacionar las cosas: ideas u objetos que en principio no tienen conexión, pero que conservan una parte secreta que al descubrirla da lugar a algo nuevo”.

El experto llamaba a no perder la perspectiva ahora que en las escuelas hablan de potenciar la creatividad. “Tiene algo de moda. Hay que ser cuidadosos porque la creatividad mal entendida borra aspectos necesarios para que surja, tales como la técnica o el esfuerzo. No es un proceso espontáneo. Claro que la escuela holandesa de pintura era creativa, pero también fue capaz de generar las herramientas necesarias para expresar las cosas de otro modo”.

Enrique Gracián y José Luis Crespo en un momento de la charla. (Imagen: Fundación Telefónica).

Enrique Gracián criticaba en este plano el encorsetamiento de algunas disciplinas universitarias y el estrecho vínculo entre el mercado y la ingeniería. “La carrera es un elemento de control: quién entra, quién sale, quién llega al final. ¿Los hacen los más creativos? ¿Los más inteligentes? Probablemente triunfen los más tenaces. Si algo tienen en común todos los alumnos, al margen del área, es que llegan a la universidad insuficientemente preparados tanto en información como en talante. Y lo que es peor: nadie les ha enseñado a estudiar; es clave y requiere de técnica. Por eso tanta gente inteligente fracasa en los exámenes”.

Innovación y aprendizajes

José Luis Crespo ponía sobre la mesa un debate vigente ahora que la tecnología ha irrumpido para quedarse en los sistemas de aprendizaje. ¿Ganará la imagen al texto? “Aportan distintos tipos de información”, señalaba Enrique Gracián. “La imagen activa en nosotros más dispositivos de percepción. En cualquier caso, todo depende de cómo cada uno de nosotros gestione la información que recibe. La lectura es más activa en ese sentido, pero lo audiovisual ayuda a comprender mucho mejor ciertas cosas”.

Dentro de esta evolución, Crespo considera que la realidad aumentada y los videojuegos también multiplicarán su utilidad paulatinamente, aunque aún no vivan su etapa ‘masiva’. “Hace 20 o 30 años, hacer un vídeo era algo complejo y hoy está al alcance de cualquiera. Con esas otras tecnologías todavía no estamos en ese proceso de abaratamiento generalizado, que llegará en 5-10 años”.

Un entramado donde Gracián ha defendido a capa y espada el valor del autoaprendizaje. “Es el aprendizaje por excelencia. Llega un momento en el que hay que dejar solos a los alumnos; una parte importante de la enseñanza les corresponde a ellos. Gracias a Internet el autodidactismo es cada vez más sencillo, aunque hay que estar atento para que no te den gato por liebre”.

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