Españoles ‘Under35’. Carlos Sánchez, fundador de Asana Weartech

“En España, salvo sectores muy estratégicos, no hay una gran industria de la innovación”

Carlos Sánchez Asana Weartech

Los primeros pasos de Asana Weartech, un body de licra con sensores extensiométricos que miden la deformación de la espalda, se remontan a septiembre de 2013. Fue entonces cuando Carlos Sánchez, su creador, se dio cuenta de que existía una necesidad por cubrir y empezó a estudiar los problemas de deformidad de la columna. No le han faltado apoyos desde el primer momento, respaldos de entidades tan importantes como la Comunidad de Madrid o el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), pero ahora ha llegado el espaldarazo definitivo al ser elegido como uno de los diez nuevos Under35 españoles llamados a cambiar el mundo.

El premio que otorga la publicación MIT Technology Review en españaol tiene muchas ventajas, pero una de las que Carlos Sánchez más valora es la “gran repercusión pública” que tiene, lo cual permite dar a conocer el proyecto tanto a posibles inversores como al público en general. Esto también posibilita atraer nuevos talentos a su iniciativa para continuar creciendo.

El proyecto, que surgió en el marco de una iniciativa de la Comunidad de Madrid en colaboración con el MIT, se convirtió en empresa hace menos de un año. Proviene del mundo de la universidad y, por su experiencia, en España contamos con “investigación de máximo nivel” en este sector. “Creo que en España lo que falta es más I+D por el lado de las empresas”, afirma. “En los últimos tiempos se han hecho esfuerzos en la dirección de incentivar esto, pero todavía falta mucho por hacer”.

Y todo ello a pesar de que “la crisis económica ha despertado mucho el ingenio de la gente”. “Se está produciendo un cambio, como se pone de manifiesto por la proliferación de startups”, afirma para dejar claro que la innovación se produce “a pequeña escala y asumiendo grandes riesgos”. “Las grandes empresas lo tienen mucho más difícil para innovar porque tienen unas estructuras que ralentizan todo el proceso y no encuentran suficientes incentivos”, así que se limitan a comprar startups para mantenerse al día.

“En España, salvo sectores muy estratégicos, no hay una gran industria de la innovación”, pero hay una nueva generación, que Sánchez cifra en menores de 45 años, con un perfil diferente: gente muy formada, más internacionalizada, con varios idiomas y con disposición a asumir riesgos. “Hay mucho talento a bajo coste –continúa-. De esto se están dando cuenta las multinacionales y muchas se están mudando a nuestro país”.

Carlos Sánchez Asana WeartechDos velocidades
Durante más de dos años, Sánchez ha desarrollado su proyecto de manera muy lenta dentro del entorno académico. Después optó por crear una empresa sustentada en una nueva tecnología que permite un desarrollo más rápido. De hecho, ya cuentan con un primer prototipo de prueba de concepto. Será testado en 10 pacientes para tener los primeros resultados en septiembre del año que viene y espera llegar al mercado en un plazo de entre dos y tres años.

“En el mundo académico se asumen muy pocos riegos porque no hay incentivos, el incentivo es ser extremadamente riguroso y esto hace que todo vaya más despacio, aunque se avanza de un manera muy sólida –afirma este emprendedor de 34 años-. En una startup la prioridad es avanzar rápido y para ello se asumen muchos riesgos”.

“Esto se traduce en una forma totalmente diferente de operar en el día a día, y por eso puede parecer sorprendente que en cinco meses hayamos avanzado más que en dos años”, añade para explicar las diferencias entre ambos mundos. Él se siente mucho más cómodo en la estrategia de las startups, ya que se considera una persona “muy proclive a asumir riesgos”.

Respecto al campo de las prendas inteligentes, considera que todavía existen “muchas promesas por cumplir” debido a que existe un “cuello de botella” en la integración de la electrónica en el textil, en relación a aspectos claves como el elevado desgaste de la ropa o su lavado. “El camino al éxito para por soluciones ingeniosas para conseguir que la electrónica no tenga que ser cien por cien textil, sino compatible, es decir, que se pueda quitar y poner de la prenda”, añade.

Durante su etapa en el MIT, Carlos Sánchez colaboró en distintos proyectos relacionados con la tecnología que monitoriza la salud de manera ambulatoria. Por ejemplo, trabajó en desarrollo de una pulsera que medía la deshidratación con campos electromagnéticos, o en otro para monitorizar los síntomas del párkinson a través de la manera en la que la gente utiliza el teclado del teléfono móvil. Se retiró de estos trabajos para centrarse en Asana Weartech. “Cuando quieres sacar adelante una startup, los primeros años no puedes hacer más cosas que eso”, concluye.

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