Carlos Serrano, director de Estrategia Digital de la FNPI (Colombia)

“Nunca llegaremos a la meta, y menos en periodismo, pero hay que ensuciarse las botas”

Carlos Serrano, director de Estrategia Digital en la FNPI
Carlos Serrano, director de Estrategia Digital en la FNPI

En 1995, Gabriel García Márquez y un grupo cercano al periodista y escritor ponían en marcha en Cartagena de Indias la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que en una acepción más larga, incorpora el nombre del propio Gabo, quien la presidió hasta su muerte en 2014. Concebida como un espacio de reflexión y de intercambio de experiencias entre periodistas, lo que empezó como la organización de talleres y seminarios temáticos ha crecido en influencia y músculo en todo el continente y sus redes se extienden a España. Hoy, la FNPI ha evolucionado, ha incorporado las posibilidades de las nuevas tecnologías, el potencial de las redes sociales y, sin perder el espíritu que impulsó su creación, está en disposición de organizar y de acoger eventos masivos como el Festival de Periodismo Gabriel García Márquez, que reúne a miles de personas cada año, así como debates presenciales y online sobre todos los aspectos que afectan a un oficio descrito por Gabo como “el más bonito del mundo”. Recién llegado en viaje exprés y agotador desde Colombia, nos encontramos en Burgos con Carlos Serrano (@CarliSerrano), director de Estrategia Digital de la Fundación, que con la sonrisa precede al jet-lag se muestra orgulloso de recoger en nombre de un colectivo y quizá de toda una profesión el premio ‘iRedes Categoría Institucional’ otorgado a la FNPI “por su pionera e incansable labor de formación de periodistas y comunicadores de la región”.

Gabo tenía profundas preocupaciones por las formas narrativas del periodismo, por cómo se contaban las historias y también por los motivos para contarlas, por el servicio que un periodista presta a la sociedad más allá de mostrarse como un autor; por las responsabilidades que asumimos al contar las cosas”- explica Serrano, que recuerda que estas inquietudes llevaron al autor de Cien años de soledad a reunir a algunos de sus colegas “de las más altas cualidades”, procedentes de cualquier punto del continente para organizar aquellos primeros talleres. “Todo en un ambiente de camaradería, de ‘cheveridad’, de salir a caminar y a cenar después del taller; un clima en el que quedaba patente que todos compartimos las pasiones y las frustraciones propias del oficio”.

Defensor de lo puntos de unión entre España y América Latina, Serrano asegura que al otro lado del Atlántico están viviendo “un momento muy emocionante para el oficio en el que estamos acogiendo las tecnologías digitales o las formas innovadoras de agruparse y trabajar en red, en el que buscamos nuevas maneras de contar historias”. Ante la evidencia de los problemas de libertad de expresión, de las inasumibles condiciones en las que trabajan los periodistas en México, Colombia o Venezuela, también en Centroamérica, Serrano afirma que “la situación debe cambiar y mejorar, pero aún así, y en medio de las dificultades, se hace un buen periodismo… Es la dualidad de América Latina, por un lado la emoción de narrar historias y por otro las innegables trabas. En general el ambiente es muy interesante y el contexto alentador”.  Un campo por trillar en el que las RRSS tienen una utilidad práctica redimensionada. “Los estudios demuestran que América Latina es uno de los escenarios donde hay un mayor aprovechamiento de las redes sociales. Por ejemplo en Venezuela, donde existe una censura tan fuerte, las redes han sido una manera de hacerle el quite a un sistema que no propicia el mejor periodismo. Y los móviles han permitido que personas con acceso limitado a internet puedan hacer un periodismo ‘hiperlocal’, con mensajes de texto desde sus celulares”- añade.

La FNPI se aferra a una filosofía inamovible que antepone la ética al resto de valores y cualidades teóricas del periodismo. Tras 21 años apostando por mejorar las cosas dentro y afuera de la profesión, ¿ha mejorado el panorama? “García Márquez, que era inconformista, exigente y crítico, decía que nunca llegaremos a la meta, y menos en el periodismo, un oficio que no es teórico y en el que hace falta pisar la calle y ensuciarse las botas”- apunta Serrano. “Él insistía en que por más que afloren nuevas plataformas y se sofistiquen algunas metodologías siempre hay que volver a los principios éticos y que el servicio social debe acompañar el trabajo. Si pudiera ver la situación actual se preocuparía por cómo todos estos cambios pudieran alterar la conservación de los valores esenciales del periodismo”.

Es casi imposible acabar la conversación sin tratar de dibujar al inquieto García Márquez en su apogeo como periodista trasladándolo a nuestro contexto. Gabo, que allá donde estuviera llamaba a los amigos –a Eloy Martínez en Argentina o a Joaquín Estefanía en España– para saber qué estaba pasando en un seguimiento obsesivo de la actualidad. “Hoy lo imagino pendiente del móvil, con alertas y listas de Twitter organizadas”- comenta Serrano, que recuerda que el escritor fue pionero en utilizar ordenadores Mac para escribir y precursor de Twitter. “En el 51, junto a Guillermo ‘El Mago’ Dávila crearon el Periódico Comprimido, con noticias de dos o tres líneas, y que solo duró seis días, lo que tardaron en quebrar”.

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