Daniel Corach, director del Servicio de Huellas Digitales Genéticas del Conicet

Daniel Corach, científico del CONICET y director del Servicio de Huellas Digitales Genéticas. Foto: gentileza del investigador.
Daniel Corach, científico del CONICET y director del Servicio de Huellas Digitales Genéticas. Foto: gentileza del investigador.

El investigador que busca evidencia científica en las huellas criminales

El investigador superior del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) Daniel Corach es el responsable de dirigir el Servicio de Huellas Digitales Genéticas (SHDG), la primera institución argentina dedicada a la biología molecular forense. También es parte del flamante programa ‘Ciencia y Justicia’ que propone establecer un nexo entre los requerimientos de la justicia y la asistencia científico-tecnológica que pueden ofrecer los centros de investigación científica pertenecientes al consejo, en los que se desarrollan tareas de potencial interés pericial.

“Hasta hace unos años la evidencia científica no era relevante: no había cuestiones académico-científicas orientadas al análisis criminal; era una deuda que teníamos y que de a poco se va saldando”, afirma Corach. En su opinión, el programa ‘Ciencia y Justicia’ propone “establecer un puente entre los requerimientos y demandas forenses y la investigación científica”

Él comenzó mirando la ciencia forense de lejos: estudió Biología como carrera de grado en la Universidad de Buenos Aires (UBA). “Yo no quería hacer esto”, admite entre risas. Se dedicó durante un tiempo a estudiar el análisis genético de roedores endémicos de América, estudio que le permitió acceder al título de doctor de la UBA en 1987. Al ingresar a la Carrera del Investigador del Conicet, decidió utilizar las mismas técnicas que aplicaba con roedores para identificar gente.

Unificación y calidad

En el año en que Corach se doctoró, en Estados Unidos comenzaba toda una tradición de entrecruzamiento de bases de datos de inteligencia para optimizar la justicia. “Hace dos años, en nuestro país, se tomó una decisión similar: la de desarrollar una base de datos de inteligencia y, a diferencia de otros países que usan el sistema norteamericano, en Argentina se optó por un desarrollo propio que yo creo que va a andar muy bien”, añade. Está en fase de lanzamiento, lo que “plantea un problema clave: que todos los laboratorios que participen aportando información a la base de datos de inteligencia manejen protocolos unificados comunes”. La red sólo será viable si se logra la homogeneización de protocolos, en caso contrario, se puede incriminar falsamente a alguien o exculpar a un criminal.

Su servicio siempre intentó adecuarse al máximo a las normas de calidad. Por eso mismo, a partir del primer caso en el que participaron en 1991, el SHDG no hizo más que crecer: no cesó de asesorar a la Justicia a través de convenios para brindar servicios de identificación basados en análisis de ADN. Corach comenzó con la casuística de todo el país. Luego fue impulsado a través del Servicio a formar al personal de laboratorios provinciales para federalizar sus laboratorios forenses.

Actualmente, el SHDG está compuesto por cuatro científicos y dos secretarias. “A lo largo de estos años llevamos a cabo investigaciones científicas, ofrecimos servicio técnicos y formación de recursos humanos –dice Corach– y en un futuro no sabemos a dónde vamos a parar: estamos buscando opciones”.

Claro que Corach ya tiene ideas para ese futuro que se vislumbra incierto: como realizar perfiles genéticos de todos los individuos que participan en las fuerzas de seguridad. “Y lograr una homogeneización metodológica entre todos los laboratorios como para que la base de datos de inteligencia pueda empezar a recibir datos compatibles y comparables –asegura-. Ahí vamos a tener una gran herramienta para contribuir al proceso de emergencia en seguridad”.

Además, este científico tiene proyectos paralelos que se abren a medida que solucionan casos. “Los datos que obtenemos en cualquier análisis permiten entender características de la estructura poblacional desde un punto de vista genético, por ejemplo. Se puede ver cuáles son las características genéticas del país, colaborando así al conocimiento etnológico tanto del país como de la región. Y si vamos más allá, te permite conocer indicadores que permiten evaluar ancestralidad, y logramos tener una herramienta adicional para correlacionar con susceptibilidades a patologías. Podemos hacer medicina transnacional usando las mismas herramientas. Podemos aportar a muchos lados con lo mismo: hacer investigación de base, resolver casos y formar gente”.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here