Enric Gomez EDUVIC educación incertidumbre COVID-19

Con los rebrotes in crescendo las incógnitas se ciernen sobre la vuelta al colegio. Llueve sobre mojado en la incertidumbre y gana enteros la posibilidad de un nuevo confinamiento en otoño. ¿Cómo manejar aquello que no está en nuestras manos? El terapeuta familiar de EDUVIC, Enric Gómez, recuerda que, “aunque parece que lo habíamos olvidado”, ya veníamos de un mundo previo a la pandemia volátil, incierto, complejo y ambiguo.

El experto ha participado en un encuentro organizado por el Instituto de Formación Continua IL3 de la Universidad de Barcelona para ofrecer un decálogo de recomendaciones a la hora de encarar unos meses en lo que se multiplican los elementos que quedan fuera de nuestro control. “El cerebro es un órgano muy complejo que busca atajos y que, en cierta forma, funciona a través de procesos automatizados. La percepción de amenaza constante provoca que la parte emocional del cerebro impida funcionar correctamente al área racional y reflexiva”.

Gómez admite que el regreso de los niños y niñas a la escuela es uno de los puntos críticos dentro de los reveses que acarrea la presencia activa del SARS-CoV-2. “Ya no sólo están en juego el aprendizaje y la socialización de los niños, sino que el país tire o no hacia adelante”. El educador social, pese a reconocer que no hay dos situaciones familiares iguales, recuerda que la posibilidad de que se cancele la actividad presencial en las aulas ya no sería del todo nueva. Y es que, quien más quien menos, lleva en la mochila determinados aprendizajes para ayudar a sus hijos a sobrellevar la educación en remoto.

“Con este panorama, hay que integrar la incertidumbre como algo con lo que tenemos que aprender a convivir”, apunta Enric Gómez. “La naturaleza nos ha recordado que no podemos tenerlo todo bajo control, por mucho que las investigaciones contra el virus avancen a buen ritmo. La cuestión es cómo hemos vivido estas circunstancias y cómo podemos vivirlas. Desgranar de qué forma nos afectan y desde ahí modelar la manera de transitar estas experiencias contando con nuestros hijos e hijas”.

“Sorpresa, tristeza, hostilidad, miedo, ansiedad, culpa… todas ellas son emociones que ejercen como respuestas adaptativas a una realidad incierta. No somos ningún bicho raro si nos sentimos así”. “El problema -añade Enric Gómez- es cuando estos sentimientos se perpetúan en nosotros hasta llevarnos a un secuestro emocional en el que tomemos decisiones instantáneas, muy reactivas, poco reflexivas”.

"Está en nuestras manos ser más amables y compasivos o limitar el consumo de noticias”

El docente invita a ponernos a salvo. ¿Cómo? Estableciendo relaciones de protección. Tejiendo, niños y adultos, nuestra propia red de seguridad. Sólo así restaremos toxicidad al estrés. “Contar con personas significativas, amigos y familiares, que escuchen y calmen ante una situación desbordante en la que todos tenemos derecho a descontrolarnos”.

En paralelo, otra fortaleza deriva de la explotación de los elementos que dependen de nuestra intervención para despojarnos así de miedo y ansiedad. “Es importante lavarnos las manos o mantener la distancia física, no social. Precisamente necesitamos más proximidad social que nunca. Estar disponibles para el otro y al revés nos ayudará a la creación de las redes de seguridad. No sabemos hasta qué punto son fiables las estadísticas o cuánto tiempo conviviremos con el virus, pero sí está en nuestras manos ser amables y compasivos o limitar el consumo de noticias”, detalla Enric Gómez.

En casa, Enric Gómez defiende reforzar los vínculos familiares. Los niños perciben cómo viven la pandemia sus padres, cómo normalizan algunos aspectos y se convierten en el gran elemento protector. “Generalizando, las familias nos confinamos como vivimos. Las vivencias de los últimos meses enlazan con experiencias previas. ¿Por qué no aprovechar esta situación para potenciar la resiliencia? Aplicamos una crianza helicóptero, sobreprotectora. Aprendamos y enseñemos a ‘metamorfosear’ el dolor. Afrontemos con éxito la adversidad, la tragedia o la amenaza. El conocimiento acumulado ahora puede resultar muy útil ante adversidades futuras”.

Este caldo de cultivo favorable para no sucumbir a los efectos del escenario actual tiene una palanca principal en el hogar, pero no sólo. “Hay que huir del aislamiento”, asegura Enric Gómez. “Cultivar la amistad y la capacidad de empatía. Los adolescentes tienen aquí mucho que enseñarnos. Pueden parecer solitarios, pero han permanecido conectados a través de sus canales comunicativos. La comunicación es la receta para no ser ajenos a lo que ocurre. Es necesario expresar con palabras lo que vivimos para normalizar y validar lo que sentimos. De este modo, nuestros hijos no pasarán por ello con extrañeza”.

El experto considera que este es el camino que han de tomar los padres, pero también las escuelas, con espacios donde compartir estos significados. “Además, los niños tienen que tomarse un respiro y desconectar, salir todo lo que puedan, cultivar amigos y compartir”.

Como envoltorio de estos consejos, Enric Gómez habla del relato, de dotar de sentido a la experiencia del COVID-19. “Teniendo en cuenta la edad de cada niño, procuremos ser claros en torno a la realidad del virus. Cómo afecta y qué hacer para prevenirlo. Hablar ya de las consecuencias de volver al colegio, de las actuaciones diseñadas en caso de contagios, donde cualquiera de nosotros puede estar implicado. Debatir sobre la culpa, de lo fácil que es buscar chivos expiatorios”.

El educador concluye afirmando que la escuela, “empezará o no, pero va a estar al lado de los alumnos”. Para Enric Gómez hay que confiar en la capacidad de los profesores, “figuras profesionales muy sensibles que seguro ayudarán a las familias; ellos también son red”. “El mapa no es el territorio. La realidad nos desborda y tenemos que aprender a vivir con ello desde la aceptación. Ahora nuestros hijos tienen la oportunidad de integrar que lo que programamos no es siempre lo que finalmente sucede”.

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