Catriel Fierro: “Argentina tiene la mayor proporción de psicólogos-ciudadanos: uno cada 400 habitantes”

Premio ‘Antonio Caparrós’ de la Sociedad Española de Historia de la Psicología (SEHP)

Catriel Fierro, Premio ‘Antonio Caparrós’ de la Sociedad Española de Historia de la Psicología

A sus 26 años, Catriel Fierro se ha convertido en el argentino más joven en recibir el Premio ‘Antonio Caparrós’ otorgado por la Sociedad Española de Historia de la Psicología (SEHP). Y lo ha hecho por su trabajo titulado ‘¿Historia, teoría o epistemología? Análisis y caracterización de asignaturas y cursos de historia de la psicología en currícula universitaria de psicología de Argentina (1950-1997)’, según sus palabras, una parte “bastante pequeñita” de su doctorado.

Su objetivo es “explicar de forma histórica los procesos, sucesos y personalidades que a lo largo de 50 años de psicología universitaria en Argentina han llevado al estado actual”. La segunda parte de su investigación doctoral, que realiza en la Universidad Nacional de San Luis, es “una reconstrucción histórica desde la creación de las carreras de psicología en Argentina”, que comienza en el año 1955, hasta la actualidad

En dicha trayectoria, este becario del CONICET distingue cuatro momentos cruciales. El primer hito sería la “profesionalización de la disciplina”. Fue en la década de los 50 cuando empezaron a crearse las carreras de psicología en Argentina, lo que “marca la creación de un grupo profesional de psicólogos diplomados como tales”.

Otro jalón viene marcado por las dos últimas dictaduras militares, que provocaron la clausura de muchos estudios de psicología, la expulsión de la mayor parte de los docentes, y la persecución y desaparición forzada de ciudadanos. “La dictadura tuvo el efecto general de paralizar la vida pública en Argentina

El tercer momento clave tuvo lugar en 1983 con la recuperación de la democracia, cuando se empezó a normalizar la vida universitaria. “Los psicólogos empezaron a reunirse en congresos y asociaciones para discutir cuál era el estado actual de los planes de estudio, la actualización de los mismos, y cómo mejorar las revisiones curriculares”, afirma Fierro.

Este proceso se extiende hasta finales de la década de los 2000, cuando comenzaron los procesos de acreditación curriculares en Argentina, es decir, “que los planes de estudio tienen que empezar a ser evaluados en función de algunos estándares para que los títulos que otorgan sean válidos”.

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EL TÓPICO DEL PSICOANALISTA ARGENTINO

El análisis de los planes de estudios, un hecho bastante reciente en Argentina, sacó a la luz una serie de problemas históricos en la formación del psicólogo, muchos de los cuales permanecen desde la década de los sesenta. Por ejemplo, “la prevalencia exclusiva y excluyente del psicoanálisis”.

Exclusiva en el sentido de que es la teoría que se enseña de forma sistemática y de forma más coherente en el grueso de carreras del país –afirma este licenciado por la Universidad Nacional de Mar del Plata–. Y excluyente porque ese carácter hegemónico de la teoría lleva a que prácticamente los egresados no conozcan de forma coherente ningún otro modelo alternativo”.

Así surge el tópico del psicoanalista argentino, algo que, en su opinión, es algo “realista” que responde “a muchos factores y de diverso tipo: institucionales, teóricos e incluso sociopolíticos”. La verdad es que el país apostó por esta teoría desde el primer momento y ya en 1942, solo tres años después de la muerte de Sigmund Freud, se creó la Asociación Psicoanalítica Argentina, la primera de todo Latinoamérica.

Y de ahí salieron gran parte de los profesores que unos años después fueron docentes de las primeras promociones, por lo que se ha producido una retroalimentación desde hace décadas. Todo ello en un país con una clara inclinación por esta ciencia. “Argentina tiene la mayor proporción de psicólogos-ciudadanos: uno cada 400 habitantes”, añade.

RECICLAJE E INVESTIGACIÓN

Fierro, miembro del Grupo de Investigación ‘Historia, Enseñanza y Profesionalización de la Psicología en el Cono Sur’, también denuncia que “uno de los déficits más marcados” de esta ciencia en Argentina es que “el alumno y el egresado creen que la psicología clínica es una forma sui géneris de investigar”.

“Creo que pervive, aún hoy, en profesores, alumnos y profesionales, la idea de que uno en el consultorio realiza investigación científica o, por lo menos, que no es necesario actualizarse y producir investigación científica porque la propia práctica es un tipo de investigación”.

Y, aunque es consciente de que esta actitud es “una creencia transversal” que afecta a muchos estudiantes y profesionales argentinos, considera que “es producto de cinco o seis décadas de una psicología universitaria muy vapuleada por déficits infraestructurales”.

El último Premio ‘Antonio Caparrós’ tiene claro que un terapeuta tiene que realizar un “consumo crítico de qué se sabe hoy en el área en el que pretende ser un experto y qué ha sido refutado en la actualidad de lo que sabíamos antes”.

“De alguna forma, la práctica concreta tiende a ser vista por los profesionales como algo artesanal que depende del ojo clínico o la corazonada –continúa–. Y si bien es cierto que no hay una lógica estricta de investigación, no es menos cierto que la base de la intervención no puede ser un conjunto de corazonadas”.

Un profesional, por lo tanto, no puede concebirse desgajado de su comunidad científica. Y la forma en la que uno establece lazos con esa comunidad es precisamente la formación continúa.

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