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El biólogo colombiano Darío Gutiérrez en su casa-laboratorio. Foto: Manuel Darío Gutiérrez Navarro.

El biólogo colombiano Darío Gutiérrez (Bogotá, 1963) no es un científico al uso. Su lugar de trabajo es su propia casa; su habitación es su laboratorio. Y en ella estudia a los seres que más le apasionan: las arañas.

A ellas dedica su tiempo desde hace unos 40 años. Primero empezó a coleccionarlas, por curiosidad. Fue por ellas que más tarde decidió estudiar biología en la Universidad Pedagógica de Bogotá. 

Como la función biológica de estos seres es de noche, el científico optó por tenerlas cerca. Hoy vive entre 150 especies. “Las tengo en mi laboratorio-habitación que es donde analizo lo que hacen”, cuenta.

Cuando llega la época de cortejo entre las tarántulas, por ejemplo, se encierra en la tranquilidad de su habitación. Allí escucha cómo producen “una especie de vibración muy fina” que solo es posible percibir en total silencio. “Para poderlas conocer hay que vivir con ellas”, enfatiza. 

Este amante de las arañas ha acumulado unas 300 picaduras, muchas de ellas provocadas, otras, accidentales, y unas 40 de escorpiones, en los últimos 20 años. De estas últimas, Gutiérrez ha adquirido cierto grado de inmunidad, de las arañas no porque sus venenos “son muy suaves”, según él. Sin embargo, con la viuda negra, la araña violín y la bananera, algunas de las especies más peligrosas del mundo, el biólogo se mueve con cautela.

Del veneno de algunas especies, Gutiérrez destaca distintas propiedades, como el viagra natural que se extrae de la araña bananera. “Los venenos son medicamentos en potencial”, dice. Con el hilo de la araña seda de oro, ha comprobado en su propia piel también que es posible suturar heridas, ya que está hecho de colágeno, fibrinógeno, queratina y es absorbido por la piel.

Además de estudiar sus propiedades nutricionales para el ser humano —tienen calcio, fósforo, potasio y son una fuente de proteínas—, investiga la posibilidad de hacer un chaleco antibalas con su seda.

En cualquier caso, este aracnólogo combate los prejuicios que hay hacia estas. “Hay personas que piensan que cuando dormimos las arañas se nos meten por los oídos, por la nariz o por la boca y las matan. Pero estas nunca intentan entrar en nosotros, sino salir de nosotros”, explica, ya que la temperatura corporal de los humanos es muy alta para ellas.

Después de tantos años descifrando el enigma de estos seres, Gutiérrez reconoce la importancia que tienen las demás especies los humanos. “Puedes sacar provecho de ellas sin lastimarlas, no acabando con ellas”, señala. “Cuando el ser humano rompe los miedos, se acerca más a la naturaleza”, concluye.

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