David Álvarez-Ponce, profesor de la Universidad de Nevada

“En el campo de la biología se están generando cantidades de datos cada vez más masivas”

David Alvarez-Ponce, profesor de la Universidad de Nevada

Estudió Biología en la Universidad de Barcelona, donde también hizo el Doctorado en Genética. Posteriormente, David Álvarez-Ponce completó esta formación con una Ingeniería Técnica Informática que realizó a distancia, en su tiempo libre. Esta, según sus palabras, “peculiar” combinación (biología e informática) ha propiciado que su labor investigadora no se realice en laboratorios tradicionales. El trabajo que lleva a cabo se basa en el análisis de datos genómicos que están disponibles públicamente, así que para él es más útil un determinado software que cualquier tubo de ensayo, microscopio o pipeta.

Así es como el equipo de la Universidad de Nevada (EE.UU.) que lidera este investigador español ha conseguido desvelar la evolución del gen responsable de que la carne roja produzca cáncer. Se denomina CMAH y ya se habían hecho algunos estudios previos que mostraron, por ejemplo, que había mutado en humanos, pero que seguía existiendo en otras especies de animales, aunque no se había profundizado más allá de algunos grupos en concreto.

“Lo que hemos hecho es un análisis con todos los genomas que hay disponibles para ver en qué animales se encontraba este gen y en cuáles no, y en cuáles está potencialmente activo y en cuáles no”, afirma Alvarez-Ponce. Es solo una parte de una investigación más amplia que lleva a cabo y que se centra en estudiar cómo la evolución de los genes está afectada por la selección natural.

A modo de catálogo
Volviendo al CMAH, el trabajo desarrollado por la Universidad de Nevada permite saber qué grupos de animales han perdido el gen y, por lo tanto, son más apropiados para el consumo humano, como, por ejemplo, la carne de ave. Ya se sabía que la carne roja está en la ‘lista negra’, pero han descubierto que en los peces hay muchos grupos que han perdido el gen.

“Hasta ahora se había pensado que los reptiles no tenían ese gen, pero nosotros hemos encontrado uno que sí lo posee”, afirma David Álvarez-Ponce. “Otra sorpresa han sido dos grupos de murciélagos que no lo tienen, un erizo que lo ha perdido… y muchos más descubrimientos”, añade. Se trata de “desarrollar un primer catálogo” para estudios posteriores que puedan plantearse cuestiones de fondo, como, por ejemplo, las causas de todas estas variaciones.

El gen CMAH permite la síntesis del azúcar tóxico denominado Neu5Gc, el cual está relacionado con la aparición de tumores espontáneos en humanos. El problema es que provoca una respuesta inmune en nuestro cuerpo que puede provocar inflamación, artritis y cáncer.

“El ser humano perdió este gen hace aproximadamente dos millones y medio de años, y se piensa que pudo ser ventajoso”, apunta el investigador de la Universidad de Nevada. En realidad hay distintas hipótesis, algunas de las cuales proponen que con dicha mutación “también nos libramos de patógenos que requieren de este azúcar para producir enfermedades”. Un claro ejemplo es un tipo de malaria que afecta a chimpancés y gorilas, pero a nosotros no.

El potencial del Big Data
Álvarez-Ponce señala que “en el campo de la biología se están generando cantidades de datos cada vez más masivas” a las que es fácil y barato acceder. Se trata de una tendencia al alza. Por ejemplo, “ya se está empezando a secuenciar genomas de tumores para diseñar un tratamiento específico para esa persona según el tipo de cáncer”.

El problema es que “falta personal cualificado para interpretar esos datos”, lo que puede llegar a provocar un cuello de botella. Se trata, por tanto, de una carencia que se puede convertir en una oportunidad para muchos. Además, aunque “cada vez tenemos más y más datos”, todavía “queda muchísimo por hacer”. “Por ejemplo, no tenemos suficientes genomas de plantas”, añade.

En Estados Unidos
El sistema te empuja a irte fuera porque te da a entender que, si no vas al extranjero, aunque sea durante un par de años, no vas a encontrar tu hueco profesional en España”, responde este científico cuando se le pregunta por los motivos que le llevaron a desarrollar su labor profesional en Estados Unidos.

Por eso estuvo dos años y medio en Irlanda, aunque luego regreso a su país de origen, en concreto, a Valencia, donde estuvo un par de años más. Su objetivo era estabilizarse. “Para los científicos es bastante difícil encontrar una plaza permanente, sobre todo en España debido a todos los recortes que se han producido en la ciencia; incluso antes de la crisis también ocurría”.

Dejó a un lado ese “futuro incierto” cuando encontró trabajo estable en Estados Unidos, un país en el que, “si tienes el currículum necesario, no importa que seas joven”. Lamenta que en un país como España, que invierte mucho en la formación de sus ciudadanos, se deje escapar el talento de tantos científicos que tienen que salir fuera para encontrar una salida profesional digna.

“Cuando empiezas con tu grupo de investigación en una universidad de Estados Unidos, te ofrecen una dotación inicial para adquirir equipos y contratar personal”, cuenta David Álvarez-Ponce. En su caso fueron 300.000 dólares, pero esa cantidad suele ser mucho mayor cuando los proyectos no se basan tanto en la informática.

“En España, olvídate de eso: si llegas a tener una plaza en la universidad, no te van a dar dinero para que empieces tu investigación; los fondos los tienes que conseguir tú aparte –continúa-. Aquí también el dinero lo tienes que conseguir aparte, pero al menos durante los primeros años estás cubierto y la universidad apuesta por ti”. “Pienso en EE.UU. como el país ideal para trabajar; te posiciona según valga tu trabajo. Si tú eres bueno te va ir bien aquí”, concluye.

Congreso IA

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