Investigadores argentinos avanzan en la sincronización de los relojes biológicos del cerebro

La doctora Fernanda Ceriani (izq.) y la doctora Lia Frenkel.
La doctora Fernanda Ceriani (izq.) y la doctora Lia Frenkel.

Científicos liderados por investigadoras del CONICET han logrado, a través de una serie de experimentos en el Instituto Leloir (FIL), establecer que un neurotransmisor, la glicina, actúa como batuta para sincronizar los distintos relojes circadianos del cerebro.

El estudio, publicado en la revista internacional Cell Reports, podría favorecer nuevos abordajes terapéuticos en el futuro para corregir el jet lag o la fatiga en personas que trabajan de noche. También se prevé mejorar la comprensión del papel de la disfunción del reloj biológico en la susceptibilidad al desarrollo de cáncer, enfermedades cardíacas, diabetes tipo II, infecciones y obesidad.

“Los resultados de nuestro trabajo son contundentes: demostramos que la glicina es crucial para mantener la coherencia de la red circadiana”, indica la directora del estudio, la doctora Fernanda Ceriani, jefa del Laboratorio de Genética del Comportamiento del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA), que depende del CONICET y de la FIL.

Junto a otros integrantes de su grupo, como los doctores Lia Frenkel (primera autora del estudio), Nara Muraro (actualmente en el Instituto Investigación en Biomedicina de Buenos Aires – CONICET-MPSP), Guillermo Bernabó y Juan Romero, Ceriani ha realizado experimentos con la mosca de la fruta o Drosophila melanogaster, muy empleada como modelo de investigación porque presenta genes, funciones biológicas y versiones básicas de muchos de los comportamientos de organismos más complejos, como los humanos.

“Logramos identificar cinco genes que están involucrados en la transmisión de información a través del neurotransmisor glicina –explica Frenkel-. Encontramos a la enzima que la produce, el transportador que la desplaza y sus receptores específicos”.

Por su parte, Ceriani indica que la desregulación del transporte o síntesis de glicina en algunas neuronas reloj ralentizó el reloj biológico de las moscas (casi en una hora) sin afectar su ritmo ni otros aspectos de su actividad motora. “Sin embargo, el bloqueo de algunos receptores de ese neurotransmisor producía un comportamiento del sueño y vigilia totalmente caótico (arrítmico)”, asegura.

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