Inteligencia artificial

Todo lo que habíamos previsto, todo lo que pensábamos que iba a ocurrir se desvaneció cuando la pandemia nos golpeó  dejando en evidencia nuestros sistemas y modelos.

Todos ellos; económicos, sociales, sanitarios, educativos, culturales; se han demostrado incapaces de asumir el impacto de una situación que por rapidez, imprevisión y dureza nos ha dejado fuera de juego.

La presión a la que todos ellos se han visto sometidos en un plazo de tiempo tan corto ha sido tal, que la mayoría se han visto desbordados o anulados, demostrando que no estaban diseñados para asumir contingencias de esta naturaleza.  Una de las palancas que permiten modificar rápidamente esta situación es la tecnología.

Una tecnología que permite reducir costes, optimizar resultados, adecuar recursos y generar nuevos modelos de servicios, capaces de adaptarse a situaciones inesperadas en poco tiempo, es la inteligencia artificial. Esta nos permite ahorrar  costes; eliminar fases intermedias de procesos, que a veces se hacen demasiado largos y engorrosos; optimizar resultados; y una adaptación rápida a las necesidades del sistema.

Sin embargo, la implantación de esta tecnología requiere en muchas ocasiones de ciertos sacrificios que no siempre son aceptados y que generan en el sistema sujeto a cambio una serie de anticuerpos que luchan denodadamente contra él. Este es realmente el problema al que se enfrentan las nuevas tecnologías cuando existe la voluntad de implantarlas: donde algunos vemos nuevas oportunidades, otros solo ven pérdidas. Donde algunos ven despidos, unos vemos contratación, donde algunos vemos fluidez, otros conflictos.

La introducción en el mercado de cualquier innovación siempre supone una resistencia por parte del mismo. Pero cuando a esta oposición natural, se le añaden estos anticuerpos generados por los individuos que forman parte del sistema y que ven amenazadas sus zonas de confort, la situación se complica enormemente.

Antes o después, los cambios terminan por introducirse porque la realidad es la que manda y, o el sistema se adapta o desaparece. Ahora bien, esta oposición no solo supone un importante retraso en la implantación, sino un incremento en el  coste de llevarla a cabo.

Las oportunidades solo se transforman en realidades para aquellas entidades que son lo suficientemente rápidas en detectar los cambios y adaptarse a ellos y esto siempre es más fácil para aquellas cuyas estructuras son lo suficientemente flexibles para admitir los cambios sin que esto suponga una quiebra de intereses ya establecidos o una ruptura del propio sistema.

Las PYMES tienen una ventaja respecto de las grandes corporaciones; y no sólo porque se enfrentan a muchos menos elementos reacios al cambio, sino porque en la mayoría de los casos, a las PYMES solo les queda innovar no tanto por la técnica IBE (Innovación Basada en la Envidia) ni por la denominada IBM (Innovación Basada en el Miedo),  sino simplemente por necesidad pura y dura de sobrevivir.

Cambios estructurales: hacia una nuevo modelo sindical

Otros cambios a los que hay que enfrentarse son de tipo estructural y van más allá de la voluntad de las empresas: las estructuras laborales y el modelo sindical se han vuelto anacrónicos en el contexto actual. Las nuevas tecnologías suponen un cambio de concepto en las relaciones laborales y el espectro de sectores presenciales es mas reducido. Ahora las reivindicaciones se harán online (¿huelga de la tecla caída?), los despidos o las bajas voluntarias serán efectivas por email sin contacto personal,  y los trabajadores se organizarán en sindicatos virtuales, al margen de limitaciones territoriales, sectoriales o gubernamentales. Nos enfrentamos, por lo tanto, a relaciones basadas en la virtualidad.

Los sindicatos disponen de una oportunidad para generar nuevos modelos de unidad sindical como los sindicatos virtuales/digitales, y a las empresas corresponde establecer nuevos sistemas que atraigan y mantengan al talento.

Las PYMES, ante este nuevo modelo sindical, tienen una oportunidad para presentar soluciones basadas en inteligencia artificial o en big data que faciliten el análisis y nuevos modelos de relación entre las diferentes capas sindicales y la estructura de cuadros. La incorporación del voto en blockchain, es una oportunidad para incorporar una tecnología a la transparencia del proceso electoral y hacer que la formación sindical evolucione con nuevas propuestas.

La tecnología no elimina al ser humano, solo le ayuda a mejorar. No olvidemos que la tecnología la creamos nosotros:  “el padre, no Edipo”. La inteligencia artificial mejora procesos, optimiza sistemas y nos ofrece nuevas soluciones con mejores resultados a un coste inferior.

Ahora bien, la creatividad, la imaginación y la curiosidad son cualidades propias del ser humano y hasta el momento, ninguna tecnología puede sustituirnos en ello.

Artículo elaborado por CIBEX.blue

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