Científicos estadounidenses atribuyen el cuello de la jirafa a cambios genéticos en proteínas

Jirafas Masai macho adultas en Tanzania (África) / Doug Cavener
Jirafas Masai macho adultas en Tanzania (África) / Doug Cavener

Un equipo internacional de científicos ha secuenciado por primera el genoma de la jirafa (Giraffa camelopardalis) y su pariente más cercano, el okapi (Okapia johnstoni). Estos dos animales presentan secuencias de genes muy parecidas porque divergieron de un ancestro común hace tan solo entre 11 y 12 millones de años, un tiempo relativamente reciente en la escala de evolución.

“La estatura de la jirafa, dominada por su largo cuello y largas patas, con una altura total que puede alcanzar los seis metros, es una proeza extraordinaria de la evolución que ha impresionado y maravillado desde hace unos 8.000 años”, explica Douglas Cavener, investigador de la Universidad Estatal de Pensilvania (Estados Unidos), que dirigió el equipo de investigación junto con Morris Agaba, del Instituto Africano Nelson Mandela para la Ciencia y la Tecnología en Tanzania (África). “Hace tanto tiempo que aparece incluso en las famosas esculturas de piedra en Dabous en la República de Níger (África)”.

Para identificar los cambios genéticos que podrían ser responsables de las características únicas de la jirafa, incluida su velocidad en carrera corta que puede alcanzar los 60 kilómetros por hora, Cavener y Agaba compararon las secuencias de genes codificantes de la jirafa y el okapi con más de 40 de otros mamíferos como la vaca, la oveja, la cabra, el camello y los seres humanos, señalan desde la Agencia Sinc.

“Los cambios evolutivos necesarios para construir la imponente estructura de la jirafa, equiparla con las modificaciones necesarias para un sprint de alta velocidad y otorgarle unas funciones cardiovasculares potentes han sido una fuente de misterio científico desde hace más de dos siglos, cuando Charles Darwin se preguntó por primera vez por sus orígenes evolutivos”, añade Cavener.

El corazón de la jirafa debe bombear sangre dos metros hacia arriba para poder proporcionar sangre a su cerebro. Esta hazaña es posible porque su corazón ha evolucionado para tener un ventrículo izquierdo inusualmente grande. Además, tiene la presión arterial dos veces más alta que otros mamíferos.

Los investigadores hallaron que varios genes que regulan el desarrollo del sistema cardiovascular o que controlan la presión arterial se encuentran entre los que muestran signos de adaptación en la jirafa. Algunos de ellos controlan tanto el desarrollo cardiovascular como el del esqueleto, lo que sugiere la intrigante posibilidad de que la estatura de la jirafa y su sistema cardiovascular evolucionaron en armonía mediante cambios en un pequeño número de genes.

“A pesar de esta estrecha relación evolutiva, el okapi se parece más a una cebra y carece de la imponente altura de la jirafa y sus impresionantes capacidades cardiovasculares. Por estas dos razones, su secuenciación la hemos utilizado para identificar algunos cambios genéticos únicos de las jirafas”, comenta el investigador de la Universidad Estatal de Pensilvania.

Al comparar los genomas de la jirafa y el okapi, han deducido que el largo cuello de la jirafa se puede atribuir a los cambios genéticos en dos conjuntos de proteínas: uno que controla la expresión génica durante el desarrollo del cuerpo y las extremidades, y otro la expresión de genes controladores de factores de crecimiento. 

Los científicos también descubrieron pistas genéticas de la evolución de su largo cuello y patas. “Sus vértebras cervicales y los huesos de las patas han evolucionado para ampliarse”, señala Cavener.

Los científicos hallaron 70 genes que mostraron signos de múltiples adaptaciones. “Estas adaptaciones incluyen sustituciones únicas de secuencias de aminoácidos que alteran la función de ciertas proteínas”, explica el científico.

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