Daniel Ortega: “La bioeconomía es un mar de esperanza que Europa y América Latina pueden navegar unidas”

El director del Centro de Desarrollo de Políticas Públicas en la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) no duda que la economía tiene ante sí una oportunidad única al ponerse de acuerdo en el enfoque verde, sostenible e inclusivo organismos de impacto global como el FMI, el Banco Mundial o el BID
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Europa y América Latina tienen en el tránsito hacia la nueva economía una oportunidad para encontrarse y actuar en sintonía. Así lo cree Daniel Vicente Ortega Pacheco. El ecuatoriano trabaja a fondo en la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL) como director del Centro de Desarrollo de Políticas Públicas; es experto en el análisis de las bondades naturales del país, uno de los 9 de la región considerados como biodiversos. El madrugón al que le sometemos (es un tórrido mediodía en Madrid, primerísima hora en Ecuador) y la frialdad de las pantallas no impiden que el peso de sus ideas sea casi tangible.

La situación del planeta reclama medidas urgentes y de calado (el reciente informe IPCC confirma cualquier indicio). Llega el momento de desempolvar agendas una vez la pandemia empieza a rebajar lentamente sus efectos. “La urgencia de la implementación de políticas verdes transformadoras era una realidad antes de la irrupción del COVID-19”, apunta Ortega (localizable en Linkedin y Twitter). “Lo ocurrido nos debe llevar a entender la interdependencia de los humanos con lo que nos rodea cuando concibamos la reconstrucción económica”. El experto no duda que la economía tiene ante sí una oportunidad única, “un asidero”, al ponerse de acuerdo en el enfoque verde, sostenible e inclusivo organismos de impacto global como el FMI, el Banco Mundial o el BID.

Europa + América Latina

En el nuevo tablero de juego, el Green Deal, o los requisitos de acceso a los fondos de reconstrucción europeos, muestran con nitidez la postura de la UE. La estrategia de Bruselas sale reforzada tras quedarse fuera de la batalla tecnológica liderada por EEUU y China. “Europa puede marcar el camino hacia la sostenibilidad y hacia una economía más resiliente, por ejemplo, al cambio climático. Voces disonantes explorarán el riesgo de verse aletargados en este proceso transitorio en términos de menor productividad, menor rentabilidad e incremento de costes. Son voces que hay que escuchar porque no todas las industrias tienen la misma capacidad de reinvención. Están en juego muchos puestos de trabajo”, detalla Daniel Ortega.

El acceso a los fondos de recuperación debe traducirse en inversiones potentes que, según el experto, pueden recibir un impulso extra y complementario si Europa y América Latina estrechan lazos dentro de una unión desmarcada del modus operandi habitual. “No hablamos de agregar valor a lo que haga Europa. Es algo muy distinto, que tiene que ver con vincular hubs y altos espacios de innovación entre ambas regiones para, desde la especialización, crear de manera conjunta. Soy muy crítico con la acción multilateral del clima”.

El principio del cambio

El reto por delante para que la bioeconomía gane terreno es mastodóntico.  “En todos los sectores tenemos que sustituir los combustibles fósiles haciendo uso de tecnología y conocimiento. Enverdecer la economía y dotarla de más eficiencia”. Pese a su posición privilegiada en recursos naturales, América Latina sufre, en su opinión, “un desarrollo tecnológico aún incipiente, sobre todo al hablar del escalado comercial de posibles soluciones basadas en bioeconomía”.

Es en este punto donde Daniel Ortega percibe que la complementariedad con Europa puede ser mayor. “Cuando China invierte fuera de sus fronteras es para monopolizar. Europa y América Latina tienen que dar juntas un paso adelante. En solitario, ninguna logrará una buena transición. Ahora es posible cambiar estructuras y procesos de agregación de valor; establecer nuevos canales comerciales con la bioeconomía como un mar de esperanza que navegar”.

A priori, ambos territorios ya cuentan con los mecanismos institucionales para que estos pactos fluyan. “Serán habituales las cumbres, los encuentros y el papel de organismos como la Fundación EU-LAC con recursos para sentar las bases reales del cambio”. Ante la multiplicación de iniciativas dispersas de bioeconomía, Daniel Ortega insiste en la creación de clústeres público-privados (donde también caben las universidades de ambos lados del Atlántico) escalables a buen ritmo.

Bioeconomía en Ecuador

En el análisis de su país natal, Daniel Ortega teme que el impulso de la bioeconomía se trunque en base a distintos factores. Es el caso de algunos de los gravámenes transfronterizos que impone Europa y que conviene reenfocar. En Ecuador, la biodiversidad está protegida desde todos los ámbitos, también institucionales, y el recorrido previo del país facilita la comercialización de algunos productos basados en la bioeconomía (extraídos del camarón, el cacao o las rosas).

Sin embargo, “además de la vulnerabilidad global de los ecosistemas, Ecuador necesita un impulso en I+D+i, y ajustar oferta y demanda, para que la bioecomía forme parte del consumo masivo de los hogares. Necesitamos definir una nueva agenda con Europa –Alemania, Francia o España respaldan la estrategia ecuatoriana- que defina los recursos de cada región. No nos conviene un enfoque país por país. América Latina no tiene la capacidad para emular el modelo del Green Deal europeo. Es imposible”.

El doble filo de la recuperación

“El riesgo central para la agenda de bieoconomía es que, a corto plazo, la recuperación demanda mucha energía, y no toda puede ser renovable”. Daniel Ortega lamenta que tengamos por delante tres años en los que se dispare la demanda de combustibles fósiles, pese al código rojo emitido por la comunidad científica. “Vamos para atrás, como el cangrejo”.

Ejemplo de este contrasentido son los apoyos para incrementar las explotaciones petrolíferas en Ecuador. “Se trata de inversiones de miles de millones en una industria con altas dosis de incertidumbre. No olvidemos que el verdadero negocio del petróleo está en su transporte, cuya huella de carbono es brutal”.

Optimismo

Daniel Ortega defiende que la respuesta a esta problemática debe ser global. “No podemos dejarlo en manos del mercado o acabará trastocando todo el sistema. La solución inmediata pasa por un impuesto al carbono que implique a todos los recursos fósiles y provoque que el coste social sea interiorizado. A su vez, lo recaudado sería invertido en la transición para apaciguar el actual planteamiento de reactivación económica que nos va a despedazar”.

Pese a todo, Ortega asegura que estamos en el mejor escenario para que la bioeconomía ‘rompa’. “Necesitamos los incentivos para que el aparataje global, económico y político, se convenza. Tenemos la oportunidad, la fuerza y la razón para que el cambio sea una realidad”, añade. “Europa y América Latina serán un bloque interregional que alumbre al resto del mundo”.

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