Fue recetada por Hipócrates para la cura de distintas enfermedades y ensalzada a la categoría de mito por Cleopatra y sus famosos baños, mezcla de realidad y leyenda. La leche de burra está a punto de vivir un nueva edad dorada, esta vez multiplicando sus ‘poderes’ sanadores, o eso parece al menos si nos detenemos en la propuesta de la emprendedora salmantina Elsa García y en su empresa, Neathea, especializada en cosmética y nutrición biológica certificada a partir de este ingrediente tan particular.

Ingeniera de Caminos, Canales y Puertos por la Universidad de Burgos y máster en Energías Renovables, García ejerció la ingeniería durante ocho años durante los que, casi de manera involuntaria, se fraguó como en cuestiones de liderazgo, ya que trabajó casi todo ese tiempo por cuenta ajena y dirigiendo equipos. Y lo hizo casi siempre en el extranjero. Fue en la CNAM de París donde cursó un International MBA que complementara su formación técnica y le permitiera tanto afinar una visión global de los negocios como modelar su perfil comercial. Era un primer atisbo de lo que vino después.

“Cuando estaba en el máster desarrollé la idea de negocio de lo que hoy es Nathea”, explica García, que tras volver a España en 2017 decide apostarlo todo por el proyecto y participar en el primer Espacio Coworking EOI Salamanca (iniciativa de la propia Escuela de Organización Industrial y del Ayuntamiento de la ciudad). Inicialmente centró el tiro en la cosmética –comercializada hoy bajo la marca ALBA NATURA– pero sin dejar dejado de lado el ámbito de la complementación alimenticia,  que verá la luz en los próximos meses con el nombre de BIOLACTEA.

“El programa de la EOI me ayudó a priorizar con una estrategia que siguiera los pasos adecuados. A veces, estar tan volcada con un proyecto te hace perder perspectiva, por eso es muy recomendable contar con el apoyo de mentores en todas las fases de desarrollo de negocio”, argumenta García, que añade que el programa le ayudó a ganar en visibilidad, “un punto crítico para obtener financiación”, y a establecer los primeros acuerdos comerciales.

Pertenecer a una familia de empresarios y de tradición farmacéutica ha contribuido a normalizar su iniciativa. “En realidad, desde niña he sido emprendedora. Siempre sentí curiosidad por aprender cosas nuevas y le vi tanto potencial a esta idea que no dudé hacer todo lo posible por convertirla en realidad”.

Los argumentos para defender el proyecto Neathea son sólidos. “Es sostenible, ecológico, fomenta el desarrollo rural y se traduce en productos de calidad y eficacia testadas dirigidos a cubrir necesidades específicas”, enumera Elsa García, y explica cómo, además, contribuyen a la supervivencia de las burras de la raza zamorano-leonesa, especie oficialmente en peligro de extinción desde 1987. La ganadería del equipo de Neathea proviene de colectivo de ganaderos zamoranos ASZAL, dedicado a velar por el mantenimiento de la raza.

Tras 15 meses en marcha, el balance es positivo. “Desde la puesta en el mercado de los primeros productos –tienen 30 referencias de cosmética ecológica a la venta– se han cumplido todas las expectativas y estamos fidelizando clientes debido a la calidad del producto, pero sobre todo por el valor añadido de cada una de las etapas”.  Esta última aportación, realizar el proceso de producción de modo integral, es uno de los rasgos diferenciales de Neathea. “Tenemos la explotación de burras, extraemos y transformamos la leche, formulamos, elaboramos y comercializamos nuestros productos, todo con el mayor de los rigores”.

Con jornadas que “podrían durar 48 horas” y sin tiempo para aburrirse, García detalla que otras complicaciones vienen derivadas de trabajar con productos innovadores, sujetos a continuas modificaciones y con los que “no está escrito el camino al éxito”. Para acelerar los movimientos y la toma de decisiones no ha dudado de rodearse “de los mejores” en diseño, investigación, formulación o marketing.

Actualmente, Elsa García y su directora técnica, licenciada en Farmacia, son las dos únicas personas dedicadas full time a Neathea, lo que no impide que vayan de la mano de 10 estrechos colaboradores. “Con el tiempo queremos hacerlo todo con personal propio, pero externalizar ha sido una buena decisión para no poner en riesgo la viabilidad de la empresa”. Sus objetivos parecen asumibles tras constatar que han cumplido a rajatabla con el business plan previsto o que, junto a su tienda on line y 40 establecimientos físicos en España,  hayan empezado a exportar sus productos a Francia y Rumanía.

Capítulo aparte merece el próximo desembarco de su gama de nutrición, para cuyo testeo previo han contado con un estudio elaborado por la Universidad de Salamanca que ha permitido “conocer a fondo” los efectos de la leche de burra sobre los consumidores. Según la emprendedora, “las conclusiones han sido fabulosas”. Durante seis meses compararon las analíticas de 60 sujetos, 30 de los cuales incluyeron en su dieta 250ml/día de leche de vaca y los otros 30, 250 ml/día de leche de burra. “Los resultados arrojan una disminución total del colesterol, un aumento del HDL y una mejora de la respuesta autoinmune en el segundo grupo”.

Junto al lanzamiento del primer complemento alimenticio basado en leche de burra liofilizada, en 2019 quieren llevar al mercado 9 productos más que completen su oferta de cosmética facial. “Además de seguir vendiendo en tiendas ecológicas, pretendemos ampliar el negocio B2B con venta en centros de estética interesados en nuestra propuesta”.

Para García, Neathea llega en un buen momento. “El mundo entero, pero sobre todo Europa, está preocupado por el medioambiente. Es una prioridad política porque la sociedad así lo impone. Ya no es suficiente que el producto a ofrecer sea de calidad y eficaz, ahora debe representar unos valores acordes a los de sus consumidores. Sólo así es posible fidelizar clientes”. Opina que este es un camino que a España le va a costar menos trabajo tomar. “Estamos por detrás de la mayor parte de Europa, pero tenemos la suerte de vivir en un país con unos increíbles recursos naturales. Es cierto que un producto certificado como BIO va a ser más caro que otro que no lo es, y esa es la principal barrera de entrada para consumidores menos concienciados, pero es cuestión de tiempo que la tendencia se invierta”, concluye.

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