Cerco al glioblastoma, el tumor cerebral más agresivo

Investigadores del Instituto de Neurociencias de Alicante descubren su talón de Aquiles

De izquierda a derecha: Salvador Martínez, Ruth Valdor, David Garcia-Bernal y José Mª Moraleda

El glioblastoma multiforme es un cáncer altamente invasivo que se caracteriza por cambios en los vasos sanguíneos cerebrales y la invasión gradual de los tejidos circundantes. Es el tumor cerebral más frecuente y de peor pronóstico. A pesar de décadas de intensa investigación, su compleja biología sigue sin entenderse del todo y los tratamientos existentes no han conseguido un incremento significativo de la supervivencia. El tratamiento incluye cirugía, radiación y quimioterapia. Pese a todo, los afectados tienen un pronóstico precario, con una supervivencia media de 7 a 8 meses, que no llega al 10% de los enfermos en 5 años.

Y es que, una sola célula de este tumor, es capaz de reproducirlo después de la cirugía. Esto, unido a su capacidad para burlar al sistema inmune, hacen que luchar contra el glioblastoma sea muy difícil. Pero la investigación básica va dando sus frutos para cercar a este devastador cáncer.

Investigadores del Instituto de Neurociencias de Alicante, centro mixto del CSIC Y la Universidad Miguel Hernández de Elche, han identificado un mecanismo hasta ahora desconocido que permite al glioblastoma, un tumor cerebral altamente invasivo, escapar del sistema inmune y seguir progresando. La investigación se ha realizado en colaboración con el Servicio de Hematología del Hospital Clínico Virgen de la Arrixaca-IMIB de la Universidad de Murcia y el Albert Einstein College of Medicine.

El hallazgo, publicado en la revista especializada Oncotarget, abre la puerta a nuevas terapias no dirigidas directamente contra el tumor, sino contra unas células denominadas pericitos, que rodean los vasos sanguíneos del cerebro y que juegan un papel crucial en la inadecuada respuesta del sistema inmune.

Pericito (azul) rodeando un capilar (rojo)

“Las células de glioblastoma actúan sobre otras que rodean los vasos sanguíneos del cerebro, denominadas pericitos, encargadas de desencadenar en condiciones normales la respuesta inmune. Esta interacción con las células malignas del glioblastoma impide a los pericitos poner en marcha la respuesta inmune. Como consecuencia, los linfocitos T destructivos se vuelven incapaces de atacar el tumor. El cerebro no detecta el glioblastoma y no puede reaccionar contra él”, explica Salvador Martínez, director del grupo de Neurobiología Experimental del Instituto de Neurociencias, que ha liderado la investigación.

Este trabajo evidencia por primera vez que es la interacción con las células tumorales la que hace que los pericitos pasen de ser supresores del tumor a promoverlo. El grupo de Salvador Martínez ha comprobado, además, que cuando bloquean la acción que ejercen las células del glioblastoma sobre los pericitos, el tumor ya no puede anular la respuesta inmune y, por tanto, es susceptible de ser destruido. Esta interferencia del glioblastoma en la función inmunosupresora de los pericitos puede representar un nuevo objetivo para el desarrollo de nuevas terapias.

De hecho, ya hay varias moléculas candidatas que pueden actuar en esa interacción. “Si logramos impedir que las células tumorales puedan interactuar con los pericitos, el sistema inmune podrá reaccionar contra el tumor y destruirlo”, destaca Salvador Martínez.

“Hemos visto que este mecanismo inmunosupresor depende de la interacción entre los receptores PD1 y PDL1. Actualmente se están haciendo ensayos clínicos con moléculas contra estos receptores. Un inconveniente es que se están administrando estas moléculas por vía intravenosa, por lo que han de atravesar la barrera hematoencefálica que aísla al cerebro y las hace menos eficaces”, aclara el doctor Martínez.

“Si en lugar de ser intravenosa, esta terapia experimental se administrara mediante una punción lumbar, para que se distribuya a través del líquido cefalorraquídeo, probablemente tendría más eficacia. Es lo que vamos a probar ahora en modelos animales. Si conseguimos demostrar en estos modelos animales de forma repetitiva que el método no es tóxico y es seguro, y la administración por punción lumbar lo es, podríamos ir a un ensayo clínico. Tenemos ilusión por llevar a cabo estos experimentos”, destaca Salvador Martínez, que dirige el Instituto de Neurociencias de Alicante.

La semana pasada, otra investigación, esta vez del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). El Grupo de Telómeros y Telomerasa, dirigido por María Blasco, daba a conocer un trabajo que lograba frenar el crecimiento del glioblastoma humano y murino en modelos de ratón bloqueando a la proteína TRF1, componente esencial de la estructura que protege a los telómeros, también conocida como shelterina (del ingles “shelterin” o estructura protectora). El trabajo, publicado en la revista Cancer Cell, describe una nueva forma de combatir este tumor cerebral, uno de los más letales y difíciles de tratar.

Dos investigaciones sin duda prometedoras para cercar este a este agresivo y escurridizo tumor.

1 Comentario

  1. Después de una intervención quirúrgica en la que le han estraido el 60% de glabicoma que posibilidades tendria de someterse a este tratamiento. Me gustaría contactar con los investigadores para ser un paciente que se ofrezca a la práctica contra la cura de este tipo de tumor. Atentamente un afectado principal de este tumor

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