Carlos Grau Mobile World Digital Barcelona emergencia digital

Vivimos en la era digital, un periodo histórico caracterizado por la innovación, el desarrollo, la transformación y el progreso. Sin embargo, no todo son oportunidades ni valores positivos asociados a esta era, la velocidad de esta revolución digital conlleva riesgos de dejar atrás a importantes sectores de la población. Nos encontramos ante una emergencia digital real que no podemos obviar.

La era digital está marcada por una revolución tecnológica cuyo vehículo son las tecnologías digitales de la información y la comunicación. Su particularidad es que conforma una interdependencia global que afecta a todos los ámbitos de la actividad humana. Su impacto no tiene una única forma puesto que depende de la influencia de los actores clave que interfieren y, sobre todo, de aquellos quienes ejercen los poderes e intereses dominantes. Se trata de una transformación que, pese a tener un enfoque inclusivo, puede provocar y de hecho provoca que algunos ciudadanos queden relegados y aislados. 

Un momento histórico que trae consigo incalculables retos pues, en esta década, estamos llamados a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la promesa de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas. Se conoce como la década de la acción porque no queda más tiempo para generar un cambio que combata las desigualdades, erradique la pobreza y reconduzca los efectos del cambio climático. En este escenario, la transformación digital juega un papel clave para la consecución de estos objetivos porque es la palanca de cambio que mueve la economía y la sociedad del siglo XXI.

La pandemia ha subrayado que existe una vulnerabilidad mundial, revelando las debilidades globales que, si bien ya existían, ahora se han agrandado generando más desequilibrios y desigualdades. La búsqueda de justicia social, igualdad y  sostenibilidad deben ser las metas de la era digital.

La denominamos emergencia digital porque muchos de estos retos tienen que ver con el acceso, uso, implementación e impacto desigual de la tecnología. Desde Mobile World Capital Barcelona, y con nuestro programa Digital Future Society, ponemos el foco en aquellos desafíos sobre los que podemos influir y aportar para encontrar soluciones a estos retos.

En primer lugar, las brechas digitales presentes incluso en las sociedades más digitalizadas, como es el caso de España. Se trata de un complejo reto social que implica un acceso, uso, impacto y conocimiento desigual de la tecnología por parte de distintos colectivos, esencialmente aquellos más vulnerables. Brechas que se incrementan por motivos económicos, por edad, por género, por discapacidad, por educación, por ubicación, y por competencias y comprensión.

En segundo lugar, las nuevas formas de empleo de las plataformas digitales ponen de manifiesto que los actuales marcos regulatorios laborales y de protección social están diseñados para formas tradicionales de empleo. Una vez más la legislación va muy por detrás de la realidad, el empleo atípico va a seguir aumentando y se trata de una oportunidad, tanto para sector público como el privado y en especial para los trabajadores, para formalizar relaciones laborales y balancear riesgos y responsabilidades de manera más equitativa.

Asimismo, la reducción de la huella ambiental con un uso más eficaz de las nuevas tecnologías y la importancia de garantizar la seguridad y la ética en el tratamiento y uso de datos, son otras problemáticas existentes que debemos abordar de forma prioritaria.

Para reducir las discriminaciones de la emergencia digital, la solución pasa por fortalecer las sociedadesy empoderar a los ciudadanos. Al tratarse de desafíos globales se requieren enfoques transversales y multiestratégicos, más allá de las estrategias únicas, y la solución debe centrarse en el colectivo en riesgo de quedar relegando.

Por otra parte, la cooperacióny colaboración entre todos los actores y grupos de interés es la respuesta más eficaz para hacer frente a la complejidad y dimensión de dichos desafíos, esto implica al sector público (administraciones, gobiernos, legisladores), sector privado (corporaciones, empresas, plataformas) y sociedad civil (organizaciones, ciudadanos). En este sentido, la regulación es necesaria para aquellos fenómenos en los que no existe un marco legislativo y una seguridad jurídica que los ampare, como es el caso del futuro del trabajo de las plataformas digitales.

Entre las recomendaciones para enfrentar las complejidades de la era digital, destaca promover acuerdos globales y sistemas de gobernanza internacional que definan derechos y protecciones básicas, además de fomentar la investigación y la comprensión más profunda de los fenómenos y problemáticas desde diferentes puntos de vista.

El empoderamiento ciudadano mediante la formación en competencias digitales también es crucial para generar confianza digital en la ciudadanía y salvar las desigualdades que impiden un crecimiento equitativo. La tecnología debe ponerse al servicio del ciudadano y, en este sentido, debemos aprovecharla como herramienta fundamental para el cambio, como palanca para reducir desigualdades y cimentar una era digital más inclusiva.

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