Lectura del Manifiesto por un Planeta más sostenible a cargo de Santiago García y Nicolás Marco Hernández

Como “una palanca clave en las transformaciones que se necesitan”. Como “agentes dinamizadores”. Y, por supuesto, como “referentes”. CRUE Universidades Españolas ha reivindicado, duran la celebración de la COP25, su papel protagonista en las acciones a desarrollar contra el cambio climático.

Su objetivo es “liderar” ese proceso de cambio, conscientes de que la formación de los jóvenes es crucial para cambiar el mundo, tal y como recogen en un comunicado leído en el día de ayer. Y lo quieren hacer facilitando la investigación, adecuando sus propias políticas institucionales, y adaptando sus planes docentes a una realidad que nos obliga a encontrar “caminos alternativos”.

Aunque el reto es “uno de los mayores que ha conocido la humanidad”, la CRUE afirma que “nunca en toda la historia ha habido tal cantidad de investigadores desarrollando proyectos conjuntos y trabajando totalmente en red”. La esperanza está, por tanto, en ese “potencial de conocimiento”.

Más compromiso

Tras la lectura del Manifiesto por un Planeta más sostenible, a cargo del presidente de Crue-Sostenibilidad y rector de la Universidad de Oviedo, Santiago García Granda, y el delegado por el Clima de la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (CREUP), Nicolás Marco Hernández Arizaghan, han subido tres profesores universitarios que han profundizado en algunos de los temas apuntados en el texto anterior.

Incluso ha habido tiempo para la crítica, ya que el primero en intervenir en el Espacio Ágora, dentro de la Zona Verde que la COP25 ha habilitado en el IFEMA, ha sido José Manuel Moreno, de la Facultad de Ciencias Ambientales y Bioquímica de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), quien ha señalado que le hubiera gustado que el comunicado hubiera sido más contundente.

José Manuel Moreno, de la UCLM.

Lo que ha pedido es que se incluya un compromiso firme relativo a que los centros universitarios serán neutrales energéticamente en unos pocos años. “Los rectores tienen que ir va más allá –se ha lamentado–. La universidad tiene que ser un auténtico laboratorio activo y permanente de sostenibilidad”.

Cambio o bloqueo

Por su parte, Mercedes Pardo Buendía, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid, ha planteado una pregunta que ya aparecía en el título de su ponencia: ¿Colapso o metamorfosis social? Con este interrogante plantea el cambio climático “no solo como un objeto de estudio”, sino también como “un agente del cambio”. 

Ese “cambio de cosmovisión de la naturaleza” también produce variaciones en la manera que tenemos de “construir el conocimiento”. Y ahí entra en juego la universidad. Estamos ante una gran institución que tiende a moverse lentamente, como los elefantes, pero que en la actualidad está obligada a “reflexionar” sobre el tema ante la emergencia climática que atravesamos.

Por último, ha intervenido el director del Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria IHCantabria, Iñigo Losada, quien ha insistido en la misma idea. En su opinión, “la universidad tiene la obligación de educar a aquellos que, como actores, se verán obligados a tomar las soluciones para afrontar el problema”.

Pero hay que tener en cuenta que “el cambio climático es un reto totalmente transversal”. No se puede afrontar de una manera unidireccional si realmente se quiere vencer. El reto es tal magnitud que requiere una “aproximación multidisciplinal”.

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