Científicas argentinas profundizan en el conocimiento sobre la resistencia de tumores

La licenciada María Belén Federico (der.), la doctora Vanessa Gottifredi, jefa del laboratorio de Ciclo Celular y Estabilidad Genómica del Instituto Leloir, la licenciada María Belén Vallerga, primera autora del trabajo, y las doctoras Sabrina Mansilla y Agustina Bertolin.
La licenciada María Belén Federico (der.), la doctora Vanessa Gottifredi, jefa del laboratorio de Ciclo Celular y Estabilidad Genómica del Instituto Leloir, la licenciada María Belén Vallerga, primera autora del trabajo, y las doctoras Sabrina Mansilla y Agustina Bertolin.

Un trabajo realizado por varias investigadoras de la Fundación Instituto Leloir (FIL) ha arrojado nuevos conocimientos sobre los procesos que activa la célula tumoral para amplificarse aún en situaciones muy desfavorables. El estudio identifica potenciales blancos terapéuticos que, al ser inactivados, podrían aumentar la eficacia de los tratamientos oncológicos.

La doctora Vanessa Gottifredi y sus colegas se han centrado en los mecanismos en los que participa la proteína Rad51, cuya expresión o actividad excesiva se asocia a cánceres más agresivos y resistentes a la terapia, incluyendo los de ovario, próstata, colon y cerebro (gliomas malignos).

Los científicos pensaban que esa proteína podría ser un blanco terapéutico para nuevas terapias. Sin embargo, como si se tratara de un soldado respaldado por otros integrantes del batallón, la eliminación de Rad51 ha probado no ser suficiente para desarmar el escape de los tejidos malignos. Es decir, la eliminación de Rad51 entorpece pero no bloquea la replicación de ADN de las células.

“Nuestros datos, interpretados en el contexto de la investigación actual, demuestran que debemos identificar combinaciones de blancos terapéuticos que deberían ser eliminados en células tumorales para anular esa capacidad de evasión”, puntualiza Gottifredi, jefa del laboratorio de Ciclo Celular y Estabilidad Genómica de la FIL, investigadora del CONICET y ganadora de uno de los cuatro Premios Houssay otorgados este año por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Para llegar a esos resultados, las científicas aplicaron radiación ultravioleta (UV) a células humanas y de hámster para introducir lesiones en su ADN y analizar así la estrategia que utilizan para replicarse. “La plasticidad que protege a los tejidos sanos contra una excesiva muerte celular podría también ser aprovechada por las células tumorales frente a la quimioterapia”, explica la licenciada en biología María Belén Vallerga, primera autora del estudio que se publicó en la influyente revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Las autoras del estudio han utilizado una técnica que permite ver regiones de ADN recién sintetizado, “algo similar a visualizar la última hilera de un tejido a dos agujas”, afirma Gottifredi. En ausencia de Rad51, continúa, las células tumorales pueden destejer o saltar obstrucciones (daño al ADN). “Posiblemente el resultado final del tejido no es óptimo y se introducen errores, pero esto hasta podría favorecer a una célula tumoral –concluye-. Por esto concluimos que, para una óptima muerte tumoral, se necesita mucha más investigación sistemática que logre un bloqueo replicativo permanente: que descargue los puntos del tejido y no permita que las agujas lo retomen”.

En el estudio también participaron las doctoras Sabrina Mansilla y Agustina Bertolin, y la licenciada María Belén Federico, todas integrantes del laboratorio de Gottifredi.

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