Salvador Puigdengolas

Recientemente reuníamos, en torno a una mesa de debate en el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de la Comunitat Valenciana, a un nutrido grupo de empresas punteras que abarcan distintos sectores estratégicos. Empresas de diferentes ámbitos de actuación como es el turismo, la movilidad, la ciberseguridad, la genómica, la industria fabril, la consultoría, los equipos humanos, las ciudades inteligentes, el tráfico o la realidad aumentada, con un objetivo: conocer cuáles son los retos y las necesidades para lograr la transformación digital de estas compañías y cómo redundará en beneficio de nuestra sociedad y nuestros profesionales. 

Pese a la diversidad de empresas y sectores, estas organizaciones concluyeron de forma clara: sólo aquellas iniciativas e innovaciones tecnológicas que tengan presente la productividad, la competitividad y el facilitar el día a día de la gestión a empresas y personas, llegarán a buen puerto. Un objetivo claro, tangible y alcanzable que como colectivo de profesionales compartimos.

Estamos en una época de cambio que genera vértigo, tanto personas como compañías, por el salto tecnológico que, por imparable, no podemos ni debemos frenar. Todo lo contrario, debemos sumergirnos en él y, por tanto, la colaboración entre tecnología, empresas y profesionales es esencial y uno de los puntos angulares que se abordaron en ese encuentro.

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Como reto para esta transformación tecnológica, los trabajadores precisan de capacitación y las empresas necesitan trabajadores formados y cualificados digitalmente ya que muchas empresas de las allí presentes reconocieron la necesidad que tienen de perfiles tecnológicos ante la carencia en el mercado laboral porque los pocos que salen de las universidades y de los ciclos de FP, enseguida son captados por el mercado laboral.

En este aspecto, salió a resaltar la profesión de Ingeniero Industrial y el papel fundamental que tenemos en la sociedad, ya que como ingeniería de formación multi e interdisciplinar, nos habilita como perfil transversal y de rápida adaptación al medio digital, siendo capaces de poner en valor conocimiento y trabajo en la construcción de oportunidades.

Otra necesidad que se dejó entrever, fue que las empresas necesitan colaboración para llevar a cabo esa inversión en innovación, bien sea a través de partners tecnológicos, institutos tecnológicos o financiación institucional. Además, necesitamos también creer en nuestras posibilidades como sociedad porque ni todas las starups tienen que estar en Sillicon Valley, ni ese es el único modelo de innovación, ni toda la tecnología tiene que salir de EE.UU o países asiáticos.

Estamos más que capacitados y tenemos grandes referentes, que nos llevan a vislumbrar ese futuro en el que la unión entre tecnología y los humanos es fundamental y nos debe dar como resultado una sociedad tecnoempática. Pero, como conclusión, debemos interiorizar que, sobre todo, debemos ser darwinistas y adaptarnos a ese reto digital para el que los Ingenieros Industriales estamos formados, puesto que contamos con capacidad de gestión de las incertidumbres, de anticipación a los retos y oportunidades, capacidad para la “inmediatez inmediata” y  capacitación en el entorno digital. Por ello, hoy más que nunca debemos adoptar el darwinismo tecnológico. 

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